La manipulación del embrión.
a) La fecundación in vitro:
Disponiendo de un stock de óvulos y de espermatozoides se hace muy simple obtener la fecundación en un medio sintético, eventualmente bajo control microscópico. No hay que olvidar que es así como se produce en forma natural la fecundación de numerosas especies acuáticas, sin conjunción de los individuos.

En los animales estas experiencias son fáciles. Ratones concebidos in vitro y en seguida implantados en una madre adoptiva se han desarrollado perfectamente bien.

En el hombre esta técnica ha sido aplicada con éxito durante estos últimos años. Incluso es posible el diagnóstico del sexo en un embrión de pocos días. Esto facilitaría la eliminación de embriones con probabilidad de enfermedades hereditarias ligadas al sexo, como proponen algunos. Por ejemplo, los embriones varones en el caso de una familia con hemofilia, lo que constituiría una selección eugenésica ultra precoz.

En un medio apropiado, el huevo así fecundado se divide hasta el estado de 16 a 32 células y comienza a organizarse normalmente hasta el 5 o 7 día, que es cuando el huevo se implanta en la mucosa uterina . Más allá de ese plazo, es necesario encontrar esta mucosa nutritiva, que ningún producto sintético puede reemplazar actualmente, o el nuevo ser degenera y muere en algunos días.

b) Las nodrizas uterinas:
Mediante una preparación hormonal adecuada, toda mujer en edad de procrear podría ser puesta en estado de recibir uno de estos jóvenes embriones. Esto se efectúa en forma relativamente fácil en la rata.

Teóricamente destinada a superar una imposibilidad de concepción, por bloqueo de las trompas, por ejemplo, esta implantación, después de la fecundación in vitro, está a nuestro alcance.

Esta manipulación rompe la última atadura entre el niño y aquella que lo porta. Sucede en efecto, que una mujer deseosa de tener un hijo confíe a este último, algunos días después de la fecundación – no sólo efectuada in vitro – a una nodriza uterina. Se puede, en efecto, ir a buscar la mórula en la trompa, mediante una muy pequeña incisión de la pared abdominal (celioscopía) e implantarla en seguida en una receptora preparada.

Después de nueve meses la nodriza uterina traería al mundo a un niño, que no es el suyo, y lo devolvería entonces a la madre genética (eventualmente a cambio de una retribución monetaria).

Las consecuencias afectivas serían aún más graves que las de la inseminación artificial ya evocadas.

c) La hibridación contra natura:
La barrera genética entre las especies está constituida, como se sabe, por las diferencias entre estructuras cromosómicas pero no por una incompatibilidad entre los patrimonios genéticos propiamente dichos.

De esta manera, de la burra y del caballo se produce como híbrido el mulo (o la mula si se trata de una yegua y de un burro). El híbrido es perfectamente viable y bien constituido, pero estéril. De ahí la imposibilidad de hacer pasar un gen de asno a los caballos y viceversa. Desde hace poco se sabe que la similitud de genes es muy grande entre el hombre y el chimpancé y que sus diferencias cromosómicas son tal vez menos marcadas que entre el asno y el caballo.

La tentativa de confeccionar híbridos contra natura por fecundación in vitro e implantación uterina secundaria no ha sido publicada hasta aquí. Nadie sabe a priori qué estado de desarrollo podría ser alcanzado, pero se ve que la tesis de Vercors sobre los animales desnaturalizados corre el riesgo de transformarse en materia de discusión científica, sin omitir las consideraciones filosóficas y morales implícitas no sobre el eventual resultado, sino sobre la manipulación en sí misma.

d) Los cultivos celulares híbridos:
Muy distinta es la técnica de hibridación forzada entre células comunes, es decir, no reproductoras. Ayudada por una infección viral (virus de Sendhai), la manipulación consiste en cultivar lado a lado células de dos especies diferentes. Tal como lo ha descubierto Sorieul, las células se fusionan y ponen en común sus dos lotes cromosómicos.

En el curso de generaciones sucesivas, esta descendencia es inestable y poco a poco los cromosomas de una de las especies son rechazados uno a uno (o poco menos). Los genetistas han sacado provecho de este rechazo para descubrir qué cromosoma (el 1, el 2, etc.) porta un gen determinado.

