Terminaré este demasiado breve recorrido a través de los textos fundamentales con una cita de Eckhartshausen, quien afirma que: “La unidad de las religiones está en el santuario más interior y la multiplicidad de religiones exteriores no pueden cambiar ni debilitar esta unidad que es la base de todo el exterior”, postulando así a la vez la existencia de un nivel incorruptible – por relación a aquel corruptible donde evolucionan las “religiones exteriores” – y la unidad trascendental de las religiones sobre la cuestión esencial, la del sentido.

Así entonces no hay realmente oposición entre la incompletitud y la auto organización. Tal como Einstein ha avalado a Newton, la incompletitud avala la auto organización; ellas no están situadas al mismo nivel. La visión que extraemos de este viaje a través de todas las grandes tradiciones de la humanidad es la siguiente:

1.- Un sentido preexistente pero inalcanzable, hacia el cual el ser humano debe por lo menos dirigirse.

2.- Un mundo del devenir a veces no lineal, a veces buscado a ciegas, a veces contradictorio, a veces incomprensible, pero que permanece no obstante misteriosamente ligado a este primer principio.

3.- Y entre los dos, una ruptura (la Caída de la tradición cristiana), que se encuentra bajo otras formas en otras tradiciones.

Esto no es una prueba, pero una tal estructura aparece demasiado coherente para ser debida únicamente a contingencias socioculturales.

He aquí entonces como podemos efectuar la última parte de nuestro “un paso más”, confrontando la mayor intuición de la humanidad con la estructura deducida por la evolución del conjunto de los grandes campos científicos. Esta no es una demostración en el sentido científico del término, pero es por lo menos un paso más hacia una nueva filosofía de la Naturaleza, un paso fuera del mundo de la filosofía del absurdo, un paso hacia un mundo donde estaríamos en nuestra casa en lugar de ser extraños en él.

Las tres épocas de la humanidad:

Augusto Comte se revolvería tal vez en su tumba, pero se puede decir que la humanidad ha conocido tres épocas. La primera fue dominada por la religión, pero allí faltaba la razón. El fanatismo podía desarrollarse de modo que la gente se mataba por desacuerdos sobre alguna característica menor de un Dios por otra parte incognoscible.