Los físicos distinguen al observador de la cosa observada, pero ambos son hechos del mismo material, y de algún modo estos fotones débiles están permitiendo la comunicación. Los fotones débiles actúan sobre el observador para hacerle desarrollar lo que se conoce como “consciencia de la observación”.

J.N: Esto lleva en última instancia a la pregunta de si la consciencia en sí misma es una forma de energía.

Cuando me dirijo a mi audiencia, muy frecuentemente hablamos acerca del problema mente/materia que Descartes nos legó, y digo, “Si te dijera: Deseo mover( 3) ese cenicero, lo más probable es que tú no esperarías que se moviera. Y si efectivamente se moviera, pensarías que fue un truco”. Intrínsecamente, la mente – como la definía Descartes – es totalmente incompatible con la materia, La llamaba una sustancia diferente. De manera que no hay modo de considerar una interacción entre las dos. Les digo a mis alumnos que se concentren en mover el cenicero. Y ellos tratan, realmente tratan – en California se puede creer en cualquier cosa – y entonces digo, “Está bien, yo lo voy a hacer. Miren de cerca, ahí va. Están listos? A la cuenta de tres voy a hacer este milagro: uno, dos, tres. (Lo tomo y lo muevo) Yo deseo moverlo y se mueve”. Desde el punto de vista Cartesiano este es un inexplicable milagro, sucediendo junto a los billones de segundos que vivimos.

L.B: Quedé impactada del modo en que ayer habló del “mundo ordinario” y el “mundo real.” Esto me vuelve a la interrogante surgida originalmente sobre ciencia y religión, en el sentido de que la tradición tiene al hombre viviendo en dos mundos. Me sorprendería si el físico de hoy no esté quizás volviendo a ese mismo sentido. Encuentra Ud, en sí mismo una certeza de que en realidad hay al menos dos mundos?

G.C: Quizás este es para mí el misterio central: trátar de entender cómo estos dos mundos pueden coexistir. Parecen estar tan separados.

J.N: En las tradiciones es un poco diferente. En las enseñanzas antiguas hay dos tipos de movimiento en el universo: uno es un movimiento desde lo que ellos llamarían la fuente, donde – para usar su lenguaje – una energía altamente consciente, concentrada a propósito, a la que llaman el Absoluto o el Primer Principio, se mueve inevitablemente hacia afuera y abajo. Estoy usando el lenguaje corriente; ellos usan con frecuencia el mito y el símbolo, que en sus términos funciona de modo muy semejante a como la matemática lo hace en la física. Este movimiento sale hacia afuera y hacia abajo, difundiéndose, dispersándose hacia el exterior y alejándose de su fuente. Pierde energía en un cierto sentido del término. Hay otro movimiento, de retorno: de vuelta a la concentración, a la simplicidad. El retorno a la fuente. De modo que hay un principio de expansión y un principio evolutivo de regreso. Estas dos corrientes de involución hacia afuera y abajo y evolutiva de régreso y hacia arriba, interactúan de cierta manera a través de la mediación de un tercer principio. (4)