Sin ninguna duda, es la física quien aprovechará mejor el nuevo conocimiento del universo. Pero hay también otras disciplinas que también deberían beneficiarse de esta nueva física como la medicina y la psicología.

La nueva medicina

No hay duda que la medicina haría gran uso del hecho que se reconozca que la materia está individualmente dotada de una memoria, cualquiera sea la región del cuerpo involucrada.

La enfermedad, como desequilibrio del cuerpo -y de la psiquis- puede ser tratada entonces restableciendo ese equilibrio al nivel de la memoria de las partículas. Esto significaría necesitar menos productos químicos y menos cirugía. Pero sólo un estudio minucioso podría permitir el acceso a estas nuevas direcciones y su aplicación conveniente.

Estas nuevas investigaciones podrían dirigirse también hacia la reproducción. Los mecanismos de la genética están ligados, sin duda alguna, a la memoria de la materia. El hecho de que un organismo viviente disponga en su cuerpo y en su espíritu de una memoria común, es decir, de un “saber-hacer” que pilotea el comportamiento total del organismo, me parece una idea importante, que se tendrá ciertamente en cuenta.

Además de la reproducción se podría considerar la alimentación. El organismo es capaz de otorgar a la materia de la que se alimenta la memoria común que pertenece al conjunto del organismo, asimilando a la vez la que aportan los materiales exteriores utilizados como alimentos. Ellos también tienen una memoria, aunque sea débil. Esto sugiere que es importante elegir bien lo que comemos, pues ello nos transforma tal vez más de lo que hemos creído hasta ahora. Sólo estudios minuciosos podrán responder científicamente a estos interrogantes.

 

 

La nueva psicología

Es casi banal pronosticar que la ciencia de la psicología tiene mucho que ganar con el conocimiento de la memoria de la psicomateria. A menudo se ha considerado a la psicología como una ciencia a medias, bajo el pretexto que la ciencia objetiva sólo trata con hechos observables y repetitivos. En cambio la psicología trata con hechos no repetitivos y, a menudo, no observables.

He aquí cuatro referentes que serán sin duda futuros vectores de investigación:

a) El yo y el Sí o Ser.

La partícula individual, igual que el organismo viviente más complejo, está ligada a cada instante al conjunto del universo, es decir, al Todo. Es lo que llamaríamos el Sí o el Ser. El organismo, como la partícula individual, es también un universo interior personal que forma el yo. Somos entonces, a la vez, un yo tributario de su cultura, de sus presuposiciones, un yo que construye este universo personal -y en parte artificial por ser personal- y somos también un Sí solidario del gran universo cosmológico al cual, lo queramos o no, pertenecemos igualmente. Se concibe que el yo y el Ser entrarán en competencia, y que la ciencia psicológica podría desempeñar un gran papel al tratar de desanudar este tipo de conflicto, si él sobreviene.

Será necesario evitar, en el curso de los estudios psicológicos que podamos hacer en el futuro, los graves contrasentidos siguientes: No se debe considerar al yo como una entidad fijada en el espacio y el tiempo. El yo está siempre imbricado en estructuras espaciales en evolución, que no sólo hacen a ese yo solidario de la totalidad del universo -rol del Sí- sino además le impiden disociarse de la realidad exterior que lo rodea, así como de los otros yoes, lo que junto con el tiempo conforma lo que se llama la cultura del yo. Esto es verdad para todos los organismos vivientes, y no sólo para los humanos. Viven en simbiosis con su entorno en el espacio y en el tiempo. Esto conducirá a la nueva psicología a socavar los conceptos de lenguaje innato y lenguaje adquirido, lo mismo que el “saber-hacer” que de ellos se deriva.

Será necesario también explicitar el concepto de yo distinguido; el primero en participar en la creación del organismo viviente, que desempeñará durante toda la vida de ese organismo el rol de director de orquesta, que no se separará de él hasta su muerte corporal, para después subsistir, en situación de espera en el espacio cósmico, antes de crear otra vida u organismo. Es ese yo distinguido tan importante para el organismo lo que tradicionalmente se llama el alma? Es una pregunta fundamental a la cual se podrá responder un día con cierta seguridad.

b) La razón y la intuición:

Pienso que el definir lo que hasta ahora ha sido llamado razón e intuición, va a beneficiar largamente esos esclarecimientos que nos aportarán un mejor conocimiento de la psicomateria, y en particular el hecho que cada uno de nosotros es al mismo tiempo una persona -yo, universo interior- y el Todo, Sí o Ser, universo cosmológico colectivo. Se debe tomar consciencia del hecho que se ha sobreestimado la razón, que tiene sus límites y que no da -en todo caso- respuestas absolutas, y subestimado la intuición, que es por definición absoluta pero silenciosa, incomunicable, personal.