En efecto, basta con escoger al principio una descendencia humana, por ejemplo, y hacerla fusionarse con una descendencia animal portadora de un gen anormal, haciéndola incapaz de una cierta reacción química. La descendencia híbrida efectúa normalmente la reacción, pero si ella pierde el cromosoma humano portador del gen bueno, llega a ser incapaz de realizar la reacción estudiada. Basta, entonces, vigilar la evolución de la cepa, establecer que en presencia de tal cromosoma la reacción se efectúa – mientras que ésta es imposible cuando este mismo cromosoma es eliminado – para localizar el gen estudiado sobre el cromosoma que interesa.

De este modo muchas decenas de genes ha podido ser localizados, lo que representa un progreso muy importante que avanza a un ritmo acelerado desde hace unos años.

e) La manipulación de los embriones:
La conservación de embriones muy jóvenes al frío intenso no pone particulares dificultades y son posibles muchas manipulaciones, por ejemplo, cortar un embrión en varios trozos, según un proceso que recuerda el de la fabricación de verdaderos gemelos . Se obtendría de este modo camadas de 2, 4, 8 o 16 individuos estrictamente idénticos para implantarlos en nodrizas uterinas diferentes.

Hay quienes proponen la conservación de un doble del embrión bajo frío intenso, como reservorio de repuestos plenamente compatibles, para utilizarlos cuando el individuo envejeciera, o sufriera de alguna enfermedad degenerativa o destructiva de cualquier tipo, como, por ejemplo , el mal de Parkinson, como se ha sugerido.

También sería posible hacer colaborar dos o varios embriones en la creación de un solo individuo. La capacidad de regulación embrionaria es sorprendente en este estado tan precoz, y se ha podido de este modo confeccionar ratas multiparentales, con un récord de cuatro padres y cuatro madres.

Espontáneamente, existe una anomalía de este tipo en forma excepcional en nuestra especie. Ciertos enfermos, llamados hermafroditas, portan lado a lado células masculinas XY y células femeninas XX, y por este hecho están simultáneamente premunidos de caracteres masculinos y femeninos. Resultan de la colaboración de dos huevos fecundados gemelos.

Nadie sabe si la mezcla de un embrión de niño negro y uno de niño blanco daría un sujeto de color mestizo
o realizaría un tablero pigmentado , como el que se ve en la rata. Así tan incierta sería la cooperación de un embrión de atleta y de un embrión de matemático, y nadie sabe si el niño resultante acumularía las capacidades de sus dos ancestros inmediatos.

f) La multiplicación vegetativa:
Sin que el injerto o el mugrón, tan apreciados por los arboricultores, puedan ser exactamente aplicados a los organismos superiores, diversas manipulaciones permiten una multiplicación asexuada , conocida como clonación. En los anfibios, por ejemplo, desde los trabajos de Gordon y King se sabe que es posible quitar el núcleo de un huevo y reemplazarlo por el de otro. El sujeto que resulta de esto lleva los caracteres de la raza donadora del núcleo, y no de la donadora del huevo.

Supongamos que el método ya esté a punto y que el donante sea buen esposo, buen padre, bello, fuerte, inteligente y – para hacer bien las cosas – eminente biólogo especialista en crecimiento celular . De sus millares de células se podrían extraer millares de núcleos, poner cada uno de ellos en un huevo fecundado
y previamente enucleado, y por interposición de millares de nodrizas uterinas asistir al nacimiento de millares de pequeños ciudadanos, todos idénticamente bellos, fuertes, inteligentes y eminentes biólogos.

Ninguna ciencia resistiría la formidable esclerosis resultante del advenimiento de semejante cohorte. Portadores simultáneos de los títulos de nacimiento y de los dotes personales, esta hornada canalizaría en un molde único la evolución intelectual de toda una generación. El esfuerzo por el descubrimiento sería rápidamente reemplazado por un nuevo conformismo.

Qué sucedería si hubiésemos escogido tal o cual personaje histórico? Hay nombres que podrían evocarse, cuya multiplicación en millares de seres no podría ser considerada sin terror.

g) La partenogénesis:
Otro peligro, indirecto también, es aquél de la partenogénesis, fenómeno prácticamente inexistente en nuestra especie (estadísticamente hablando al menos), aunque el clásico quiste dermoide del ovario en la joven probablemente sea una forma muy inferior de este tipo de reproducción.

Como producto del determinismo cromosómico del sexo, la descendencia partenogenética estaría compuesta estrictamente por niñas.

