El Yo Superior

El Yo Superior no siempre desempeña el papel de un testigo. Su presencia hace posible los movimientos
y actividades del hombre. No es sólo el oculto observador, sino además, en virtud de ser una función de la Mente Universal, la regla interior de la persona. Así se establece el karma de la siguiente encarnación,
antes del nacimiento, puesto que contiene todas las posibilidades kármicas del pasado, y constituye por esto el agente actualizador que traslada esas posibilidades, al tiempo y al espacio para que se produzca su evolución. En momentos críticos de la vida personal, pueden producirse acontecimientos inesperados que inducen a tomar una decisión con urgencia. Como resultado el hombre es guiado super racionalmente
o milagrosamente protegido.

El Yo Superior representa la consciencia más elevada de todo ser humano. El grado de evolución de la consciencia cognoscente del hombre, revela el grado en que puede oír esa voz. Si la resistencia del hombre es tenaz debido a sus preocupaciones de diversa índole y no se relaja por un solo momento durante la vigilia, el Yo Superior puede entregar su mensaje o advertencia durante el sueño. En tal caso la persona recibirá la comunicación en su mente consciente, después de un sueño sin sueños, en el filo del despertar o a través de un sueño que puede ser o no simbólico. Es muy importante reparar en las ideas que surgen durante cualquier momento de exaltación mental, procurando no perder su profundo significado.

Como la Gracia llega en forma inesperada, debemos prepararnos para recoger sus frutos, esto debe realizarse, sin hacer planes, ni luchas para obtenerla. La intervención del Yo Superior en la vida personal, produce una exaltación muy intensa, que sacudirá del letargo en que vive sumida la persona, los pensamientos, sentimientos, deseos y voluntad se ven afectados. Pero, a veces, ese ser privilegiado, vuelve a su antiguo punto de vista mediante la racionalización, producto de la incomprensión que no le deja ver por más tiempo la verdad con su certidumbre. Debemos tratar de saber reconocer estas excepcionales experiencias y oportunidades y valorarlas en su real dimensión.

El hombre espiritual debe, con absoluta seguridad, aceptar o negar su fe que el Yo Superior realmente existe, y que su realización es el fin de su encarnación. Ningún llamado persistente y sincero cae en el vacío, siempre es escuchado, debe surgir no sólo de los pensamientos, sino además de los actos. El Yo Superior no puede separarse del karma cósmico, pero está sujeto a la acción de la causalidad personal, aunque no está sometido a la personalidad, el cambio, la relatividad. El hecho de que la causalidad personal, no siga en el plano más profundo de la existencia, posibilita en la vida humana, la aparición de la Gracia.

Las fuerzas kármicas impersonales, que gobiernan el universo siguen siendo poderosas, sólo que debemos completar el círculo comprendiendo que la verdad acerca de la vida humana, tiene lugar suficiente como para incluir las ataduras del karma y la libertad de aquello que da origen al karma. Nuestros fines espirituales o físicos, los logramos no sólo por mérito propio, sino también por la Gracia.

La plegaria puede ser efectiva, si previamente hay arrepentimiento y reparación, pueden ser factores que afecten al karma y hacerlo más favorable. El Dios a quien el hombre ruega habita en su propio corazón. La mejor manera de luchar contra el principio del karma, cuando está ejerciendo una presión dolorosa, no es rogar, sino cambiar los propios pensamientos. Cuanto más pueda el hombre cambiar la tendencia general
de sus ideas, mejor se vuelve el exterior.

Existimos más allá de la muerte, ya sea en la etapa onírica que caracteriza el primer momento de la muerte, ya sea en la forma de un dormir profundo que finaliza el proceso de morir o bien en una nueva reencarnación, que completa el ciclo total de la personalidad. Estas etapas no son lo mismo que la verdadera eternidad, la cual sólo puede obtenerse superando la personalidad transitoria. Metafísicamente es imposible concebir a la eternidad como una continuación perpetua del yo personal. Todo lo que tiene un principio tiene un fin, es una ley inexorable de la Naturaleza.

