Es un hecho conocido por todos que la firma al pie de un documento legal estampada por el autor de un texto basta para certificar su autenticidad. Esto nos indica que unas pocas letras de un autógrafo cualquiera son suficientemente representativas no sólo del nombre, sino aún de la persona que lo escribió.

Si consideramos que el manuscrito es producido por el encadenamiento de movimientos de falanges, muñeca y antebrazo, llamado en su totalidad movimiento escritural, es evidente que este movimiento debe participar también de las características personales atribuidas a la escritura. En consecuencia, la escritura es el resultado concreto y permanente del movimiento gráfico personal.

En la vida cotidiana podemos reconocer a una persona por su escritura, ya que la impresión causada por ésta puede compararse a la de su rostro. Bastará una mirada a un sobre para reconocer al remitente.

Aunque a través del tiempo han aparecido diferentes modelos de caligrafía en relación a las épocas y a la cultura, podemos estar seguros de que siempre tendremos acceso al conocimiento de la personalidad del que escribe por las características personales que deja en cada línea de sus escritos.

Es cierto que la escritura cambia en el curso de largos períodos de tiempo. Nadie escribe igual a los cincuenta que a los veinte años, y a veces es posible que haya un cambio en pocos años. Al investigar estos cambios encontraremos que hay una alta frecuencia que corresponde a ciertas modificaciones de la constitución del carácter que se producen paulatinamente durante toda nuestra existencia, pero que a veces se producen abruptamente en ciertos momentos críticos de la vida interior.

La comunicación escrita u oral es una acción definida por seis aspectos. Escribir es una de las acciones humanas que muestra la propia interioridad. Hay una relación entre las acciones – incluída la de escribir –
y el desarrollo personal. Podríamos decir entonces que escribir es expresión del desarrollo de cada cual.

Aspecto psicológico:

Cada acción es expresión de la idea que puede ser llevada a cabo en forma de comunicación verbal o escrita. Cada acción personal representa la respuesta a la vivencia o experiencia de una situación provocada por motivaciones interiores o exteriores.

En la escritura los ajustes iniciales sencillos o complicados nos permiten entender el comportamiento en
la comunicación. Variados aspectos de este comportamiento humano pueden apreciarse en las características de la escritura:

l.- La rapidez de ella indica rapidez de actuar y comunicarse.
2.- La presión efectuada al escribir es reflejo de la energía que la persona pone en la comunicación.
3.- La constancia para la efectividad, pero también la coordinación mental, será visible en la escritura ligada, separada o yuxtapuesta.
4.- La forma en la que la persona quiere experimentar su comunicación quedará impresa en las uniones entre rasgos y letras.
5.- La forma de expresión firme se indica en escritura angulosa.
6.- La escritura en guirnalda nos indica una persona conciliadora, así como la reserva en las relaciones con los otros corresponde a uniones en arcos.
7.- La escritura filiforme o de dobles arcos indica facilidad para adaptarse a las situaciones.
8.- Escrituras blandas con excesivos movimientos descubren a personas cuya conducta es de escasa energía, con deficiencia en el freno adecuado y muy habladoras.

Otras escrituras demostrarán firmeza, la que se indica en un grado de mayor rigidez; cuando ésta es extrema, las formas son muy duras, hasta quebradizas. La comunicación con estas personas será obstaculizada por el comportamiento exuberante pero al mismo tiempo desconfiado. La causa será el exceso de cargas restrictivas interiores.

Es claro que los sentimientos de los estados de ánimo duraderos y actuales acompañan a la persona en cada etapa de la vivencia. Si la persona dispone de una vitalidad firme, podría vencer las cargas anímicas de cada situación. Así tendrá la posibilidad de conseguir el desahogo necesario y obtener el equilibrio interior afectivo. Este logro se verá reflejado en el ritmo de la escritura y en la integridad de los rasgos y rayas. Sin embargo, si la depresión se apodera de la persona ésta se verá dominada por el juego de los sentimientos, lo que se manifestará en las oscilaciones continuas de la escritura.

Los sentimientos cognoscitivos transmitirán a la persona la importancia de la situación y la obligarán a decidirse por un enfoque preciso. La firmeza de dicho enfoque se advertirá en la regularidad de la escritura; la irregularidad por el contrario, indicará las fluctuaciones emocionales. La constancia formal en la escritura indicará de algún modo las formas definidas del enfoque elegido y la persistencia de las ideas mismas.

En la escritura, los indicios de exaltación se verán en la altura de la letra, y los de extensión, en el ancho. También existen ciertas características en el contacto, como la tendencia a buscar al otro o a rechazarlo,
lo que se observará en los rasgos centrífugos o centrípetos, inclinación hacia la derecha o hacia la izquierda, respectivamente.

La vivencia transmite a la persona una valoración de la situación y la obligación de efectuar la decisión escogida. Para cumplir con estas exigencias, la persona hará uso de sus posibilidades para la organización y de su aprovechamiento de los medios con los que cuenta. En muchos casos las personas desean impresionar a quienes les rodean con formas que no corresponden a su ser real. Se hablará entonces de lo “llamativo”, que en la escritura se revelará por la espaciosidad, que es la distancia entre las líneas, como asimismo por la distancia interior que separa las letras. También se manifiesta en las relaciones espaciales de la altura de las letras en sus tres zonas: superior, media e inferior.

