Los instintos tienen energía. Son vida en acción. Su energía es lo que los psicólogos llaman libido o energía psíquica. A medida que el ego halla su camino en el mundo de la familia y la sociedad, encuentra condiciones que desafían la expresión de la libido. Trata de adaptarse a estas condiciones, y al hacerlo, a menudo tiene que reprimir la energía instintiva. Como resultado, se generan conflictos. Los conflictos y represiones repetidos causan tensión, rigidez y congestión en las estructuras en crecimiento de la consciencia. Estos son lo que los psicólogos llaman “complejos”, y éstos, a su vez, condicionan la adaptación futura del ego a nuevas experiencias durante la adolescencia y a través de la juventud. Cuando pierde su espontaneidad y flexibilidad, el ego se inmoviliza, cristaliza y embaraza con mecanismos de defensa -como una tortuga dentro de su caparazón- o desarrolla unilaterales mecanismos agresivos de ataque -como un tigre o una serpiente de cascabel-. Si se halla ante un fuerte shock, el ego se convierte en la víctima de sus propios mecanismos inflexibles. Se desarrollan neurosis que conducen a estados y enfermedades patológicos.

A fin de curar estos desórdenes, el psicoterapeuta deberá hallar sus causas originales. Deberá “reducir” las cristalizaciones o “complejos” del ego y poner en libertad la energía psíquica que ellos desviaran y estancaran. Este es un género de “cirugía del alma” o psico-osteopatía; y esto es lo que intentó Freud. El psicoanálisis freudiano es esencialmente una técnica psico-quirúrgica-. Emplea el análisis onírico como un medio para poner al descubierto síntomas ocultos. Fuerza al ego hacia atrás, haciéndolo ingresar en el estado liminar de la consciencia emergente (consciencia infantil) y ayuda a que la persona haga lo que no logró hacer en su infancia.

No tenemos aquí espacio suficiente como para estudiar minuciosamente la técnica freudiana. Sólo he aislado algunos rasgos básicos de aquella, rasgos que se simbolizan muy notablemente en el mapa natal de Freud. El mapa ilustra gráficamente el descenso de Freud en las profundidades de la psique -¡escalpelo en mano!-. Por supuesto, el escalpelo es Marte, símbolo del acero y de las herramientas cortantes -Marte que se halla al pie mismo del mapa de Freud, y que “se mueve hacia atrás”-. hablando en general, tal planeta retrógrado representa una función vital que se vuelve hacia adentro. Del mismo modo que el cirujano corta hacia adentro, Freud procura alcanzar el estrato más profundo del organismo para liberar lo que se retorció o congestionó, cristalizó o ulceró.

Cuando un “complejo” la atrapa y se aferra de ella, la libido se vuelve destructiva. Cuando se frustran los deseos normales, se convierten en abscesos psíquicos que causan una auto-intoxicación. El Marte retrógrado de Freud está en Libra 4º, en el punto del mapa que representa a la madre (y en algunos casos, al padre). Este Marte tipifica el complejo de madre, o el complejo de Edipo, que es tan fundamental en el psicoanálisis. Libra es el signo de la consciencia social personal emergente, tal como Aries simboliza la consciencia personal emergente. Y Marte solo en el hemisferio inferior del mapa -marcando con hoyos su poder contra el de todos los otros planetas que rodean al cénit- revela una tensión formidable dentro del alma de Freud. Gráficamente, la pauta planetaria es la de un triángulo que apunta hacia abajo -¡casi un taladro!-.

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Los planetas del horizonte están todos dentro de la cuadratura formada por Neptuno-Júpiter y Luna-Saturno en Géminis. Y el Sol, en el centro del grupo, forma semi-cuadratura a Júpiter y Saturno -una pauta muy potencialmente tensa-. Saturno, en la casa que se refiere a la introspección, confinamiento, retribución o karma, sugiere que en verdad Freud asumió una carga pesada. Por otro lado, sin embargo, Saturno está en un grado simbolizado por “bancarrota” y el comienzo de una nueva vida de oportunidad. Freud era de origen judío, y de modo peculiar, su mapa natal contiene más de una sugerencia sobre el hondo pesimismo y la expiatoria voluntad de auto-sacrificio que caracteriza a la tradición espiritual judía. Sus exploraciones dentro de las profundidades del alma humana pusieron en marcha un movimiento de pensamiento que aún tiene que hallar su realización plena. Pero sus ideas agitaron también una gran cantidad de venenosa sustancia de pensamiento, liberaron muchas “toxinas” psíquicas, condujeron a muchos abusos; y todo este despertar de las profundidades se convirtió en responsabilidad espiritual de Freud. ¡Todo gran maestro deberá soportar la carga del mal uso de sus enseñanzas por parte de sus seguidores ignorantes, imprudentes o codiciosos!

Freud abrió la puerta. Sus discípulos Carl Jung y Alfred Adler dieron, separadamente, una dirección diferente al psicoanálisis. Adler -también de origen judío- representa esencialmente una tendencia opuesta a la de Freud (o sea, completándola). Jung, heredero de la profundísima tradición espiritual de la Europa germánica desde Paracelso hasta Goethe, y de la vida libre e integradora del pueblo suizo, representa una transformación básica de las implicancias y propósitos del psicoanálisis.

Freud se ocupó de cirugía del alma, Adler del bienestar social de los individuos desajustados. Jung es un tipo moderno de “Guía espiritual”; su meta, la integración cada vez más abarcante de la personalidad -de la psique humana en evolución.

 

Dane Rudhyar

 

Ref.: La Astrología y la Psique Moderna, Ed. Kier.

 

 

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