Para la metafísica la inmortalidad es un modo de consciencia, lo cual es cualitativo. Su valor radica en nosotros, no en el tiempo. No existe posibilidad de liberación del sufrimiento, en ninguna parte del universo, mientras no se produzca la liberación del ego. La vida interior es el propósito final de la existencia. En algún momento, el hombre tiene una percepción inconsciente del hecho de que la existencia humana “ciertamente” posee algo de sí misma que resulta incólume a los acontecimientos del tiempo y que, por lo tanto, es auténticamente eterno, algo que permanece aparte de todas las vicisitudes que acompañan a la carne y al yo. La esencia mental es el verdadero cimiento sobre el cual se ha construido la estructura total de este “Yo”, que jamás ha nacido y en consecuencia jamás muere.

Este enfoque de la inmortalidad, como algo perteneciente a la individualidad superior del yo más elevado, más bien que a la personalidad inferior, reemplazaría al concepto anterior, destinado en última instancia a sufrir la angustia del deseo frustrado, en tanto, el enfoque verdadero sumerge al hombre en una paz que va en aumento a medida que mejor comprende esta verdad.

Esta verdadera inmortalidad puede alcanzarse sólo a través del Yo Superior, porque éste no deriva su vida de otro principio. Tiene vida propia. Es inmortal porque es parte de la Mente Universal, por lo tanto está liberado de algún cambio. La Mente no es ubicable en la consciencia personal, pero hay un instante en la percepción espacio-temporal, un punto en que la consciencia personal se reúne con Ella. Para la mayor parte de las experiencias místicas, dicho punto es percibido “primeramente” dentro del corazón, (Chakra Anahata).

La Mente Universal no puede confinarse dentro de una percepción tan limitada. La experiencia mística, con posterioridad, supera este centro, para terminar separando la consciencia de cualquier implicancia espacio-temporal. Este místico punto de encuentro, el Yo Superior, representa la máxima posibilidad de que el yo finito, pueda conscientemente compartir la existencia última. La diferencia entre la Mente Universal y el Yo Superior es sólo de alcance y de grado, no de índole, porque están formados de la misma
sustancia.

Nosotros podemos ascender hacia la máxima altura de este Yo, no más allá. Nuestra vida personal es una fase de la vida del Yo Superior, y la existencia de éste es una fase de la Mente Universal. Esta cadena de relaciones favorece que el yo inferior tenga un eterno parentesco con el Cosmos. El hombre puede tener consciencia de ese parentesco, pero no puede trascender la relación misma. Todo Yo Superior existe en la Mente, de la misma manera que los pensamientos existen en una misma y única mente humana. Cada Yo Superior es “en sí mismo” igual a otro. La diferencia es de relación y no de índole, porque cada uno guarda una relación particular con los ciclos de personalidades reencarnadas.

La experiencia que un hombre tiene cuando alcanza la consciencia del Yo Superior, es absolutamente idéntica a la de todos los hombres que lleguen a la misma experiencia. El Yo Superior es la capa más profunda de la mente, con la cual el hombre puede adquirir consciencia de Dios. Es la inmanencia sin tiempo y espacio del ser universal en un centro particular. Los seres humanos poseen rasgos propios de personalidad que los diferencian entre sí, son diferencias transitorias que los dividen, mientras no vivan en el Yo Superior. La memoria de las características esenciales de todas las reencarnaciones anteriormente relacionadas, se registra y conserva dentro del Yo Superior.

El cuerpo proporciona el “campo” de la experiencia; el pensamiento y el sentimiento dan los “medios” de la experiencia, mientras que el Ser Superior es el supremo ser experimental del hombre, el “Verbo hecho carne”. La consciencia original del Yo Superior es única e indiferenciada. El ego puede adquirir la experiencia de su identidad, perdiendo la consciencia del principio único y universal que subyace su propia existencia. El Yo Superior infinito debe descender de su propia unidad trascendente en forma de seres separados, reduciéndose para establecer relaciones con dichos seres. Cuando el Yo Superior se limita y diferencia para adquirir auto consciencia, la parte de sí mismo así limitada y vuelta finita, olvida su índole infinita. Esta es la razón por la que casi todas las criaturas de este mundo espacio-temporal, han olvidado su origen divino, sin saber que en ningún momento han estado separados de él.

