Auto organización e incompletitud:

Henos aquí con nuestros síntomas de sentido. Pero es necesario hacer notar que el sentido buscado puede ser de dos naturalezas diferentes. Ya sea que se trate de un sentido que no existe previo al mundo sino que se construye con él (el sentido de la relación del hombre con el mundo); entonces se trata de la idea de la auto organización, o de un sentido situado “en los márgenes del mundo”, según la expresión de Wittgenstein, es decir, proveniente del “Todo Otro” de la teología judeo- cristiana. He llamado a esto la “escuela de la incompletitud”, porque ella postula la irremediable “incompletitud” del mundo aprehensible. No quiero caer en el reduccionismo colocando etiquetas sobre las personas, pero la gran mayoría de los científicos que participan en lo que se llama el “nuevo paradigma” puede repartirse en forma más o menos equitativa en una o la otra de estas escuelas.

Así, parece que la “cohabitación-confrontación” que ha existido en el siglo XX entre materialistas y separatistas creyentes (llamo así a los religiosos que piensan que la ciencia no tiene nada que decir sobre el sentido) será reemplazado en el siglo XXI por otra, entre partidarios de la auto organización y partidarios de la incompletitud.

El reencantamiento necesario:

Cualquiera que sea la importancia de las diferencias existentes entre estas dos tendencias, es necesario hacer notar aquí que ellas son por ahora ‘compañeras de ruta” sobre la vía de un reencantamiento del hombre y del mundo. En efecto, nuestra sociedad es la primera donde ha sido posible concebir de una manera mayoritaria al mundo como un absurdo. Una gran parte del desconcierto contemporáneo, el aumento de los suicidios, el abuso de los medicamentos, pueden ser atribuidos a este sentimiento de que nuestra existencia estaría desprovista de sentido.

Basarab Nicolescu y Jean-François Lambert son – según mi conocimiento – dos de los autores que han percibido mejor los estragos a largo plazo que han sido generados por el abandono de toda búsqueda del sentido.”Estamos en peligro de muerte, bajo la influencia de maestros de pensamiento que predican un solo nivel de Realidad horizontal, donde todo gira en círculo y engendra fatalmente el caos, la anarquía, la autodestrucción”, dice Nicolescu.

Lambert le hace eco: “Si el hombre no es más que un conjunto de moléculas, y si el universo está desprovisto de significado, entonces no se es ni bueno ni malo, inteligente o torpe, sino bien o mal programado. Se deduce que no tenemos ninguna responsabilidad vis-a-vis de nosotros mismos o de los demás. La ética es inútil. Si no hay un sujeto no hay humanismo, y si no hay sentido no hay un sujeto… El humanismo científico no puede proponer más que una ética “reducida a los bienes gananciales”, entregada a los caprichos de los más astutos o de los más cínicos.

Ahora bien, en nuestra sociedad es la ciencia y no ya la religión o la filosofía – como anteriormente – la que determina nuestra visión del mundo y del hombre, visión que tiene repercusiones esenciales sobre nuestra sociedad. Desde hace tres siglos la ciencia nos da una visión determinista y mecanicista del hombre. Es por esta razón – como lo dice Nicolescu – que “el reencuentro contemporáneo entre la ciencia y el sentido es un evento capital que va probablemente a engendrar la única revolución verdadera de este siglo”.

Es por esta razón que estas dos vías, de incompletitud y auto organización, redescubriendo la posibilidad de la existencia de un sentido en el universo, desempeñan un rol que va mucho más allá de un cuestionamiento filosófico, siendo capaces de actuar sobre nuestras relaciones con la naturaleza, con los otros y con nosotros mismos. El hecho es que la ciencia haya “descubierto por sus propios medios, la existencia de otros niveles de realidad, hace que la búsqueda del Ser no sea un absurdo a priori”.

La intuición (o revelación) fundamental:

Científicamente no es posible ir más lejos. Pero si queremos llegar al final de nuestro “un paso más”, de este paso hacia adelante que ensayamos ejecutar desde la posición separatista”, en forma sabia y sin peligro, nos es necesario ahora sumergirnos en el estudio de las grandes tradiciones de la humanidad.

Estamos frente a dos alternativas: una es que las diferentes religiones hayan sido inventadas por el hombre para responder a su angustia delante de la muerte, a su alienación de este universo en el que ha surgido por azar; la otra es que, ya sea por una vía de intuición o revelación, las religiones contienen una información verdadera sobre la estructura del mundo. No podemos descartar desdeñosamente esta última posibilidad, pues nuestro recorrido a través de la ciencia nos ha mostrado, como lo dice d’Espagnat, que: “no se puede excluir el que otras formas de conocimiento nos aporten igualmente luces sobre la Realidad.

Para eliminar una de estas dos hipótesis, la cuestión clave es la de la coherencia. Si detrás de las formas y de las imágenes propias a cada civilización aparece una coherencia más sólida que la que se pueda normalmente esperar, entonces la segunda hipótesis pasaría a ser creíble. No tengo la competencia ni el espacio para hacer aquí un análisis comparado de las religiones, sólo deseo – sobrevolando rápidamente las grandes tradiciones de la humanidad – mostrar que en todos los tiempos y lugares se encuentra en ellas una intuición fundamental, la de un universo con dos niveles de realidad, donde el primero, fuera del tiempo, del espacio y de la materia, engendra después de una ruptura un segundo nivel, el del devenir y de la evolución, donde se desarrollan procesos de auto organización.

