Tercera Etapa:
En la tercera etapa la polarización se transfiere al cuerpo mental. Históricamente corresponde a la raza aria. Es un período más largo que los anteriores. En él, el hombre va controlando su cuerpo físico y construye en cada vida uno mejor. Su cuerpo emocional vibra con deseos más refinados y su cuerpo mental aspira al conocimiento (ser dividido). Primero, su interés va hacia temas utilitarios (influencias A) y después hacia otros más nutrientes de su esencia (influencias B). Simbólicamente corresponde a la adolescencia y primera juventud, de los 14 a los 28 años.

La unidad mental despierta en el cuerpo causal y puede verse como otro diminuto punto de luz. Entre los tres empiezan a delinearse, débilmente al comienzo, trazos luminosos que los unen, formando un triángulo.

A medida que el hombre progresa en su evolución, el triángulo se va haciendo cada vez más brillante, hasta dejar de parecer un triángulo y transformarse en una luz irradiante. Entre tanto, el cuerpo causal ha ido absorbiendo todo lo bueno que haya habido en cada encarnación, lo que ha hecho que aumente progresivamente su volumen y que se vaya coloreando con todas las tonalidades de un arco iris. Es entonces cuando el Yo Superior y también los Instructores empiezan a interesarse por el hombre evolucionante. El Yo Superior presta atención a su criatura, rara vez al principio, pero luego con mayor frecuencia, tratando de hacerlo consciente en su cerebro físico de aspiraciones y anhelos que trasciendan las pequeñas metas de su vida material. Es entonces cuando el hombre pasa a ser un Buscador y después un Aspirante. Ansía avanzar y “saber”. Sueña con algo o alguien muy superior a él. Desea ser útil en alguna forma a la Humanidad, aunque no sabe exactamente cómo.

Cuarta Etapa:
En la cuarta etapa el hombre despierta, como el hijo pródigo en un país lejano: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré…” Su personalidad se va integrando cada vez más e ingresa al Sendero de Probación. Allí empieza conscientemente a trasladar su polarización desde el yo inferior al Yo Superior hasta llegar a ser discípulo aceptado. Simbólicamente, esta etapa corresponde al período entre los 28 y 35 años, en el que el hombre asume plenamente sus responsabilidades y se descubre a sí mismo. Ve clara su meta y planifica el tipo de actividad que lo llevará a ella, lo que continúa durante todo el período del discipulado. Laboriosa y cuidadosamente fuerza su atención dirigida hacia su meta. Ha comprendido que su Ser quiere expresarse a través de su triple personalidad y procura perfeccionar sus vehículos.