Todo sugiere, en efecto, que empecemos modestamente y con cosas pequeñas. Si aprendemos a distinguir entre ambas voces en relación con pequeñas cosas, y en alguna circunstancia donde nada serio esté involucrado, seremos pronto capaces de discriminar en asuntos más importantes. Además el desarrollar poder en pequeñas cosas nos permite adquirir poder para tratar eficazmente las grandes cosas. Nuestra gran rebelión, si tuviéramos que realizarla, ya no será caótica y destructiva, sino una revolución constitucional.

Cada día y cada momento del día nos provee de gran cantidad de material para ejercitarnos. Para empezar, deseamos descubrir lo que realmente nos gusta, no lo que nuestra flojera nos impulsa a pretender que nos gusta, tampoco lo que la conveniencia nos hace decir que nos gusta, sino las acciones, las cosas, las personas, las ocupaciones, las circunstancias, que no solamente fantaseamos que nos gustan o nos gustarían, sino que en realidad nos gustan.

Que actuemos o no según los gustos y disgustos que descubrimos en nosotros es asunto aparte, Puede ser que nuestra razón esté de acuerdo con que lo hagamos, si podemos. Pero puede ser igualmente razonable que no lo hagamos, o no inmediatamente , o con nuestra capacidad actual. Lo primero es lo primero. Y lo primero es descubrir lo que son nuestros gustos y tendencias nativas y hereditarias.

Despiertas en la mañana y te propones levantarte. Pregúntate si realmente deseas hacerlo, y sé honesto al respecto. Tomas un baño: es realmente porque quieres, o te escabullirías si pudieras? Tomas desayuno: es el desayuno que prefieres, o simplemente aquel determinado por la sociedad? Deseas, de hecho, comértelo? Vas a tu oficina o, siendo mujer, vas a hacer las tareas domésticas o sociales del día: era eso lo que querías hacer? Podrías, por tu propia libre elección, estar donde quieres estar y hacer lo que haces? Asumiendo que, por ahora, aceptas la situación general, estás específicamente haciendo lo que quieres? Hablas como te place a ti , o como le place a los otros? Ellos te gustan realmente o sólo pretendes que te gustan? Recuerda que no se trata de actuar por gustos o disgustos, sino sólo descubrir cuáles son realmente. Durante el día, cada momento te ofrece una nueva oportunidad de autocuestionamiento: Realmente quiero hacer esto, o no? En el ocio vespertino, qué te gustaría hacer realmente? Qué te entretiene de verdad: el teatro, el cine, conversar, leer, la música, los juegos, y exactamente cuáles? No se puede repetir demasiado que hacer lo que a uno le gusta vendrá más adelante. De hecho, ocurrirá por sí mismo. Lo más importante es saber qué quieres.