Ramana Maharshi explica lo siguiente; “yo soy esto, yo soy eso, es el ego. El ego es transitorio. Cuando al Yo se lo considera solamente como el “Yo” es el Yo. Cuando escapa por la tangente y dice “esto” entonces es ego. El Yo es Dios. Yo Soy, es Dios. A Dios no se lo puede engañar con genuflexiones, ni posternaciones. El ve si la individualidad está allí o no”.

“El ego desaparece en quienquiera que investigue el origen del pensamiento del “Yo”. La esencia de nuestra mente, es solamente percepción consciente o consciencia. Sin embargo, cuando el ego la domina, funciona como la facultad racional, pensante y perceptiva. La Mente Cósmica, al no ser limitada por el ego, no tiene nada separado de sí misma, por lo tanto es solamente consciente. Eso es lo que en la Biblia significa. “Yo soy el que Soy.”

Él Yo puro es la Realidad: La Existencia, Consciencia y Bienaventuranza, Sat-Chit-Ananda. Cuando se olvida Eso, se dejan ver todas las aflicciones y cuando a Eso se lo mantiene firme, las aflicciones no afectan a la persona. El Yo, está más allá después de desechar todo lo que es no-yo. Para conocerlo hay que trascender el plano de la relatividad. Un ser separado (el yo) parece conocer algo aparte de sí mismo, (el no yo), o sea, el sujeto es consciente del objeto. Debe existir una unidad subyacente en estos dos estados la cual surge como “ego”. Este ego es la naturaleza de Chit ; Achit (el objeto insensible) es sólo la negación de Chit. Por lo tanto, la esencia subyacente es afín al sujeto, no al objeto. Buscando al que ve, desaparece lo que ve, el que se sutilizará cada vez más, hasta que sólo sobreviva el que ve absoluto. Este proceso se llama “la desaparición del mundo objetivo”

La eliminación de lo visto, significa la eliminación de las entidades separadas del sujeto y del objeto. Lo visto, incluso el ego, es el objeto. Lo Real sobrevive eliminando lo irreal”


“Dios ha creado el dolor y la pena
para que por contraste
se pueda conocer la alegría,
Las cosas ocultas se hacen manifiestas
mediante sus opuestos,
como Dios no tiene opuestos
El permanece oculto.”
Rumi

Porqué sufre el ego?

El bien y el mal son concepciones relativas. Desde el punto de vista de la Mente Universal nada es inútil
o innecesario. La permanencia del ego en el mundo, extraerá en el curso de una gradual evolución, todas las posibilidades latentes en la vida. Cuando el ego alcance su auto comprensión y sienta su pristísima unidad con los demás, la lucha finaliza. La evolución cósmica purificará y ennoblecerá a toda la humanidad, a través de la enseñanza kármica y los continuos nacimientos, aunque para que esto ocurra tengan que pasar millones de años.

El ego comete errores respecto de sí mismo y de los demás, porque su auto conocimiento es limitado y su comprensión del mundo es incompleta. Debido a esas características, aplica erróneamente sus energías, orienta mal sus sentimientos y pervierte su voluntad debido a la ignorancia. Cuando el hombre se separa
de su Yo Superior nace el mal, es por eso que una cura a su sufrimiento es una reintegración a esa Fuente eterna.

El hombre busca olvidarse de sí mismo a través de sus distracciones, tiene necesidad de llenar su vacío interior. Durante sus sucesivas reencarnaciones manifiesta a través de sus actos y pensamientos, lo alienado que está de la armonía con sus verdaderas metas vitales. Busca la fama, el amor o la riqueza, cuando lo que realmente necesita es la Realidad de una riqueza que jamás puede perderse y de un amor transformado en algo más especial y noble: compasión Para llegar a esta culminación, antes tendrá consciencia de la transitoriedad de la existencia externa con todas sus espinas, así sufre una crisis, lo
cual significa que un alma más ha comenzado a buscar al Yo Superior.

Más en Ramana Maharshi
Nuestra idea del mundo.

Si un hombre piensa que la felicidad se debe a causas externas y a lo...

Origen de los sueños

Desde el punto de vista del sueño, se puede deducir que el espacio mismo debe...

Cerrar