Se debe dejar un mayor espacio al pensamiento paradojal, el más alto logro de la razón y el camino de acceso a la intuición. Tal vez podamos ser capaces de decir -como lo hacen los sabios orientales- que algo puede ser al mismo tiempo lo que es y su contrario.

c) El querer y el no-querer,

Nosotros disponemos de una doble visión desde el nivel de la partícula individual: de una parte la que nos hace conocer a cada instante nuestro universo cosmológico exterior, y, de otra, la que nos hace conocer, también a cada instante, nuestro universo personal interior llamado mente o memoria.

Estas visiones son acompañadas -en la partícula individual y en el organismo- de un cierto comportamiento. Tenemos la libertad de escoger entre varios comportamientos posibles. Las probabilidades deducidas de nuestra visión del Todo -el real cosmológico- se llama el “no-querer”. Es la totalidad del universo cosmológico que escoge nuestro comportamiento. Nosotros somos piloteados por él en forma involuntaria. En aquella visión, que explora a cada instante el estado de nuestra mente o memoria personal, hay la posibilidad de tal o cual comportamiento que depende del contenido de nuestra memoria, lo que llamamos nuestro querer porque es voluntario. El no-querer- nos da el encuadre de nuestra conducta autorizada por el conjunto del universo, en tanto que nuestro querer precisa dentro de ese encuadre qué comportamiento vamos finalmente a escoger, de manera probabilística.

Aquí tenemos un bello ejemplo del pensamiento paradojal: somos en cada instante libres de escoger lo que los otros nos conducen a elegir. Como decía Schopenhauer El hombre puede hacer todo lo que quiera, pero no puede decidir todo lo que él quiere.

d) El cuerpo mortal y el cuerpo de luz:

Hemos señalado el hecho que nuestro espíritu pareciera ser un elemento eterno, pues no puede disgregarse en el espacio de lo imaginario donde está localizado. En cambio nuestro cuerpo, que es la parte puramente material del organismo viviente, se deshace en sus partículas constitutivas al momento de la muerte del organismo, siendo, en consecuencia, mortal.

Según esta tesis, estaríamos dotados de un espíritu eterno y de un cuerpo mortal. Ésto sería verdadero para toda clase de organismos, ya sea éste vegetal, animal, humano o aún mineral.

Totalidad

Nosotros hemos insistido en que espíritu, mente y materia forman una entidad única, una sola partícula de psicomateria, cuando se considera la estructura más simple y que ella no podría existir como un cuerpo sin espíritu o un espíritu sin cuerpo. Hemos visto que el organismo viviente es un conjunto de miles de millones de partículas individuales de psicomateria, y que ese conjunto está constituido de elementos que tienen una memoria común, pudiendo considerarse como una sola enorme partícula de psicomateria. A la vez, hemos visto que el cuerpo de carne y de sangre se deshace a la muerte del organismo y se disgrega finalmente en innumerables partículas de psicomateria que se dispersan por todo el universo. Existe entonces un cuerpo eterno que lleva en su espíritu también eterno la memoria de todo lo vivido en cuanto organismo, siendo esta memoria compartida por cada una de las partículas de psicomateria que han formado parte de ése cuerpo, y que están ahora repartidas por la totalidad del cosmos.

No importa que tales partículas estén muy alejadas las unas de las otras. Cada una dispone de una onda psi que le permite a cada instante percibir y fusionarse con la totalidad del cosmos. Es una especie de cuerpo de luz que acompaña al espíritu eterno, un cuerpo de luz igualmente eterno y disperso en la totalidad del cosmos.

Esta conclusión debería ser objeto de estudio en la nueva psicología. El espíritu, el alma y el cuerpo de luz participarían juntos en la aventura de la persona en el conjunto del universo, en el espacio y en el tiempo. Sin duda esta conclusión nos ha sido intuitivamente anunciada por la mayor parte de las religiones; pero sería excelente que estuviera por fin en armonía con nuestro saber científico. No tanto para disipar de una vez el misterio de la muerte. Este misterio subsistirá siempre como la más bella maravilla de la vida.

Jean Charon.

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Question de.- N 76
Editions Retz
París.

Más Información:
Charón, Jean E.- Tiempo, Espacio, Hombre.- Kairós

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