Según si la anomalía descansa sobre la ausencia de toda reducción cromosómica o sobre la reintegración secundaria del 2 glóbulo polar, las niñas serían todas idénticas entre ellas, o al menos representarían todas las variantes posibles alrededor del tipo común llevado por su madre.

Estas manipulaciones del embrión – juzgadas con sano sentido común – no representan ningún interés para nuestra especie. La reproducción en serie presentada por Aldous Huxley en su obra Un Mundo Feliz es más una angustia que una esperanza, y la manipulación pura para ensayar , sean cuales sean los fracasos, es una tentación del espíritu de curiosidad, no un medio de conocimiento razonado.

Lo temible del asunto es que la vida humana supuestamente a salvo de tener precio, no lo está del todo en nuestros días, para algunos al menos.

La manipulación del feto
a) El feto humano, material experimental:
Desde que numerosos países civilizados han admitido que la vida de algunos de sus ciudadanos no estaba protegida por la ley, los fetos humanos pueden ser eliminados si su madre rechaza su rol de nodriza uterina legítima. Son entonces posibles diversas manipulaciones, que lamentablemente se practican, ya sea en el útero o fuera de é1. Es posible, por ejemplo, administrar a la madre ciertas drogas al comienzo del embarazo para saber si pueden ocasionar malformaciones al feto. Fuera del útero – por los abortos a los 3, 4 o 5 meses – son posibles diversas experiencias de neurología o de fisiología. Podría decirse, probablemente, que estas vivisecciones serían útiles a la ciencia, puesto que ciertos fenómenos no pueden estudiarse más que sobre el hombre mismo. Por los medios empleados, esta explicación es falaz. La verdadera razón, por exorbitante que parezca, es mucho más sórdida. Un feto de chimpancé cuesta caro (es necesario costear
la crianza), mientras que un feto humano no cuesta nada.

Por este simple hecho se puede medir los peligros de la biología desnaturalizada para el intelecto y la moralidad, regida sólo por la eficacia y el dinero.

b) La salud por la muerte:
Gracias a múltiples técnicas, el destino biológico del niño puede ser conocido muy tempranamente, aun en el vientre de su madre. Por extracción de una porción del líquido amniótico en el cual está bañado el feto,
es posible examinar las células del niño, y detectar numerosas enfermedades, ya sea cromosómicas o genéticas.

Aquí la investigación se inclina por la eliminación deliberada de las enfermedades . Y esta práctica ha llegado a ser tan rutinaria en los Estados Unidos, que uno de sus partidarios ha concluido en que toda investigación para sanar eventualmente las enfermedades, se ha vuelto inútil merced a esta solución definitiva.

En realidad, la posibilidad del aborto plantea un grave problema moral para la investigación de métodos terapéuticos más conservadores. El éxito de estos últimos no estaría garantizado desde el comienzo y significaría necesariamente una pérdida considerable de niños afectados, debido a la imperfección del tratamiento de la enfermedad, o por un efecto secundario de este tratamiento.

Por estas razones, el diagnóstico prenatal y el aborto tomarían probablemente la delantera sobre todo otro progreso en la terapéutica genética (Lederberg).

Imaginar que un progreso técnico (el diagnóstico precoz) impone una conversión a la solución final (el aborto) y bloquea todo avance de la medicina genética, es probablemente un juicio erróneo, pero constituye una condenación , quizás involuntaria pero terrible, del proceso emprendido por la biología desnaturalizada.

La manipulación del adulto
Con la potencialidad siempre creciente de los medios de acción tanto químicos como quirúrgicos, el adulto mismo puede ser manipulado . No discutiremos aquí los trasplantes de órganos y sus posibles cuestionamientos, debido a que responden a la inquietud de sanar al semejante, muy conforme a la tendencia más noble de la naturaleza humana y a la razón de ser de la medicina. Existen otros dos peligros dignos de ser señalados.