El último sentimiento de la vivencia se refiere a la persona misma; según su desarrollo y su madurez se formará una imagen de sí misma, justificada o falsa. La consciencia personal de sí mismo incluirá el equilibrio interior, el sentimiento del deber, la consciencia del esfuerzo propio, la responsabilidad y sinceridad en la comunicación y en la vida en general. En la escritura se indicará esta madurez y formalidad en el equilibrio del conjunto, en las formas insignificantes pero esenciales, en la monovalía de cada letra,
en el paralelismo mantenido y en el ritmo básico.

Una observación especial y muy importante necesitarán las rúbricas y firmas. Podemos concluir entonces que las conductas de las personas en sus comunicaciones nos permiten realmente estudiar la personalidad. La escritura es muy práctica para este objetivo ya que escribir es una acción compleja, de ejecución gradualmente automatizada, según sea el nivel que haya alcanzado la persona en su educación y su quehacer.

Las tres características básicas de la escritura son: movimiento, repartición y formación. En el estado de madurez estos tres elementos constituyen una estructura gráfica, es decir, existe una unión gestáltica de los tres elementos.

Indicaciones básicas para el análisis:

El análisis se basa en tres elementos básicos: ver, interpretar y valorar. Como regla fundamental hay que recordar que “todo es importante. Lo llamativo, muy importante; lo insignificante, esencial.”

En el análisis gráfico, lo llamativo corresponde a aquellos signos que por su formación acaparan la atención del observador. Generalmente se trata de mayúsculas u otras letras con rasgos o adornos excesivos o de tamaño desproporcionado con respecto a las demás. A menudo corresponden a formas imitadas, apropiadas, las que, por su tendencia demostrativa, son menos reveladoras que otros elementos aparentemente nimios pero muy significativos que se producen en forma automatizada o mecanizada.

Dichos elementos son los signos sobrepuestos o acentos, los puntos de las íes, la barra de la te, las uniones en el centro de las palabras, las fluctuaciones en el paralelismo y especialmente las irregularidades. Sin embargo, es necesario indicar que lo llamativo puede corresponder a lo afectivo de la persona, al deseo de producir ciertas impresiones sobre sí mismo en los demás.

Indicaciones para aprender a ver:

Se empieza por examinar lo escrito sin leerlo, sin pensar en su contenido, como un maestro de caligrafía. Algunos autores recomiendan examinarlo al revés para apreciar mejor si el escrito es ordenado y claro o descuidado.

Se observará la alineación (dirección de las líneas), los espacios verticales (distancia entre las líneas) y los espacios horizontales (distancia entre las palabras y letras). Es fundamental examinar las palabras y las letras, imitando con un lápiz la formación de las mismas para reconocer así los impulsos o inhibiciones del movimiento expresivo.

Para reconocer el ángulo de la inclinación, conviene prolongar con un lápiz los gruesos o rayas descendentes, y los perfiles o rayas ascendentes. Para observar la raya o rasgo en sí mismo, se emplea un lente de aumento de hasta seis veces. Las formas redondas y curvas se producen sin interrupción del movimiento, a diferencia de los ángulos y puntos, que significan interrupción. Debe tomarse en cuenta que las formas angulosas retardan la rapidez del movimiento.

Ahora nos referiremos a algunos aspectos de la valoración cualitativa, con el objetivo de precisar un poco más la relación entre esta acción llamada escritura y aspectos de la psicología del autor de ella.

El grado de expresión indica de alguna forma el rango de disciplina. La escritura de apariencia natural corresponde a personas de cierta modestia o autodisciplina. La estilizada o excesivamente adornada manifiesta tendencias artísticas o exhibicionistas.

El grado de legibilidad demuestra tendencia a la consideración personal para con los otros. La ilegibilidad indica impulsos excesivos y adaptación deficiente.

A menudo se observa el predominio de algún movimiento básico. Si predomina el movimiento expresivo, encontraremos una tendencia a la actuación. El movimiento de repartición muestra una tendencia hacia la organización y cierto contacto. Si predomina la formación, nos encontramos frente a alguien que se inclina
a actuar según normas definidas y personales.

Una escritura con equilibrio de masas, coherencia y cohesión corresponde a una persona con equilibrio interior. En el caso contrario, hay una deficiente compensación y, por tanto, inestabilidad psicológica.

La regularidad en la escritura corresponde a la expresión de la volición disciplinada. La rigidez escritural manifiesta las actitudes dogmáticas e intransigentes. La irregularidad es muestra de tensiones interiores muy acentuadas y deficiencia en el equilibrio anímico.

La monovalía y forma exclusiva de cada letra es expresión de la actitud personal correcta y de la responsabilidad afectiva. La deficiencia de la monovalía en general nos muestra ambivalencia, tendencia a engañar y rechazo de la responsabilidad personal.

Patricia Zárraga

Más Información:
Brünner, Walter.- La Psicología de la Comunicación de la Escritura.- Editorial Universitaria.
Gullan-Whur, M.- Manual Práctico de Grafología.- Edaf.
Klages, Ludwig.- Escritura y Carácter.- Paidós.

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