El doctor Zheng Rongliang, de la Universidad de Lanzhou (República Popular China), midió la energía (denominada “Qi” o “Ch’i”) irradiada del cuerpo humano mediante un detector biológico formado por la nerviación de una hoja conectado a un dispositivo de fotocuanto (aparato para medir la luz de baja intensidad). Estudió las emanaciones del campo energético de un maestro de qigong (un antiguo método chino de ejercicios para conservar la salud), así como las del campo de un vidente. El resultado de sus estudios demuestra que el sistema detector responde a la radiación en forma de impulso. La que emana de la mano del maestro de qigong es muy distinta a la del vidente.

En el Instituto Nuclear Atómico de Academia Sínica, en Shanghai, se demostró que parte de las emanaciones de fuerza vital de los maestros de qigong parece tener una onda sónica de muy baja frecuencia que se presenta como una onda portadora que fluctúa a baja frecuencia. En algunos casos, también se detectó al energía qi como flujo de micropartículas, con un tamaño de unas 60 micras de diámetro y una velocidad de unos 20-50 cm/seg.

Hace algunos años, un grupo de científicos soviéticos del Instituto de Bioinformación de A.S. Popow anunció el descubrimiento de que los organismos vivos emiten vibraciones de energía a una frecuencia  de entre 300 y 2000 nanómetros. Los científicos soviéticos denominaron a dicha energía biocampo o bioplasma. Descubrieron que las personas capaces de realizar con éxito la transferencia de bioenergía poseían un biocampo mucho más ancho y fuerte. Estos hallazgos han sido confirmados por la Academia de Ciencias Médicas de Moscú y están refrendados por las investigaciones realizadas en Inglaterra, los Países Bajos, Alemania y Polonia.

El estudio más extraordinario del aura humana que he visto fue realizado por la doctora Valerie Hunt y sus colaboradores en UCLA. En un estudio acerca de los efectos del rolf sobre el cuerpo y la psique (“A Study of Structural Neuromuscular Energy Field and Emotional Approaches”) la doctora registró la frecuencia de las señales de bajo milivoltaje emitidas por el cuerpo durante una serie de sesiones de rolf. Para registrarla utilizó electrodos elementales construidos con plata/cloruro de plata que se colocaban sobre la epidermis. Al mismo tiempo que se registraban las señales electrónicas, la reverenda Rosalyn Bruyere, del Healing Light Center (Glendale, California), observaba las auras tanto de la persona que aplicaba el rolf como de la que lo recibía. Sus comentarios fueron grabados en el mismo magnetófono que recogió los datos electrónicos. Ofreció un informe completo sobre el color, tamaño y movimientos energéticos de los chakras y de las nubes aurales que intervenían.