Siempre digo a mis alumnos: Ustedes se preocupan demasiado acerca de la iluminación. Comiencen a andar por el camino de la luz interior. Cuando ustedes transiten por el camino interior no necesitarán un instrumento de tipo científico, como un telescopio. No les serviría para ver interiormente. Este ver es un arte completamente diferente y no necesita instrumentos externos. Por supuesto, nos demoraremos en llegar a estar adentro, porque nuestra vida diaria nos enseña a estar afuera todo el tiempo.

En nuestra sociedad actual se considera próspero a un hombre que tiene éxito material y que acumula posesiones. Pero si no tiene paz mental y satisfacción, todas sus posesiones son inútiles. Necesitamos tener tranquilidad interior y equilibrio para vivir pacíficamente en el mundo. He conocido muchos gobernantes y hombres ricos, pero no he encontrado paz en ellos ni felicidad en sus vidas. La felicidad es
un síntoma de paz interior, y la paz llega a través de la tranquilidad mental.

Todas las técnicas de meditación descritas por diferentes Escrituras y enseñadas por diferentes maestros son técnicas muy resumidas. Solamente conociendo las técnicas no se puede comprender la filosofía completa que yace detrás. La meditación consiste en una correcta técnica, una profunda filosofía, un fuerte deseo de experimentar la realidad y una práctica constante. Los Padres del desierto y los sabios de los Himalayas creyeron en la meditación. Ella es necesaria para todos los seres humanos.

Los niños hindúes aprenden meditación siguiendo a sus padres. Una mujer hindú medita en sus acciones todo el día. En las afueras de cada pueblo, en la India hay un pozo donde la mujer va a sacar agua. Cada mujer coloca un cántaro con agua sobre su cabeza, se mueve, conversa, baila, pero el cántaro no cae porque ella permanece consciente de él sin importar lo que haga. Si nosotros aprendemos a hacer las cosas permaneciendo atentos al centro de realidad dentro de nosotros, a eso se le llama meditación en acción.