De ahí que la labor del alquimista se nos presente también, a poco que se penetre en su simbólica, como un proceso psíquico de curso paralelo. Explorar el contenido psicológico de la alquimia, equivale a explorar un sistema de proyecciones.

No corresponde aquí extendernos sobre los múltiples y complejísimos procedimientos técnicos de la alquimia. Digamos solamente, sintetizando, que la primera fase de la labor del adepto consiste en la purificación o destilación de los elementos que integran su materia prima, o masa confusa, como él la llama. Los opuestos se separan y, como macho y hembra, o rey y reina, se unen en una conjunción, a veces seguida por su muerte la denominada putrefacción o mortificación y luego por la resurrección carnal o espiritual en el producto de su unión.

Las fases del proceso son cuatro, designada por cuatro colores: negro, blanco, rojo y amarillo u oro. Su producto final es la piedra u oro filosofal, que reúne a los cuatro elementos y tiene el poder de transformar toda otra sustancia imperfecta. Esta piedra filosofal es la misteriosa rebis, la cosa doble, formada por la unión o conjunción de los contrarios. Recibe también el nombre de hijo de los filósofos, piedra de la indivisibilidad, elixir vital, tintura roja, y muchas otras denominaciones. A menudo se la presenta como un ser mítico andrógino o hermafrodita. (El homúnculo que tantos alquimistas procuraban crear no es más que otra representación de la piedra). Su característica invariable es la de ser una síntesis o unión de elementos opuestos, concebido como pares de contrarios: materia y forma, masculino y femenino, cuerpo y espíritu, grosero y sutil, etc. También la oposición fundamental era simbolizada por la antítesis de sol y luna, rey rojo y reina blanca, hermano y hermana, león alado y león no alado, etc. La unión se presentaba generalmente como una boda mítica conjunctio – que tenía lugar en el interior de la vasija hermética.

En síntesis, el rasgo esencial de la alquimia común a todas las teorías alquimistas, pese a sus divergencias de procedimientos y terminologías, es el ser una obra dirigida a la transformación de las substancias bajas en substancias nobles, de lo corruptible en lo incorruptible.

Durante la exploración y el análisis de los sueños sucesivos de una misma persona o de alguna otra serie de productos de la fantasía cabe observar que los símbolos e imágenes oníricos no permanecen estáticos. Cambian, evolucionan y gradualmente van desarrollando ciertos temas inconscientes (arquetipos), o se agrupan alrededor de ellos. La interpretación correcta de esos temas , sea ya por parte de su productor o por obra del analista, lleva al primero al participar en el desarrollo psíquico que recibe el nombre de proceso de individuación. Este proceso, dirigido no por el yo consciente sino por las tendencias arquetípicas e instintivas de lo inconsciente, se manifiesta como un movimiento espontáneo hacia la totalidad, integridad y diferenciación de las potencialidades innatas del individuo, es decir, como el proceso de la constitución y particularización de la esencia individual, de la conversión en el Sí-mismo.

Tal es el proceso de individuación que – afirma Jung el alquimista, según lo demuestran los textos y su simbólica, proyectó en los procesos de transformación química que habían de llevarle a la creación de la piedra filosofal. Mientras en el primero se tiende a la transformación de la personalidad mediante la mezcla y la conciliación de sus componentes bajos y altos, de la función inferior y de la función diferenciada, de lo consciente y lo inconsciente; en el segundo la regeneración de la materia ha de lograrse mediante la unión de los elementos químicos contrarios.

Esa unión de los elementos contrarios conjunctio oppositorum es generalmente representada como un ayuntamiento o matrimonio de seres o abstracciones de sexo opuesto. Has puesto juntas dos naturalezas, lo Masculino y lo Femenino, y has celebrado un matrimonio ahora esas naturalezas no forman más que un cuerpo único, que es el Andrógino o el Hermafrodita de lo Antiguos. Se efectúa así una boda química, en la cual los contrarios supremos en forma de lo masculino y lo femenino (como en el Yang y Yin chinos) son fusionados en una unidad que no contiene ya contrastes y, por lo tanto, es incorruptible. La piedra filosofal es a veces esa unidad, otras, el producto o el hijo que nace de la unión. Esta boda química no es más que un símbolo del matrimonio interior que tiene lugar durante el proceso de individuación, de la conciliación de lo contrarios que debe efectuarse dentro de la psique para que el ser humano pueda alcanzar la totalidad del ser, la integración del yo consciente del hombre con su parte femenina, el anima, o del de la mujer con su contraparte masculina, el animus. La piedra viene a ser así un símbolo de la totalidad, del Sí-mismo.

Enrique Butelman

Extractado por Farid Azael de
C. G. Jung.- La Psicología de la Transferencia.- Paidós

Más Información:
C. G. Jung.- Psicología y Alquimia.- Santiago Rueda.

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