a) Las manipulaciones del sexo:
Seguramente, es imposible transformar a un hombre en mujer, o viceversa, y las pretendidas revelaciones de hombres engendrados como del sexo masculino y luego educados como niños del sexo femenino pertenecen al periodismo sensacionalista. Por el contrario, los cócteles hormonales unidos a la cirugía mutilante pueden trastornar el aspecto y la psicología del sujeto. La feminización hormonal del hombre joven, seguida de la castración con invaginación de la piel del escroto en el perineo para formar una pseudo-vagina, es una intervención codificada y de subida tarifa efectuada por algunos médicos. Una inyección secundaria de una. resina especial en los senos termina la transformación. El cambio inverso: exéresis de los senos e injerto de un falso pene, no da más que una imitación aún más horrorosa. Por excepcionales que sean estas mutilaciones, que a los ojos del profano pueden pasar por proezas técnicas, tienen por efecto el negar todo respeto a la constitución sexual, que pasa a ser modificable a voluntad.

b) Las manipulaciones de la sexualidad:
Entre todos los peligros que presenta el uso de los contraceptivos hormonales, algunos han sido exagerados, otros subestimados, y es difícil hacer un balance exacto. Parece evidente a los ojos del menos especialista, que esta manipulación no puede ser indiferente . Un punto muy particular sobre el cual nuestra ignorancia es total es la píldora en las muchachas. Nadie sabe lo que este trastorno químico puede realizar sobre un organismo de doce o trece años, aún muy lejos de haber alcanzado una maduración completa. Cuando se observa que una porción importante de cohortes femeninas será sometida a esta impregnación , no se puede impedir temblar ante tal imprevisión.

Uno de los aspectos menos evidentes – al lado de un efecto exagerado sobre el desarrollo de los caracteres sexuales primarios o secundarios, o de un efecto posible sobre la fecundidad ulterior – es aquél de la relación entre la maduración del sistema hipofisiario, hipotalámico y límbico y el equilibrio hormonal de la joven.

Probablemente se trate de una imprudencia inaudita, ampliada a toda una generación , que nos revelaría , por una verdadera experimentación masiva, los temibles efectos sobre la regulación del humor, la constitución del carácter y la maduración del sentimiento y de la consciencia en condiciones químicas perturbadas.

c) Las manipulaciones del mecanismo del intelecto:
Se saldría completamente de nuestro objetivo discutir los desarrollos recientes de la bioquímica y de la farmacología del sistema nervioso central. Que se trate de descubrir el centro de la sensación de bienestar cuya estimulación eléctrica provoca un nirvana relativo, o incluso del uso de drogas de cuya extensión se conoce el riesgo de impacto directo al intelecto, esto no puede ser silenciado.

Por una parte, estamos razonablemente próximos a sanar químicamente ciertas afecciones mentales muy graves, comprendidas en ellas ciertos estados de debilidad congénita de la inteligencia . Para varias enfermedades , estas conquistas, localizadas por cierto, pero casi totales, son ya parte integrante de la práctica médica. Por otra parte, sería asombroso que no fueran descubiertos alucinógenos más poderosos, y más específicos que el L.S.D., o euforizantes más estupefacientes que la heroína misma. De este modo nuestro poder para aliviar los problemas del intelecto como para provocar deliberadamente la vacilación de la razón en el afán absoluto del deseo de placer, no puede sino acrecentarse en un futuro próximo. Aldous Huxley denominó admirablemente la droga deliciosa que traía el goce artificial total, por el vocablo griego soma, es decir, cuerpo. Por lo tanto, al parecer la voluptuosidad continua de la sensación pura parece ser la antítesis de la actividad del intelecto. Y es ahí donde está el peligro.

La ciencia en sí misma no es de temer, pero ella engendra lo mejor y lo peor según cómo es utilizada . Las manipulaciones de las que acabamos de hablar no son más que un peligro para más adelante, si consideramos el conjunto del planeta. Pero el verdadero peligro está en el hombre, en su desequilibrio cada vez más inquietante entre su poder que se extiende cada día y su sabiduría que parece a veces retroceder. Es sabio ser aprendiz, es la suerte de todo científico, pero es demencial jugar al hechicero: no se lo es nunca completamente . Más allá de la inteligencia está una ley de vida que comanda también la razón . Es
el afecto por el semejante , la protección del desposeído, la compasión por los que sufren y el respeto sin restricciones tanto por los que son lejanos, extranjeros, diferentes, como por los desconocidos que nos sucederán sobre esta tierra. Las manipulaciones fuera de los caminos de la naturaleza no están de ningún modo malditas. Sólo si el corazón del hombre se encontrara extraviado, se podría temer en justa medida la biología desnaturalizada.

Jérôme Lejeune

Traducido y extractado por Eduardo Cucurella de
Question de, N 13
Editions Retz.
París

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