Es siempre, sin embargo, algo que debamos lamentar? Imagina que un hombre por herencia tuviera predisposición criminal, en cuyo caso puede decirse que la victoria de la sociedad es sin duda lo mejor. De hecho, sólo cuando las tendencias hereditarias son más valiosas que aquellas producto del entrenamiento, es que hay una pérdida real.

Pero cómo descubriremos cuáles son nuestras tendencias hereditarias? Ciertamente que al ser anteriores a nuestro entrenamiento social sobre impuesto, deberían ser más naturales, es decir, más cercanas a nosotros mismos. Pero cuando empezamos a pensar conscientemente acerca de ello, la voz de la herencia es ya confusa entre el barullo de voces del ambiente. Nuestras tendencias hereditarias pueden ser malas o buenas, pero si nunca hemos tenido la oportunidad de distinguirlas, no conocemos cómo son. Y en este caso no tenemos libertad para elegir, favorecerlas o restringirlas. La lucha entre nuestra biología y nuestro comportamiento social continúa inconscientemente . No somos amos en nuestra propia casa, pero sí sirvientes y víctimas.

Como un primer paso hacia la discriminación entre nuestros gustos y tendencias nativas y las adquiridas, lo mejor es comenzar con cosas pequeñas. Generalmente, cuando la gente empieza por primera vez a percibir en ellos esta doble tensión, se inclina por eliminar la evidencia. Al darse cuenta repentina de la esclavitud de su naturaleza al medio ambiente, estalla en una rebelión desenfrenada. El que toda la literatura moderna empezara con La Casa de Muñecas de Ibsen. es sólo la manifestación de las reacciones consecuentes al descubrimiento de que en cada uno de nosotros hay dos personas: una propia de la naturaleza y la herencia, y otra producto de la educación y la sociedad. Y toda la subsiguiente revuelta no es más que el intento de contrarrestar o mitigar o controlar los efectos de la sociedad sobre lo que la herencia nos ha dado. Los intentos generalmente fallan porque son demasiado ambiciosos. No es posible estar repentinamente seguro de que tu herencia es distinta de tus deseos adquiridos, y, aun teniendo el conocimiento, la fuerza de voluntad para descartar los unos en favor de la otra no siempre está disponible.