El Hinduismo.- A pesar de las apariencias, la doctrina védica no es ni politeísta ni panteísta, las diversas potencias no son más que los nombres de las energías divinas. Más allá está el sentido supremo sin definición alguna, el principio situado fuera del tiempo, noción que volvemos a encontrar en las otras tradiciones. Después, hay una ruptura, una división (que podría ser el equivalente de la Caída en las religiones de la Biblia), que hace que más allá del Uno aparezcan la multiplicidad y el devenir.

 

 

Brahman, según la simbología hinduista, es la realidad única y profunda que existe más allá de las apariencias y a la que se accede mediante un acto de auto conocimiento e introspección. Los distintos y sucesivos rostros señalan cómo Brahman somos todos nosotros, en tanto que es permanente nuestra identidad en el Ser.

El Budismo.- Ciertos autores modernos han afirmado que el budismo era un materialismo: el budismo en su pureza primitiva ignoraba la existencia de Dios, negaba la existencia del alma, sería por sobre todo un código moral. “Desgraciadamente, estas tres proposiciones son falsas – dice Coomaraswamy – la elevada ética del budismo no es más que un estado preliminar. Los textos más antiguos muestran que lo esencial se encuentra en la vida contemplativa, las especulaciones materialistas son muy posteriores”.

El Buda lo dice de manera más clara: “Hay un no-nacido, no-llegado a ser, no-creado, no-compuesto, y si él no existiera no podría haber ningún camino de evasión fuera del nacimiento, del llegar a ser, de la creación y de la composición de las cosas”. Afirma así la existencia de estos dos niveles de realidad, el del devenir y el situado fuera del tiempo y del espacio, y el hecho de que la meta de la vida es la de reunirse con este último.

El Taoísmo.- Para el taoísmo también existe una ambigüedad. Basándose sobre el I-Ching, el Libro de los Cambios, se ha podido concebir al pensamiento chino como materialista. Ahora bien, Lao-tsé nos dice: “Lo que se llama Tao es indistinto e inefable, él contiene por lo tanto todas las formas y todos los objetos”. Él explicita esto, diciendo: “El Tao que no puede ser nombrado es el origen del Cielo y de la Tierra (el nivel indecible). El Tao que puede ser nombrado es la madre de todas las cosas (la creación)”. Se trata del nivel del llegar a ser, y es a este nivel y no al otro a que se refiere el libro del I-Ching, que es, bien seguro, un libro del devenir.

Las Religiones de la Biblia.- Su mito común es el Génesis. Más claramente todavía que en lo anterior, está descrita esta estructura a dos niveles. El Génesis I es el mundo del llegar a ser, aquel donde el hombre y la mujer y todos los animales llegan juntos. El Génesis II es el mundo del pensamiento creador de Dios, y el hombre llega antes que todo lo demás. Se dice en la exégesis moderna que allí hubo dos relatos contradictorios de la Creación, y que se han conservados ambos para no disgustar a nadie. Ustedes comprenderán por qué esta interpretación parece algo simplista. Si se la detalla se verá:

* En el judaísmo, el Árbol de la Kábala es perfectamente explícito: en la cima se encuentra la “Corona” y sus dos derivados “Sabiduría” e Inteligencia”, las que forman una tríada superior, una unicidad absoluta, trascendente, cuya esencia es inaccesible al entendimiento humano. Los siete sephirot siguientes son fuerzas actuantes, obreros – si se puede decir así – cuya acción se sitúa en el mundo del llegar a ser.

* Desde los inicios de la cristiandad encontramos en Gregorio de Nyssa y sobre todo en Dionisios, llamado el “Areopagita”, a la vez la trascendencia y la inaccesibilidad de Dios y la existencia de las jerarquías divinas operantes.

* Igualmente en el islam, los místicos y visionarios nos describen cómo lo que es inefable interactúa con el mundo del llegar a ser por intermedio de aquello que Henri Corbin ha denominado mundus imaginalis.

Esta unidad de fondo concerniente a la visión de un mundo de lo inefable ligado a un mundo del llegar a ser, en las religiones monoteístas, puede ser resumida por la frase de Jacobo Boehme: La Naturaleza es una formación y una configuración continua de las ciencias y del amor divino. Lo que el Verbo hace por la Sabiduría, la Naturaleza le da forma por la Cualidad,” Boehme ha mostrado las siete cualidades (asimilables a los siete sephirot) y el segundo y tercer principio como estando en el mundo del devenir, de la auto organización. En cambio, el primer principio está situado en otro nivel. Como lo dice Boehme: “Dios considerado en Sí Mismo es sin distinción, sin naturaleza. El es a la vez Dios y el Todo.”

Terminaré este demasiado breve recorrido a través de los textos fundamentales con una cita de Eckhartshausen, quien afirma que: “La unidad de las religiones está en el santuario más interior y la multiplicidad de religiones exteriores no pueden cambiar ni debilitar esta unidad que es la base de todo el exterior”, postulando así a la vez la existencia de un nivel incorruptible – por relación a aquel corruptible donde evolucionan las “religiones exteriores” – y la unidad trascendental de las religiones sobre la cuestión esencial, la del sentido.

Así entonces no hay realmente oposición entre la incompletitud y la auto organización. Tal como Einstein ha avalado a Newton, la incompletitud avala la auto organización; ellas no están situadas al mismo nivel. La visión que extraemos de este viaje a través de todas las grandes tradiciones de la humanidad es la siguiente:

1.- Un sentido preexistente pero inalcanzable, hacia el cual el ser humano debe por lo menos dirigirse.

2.- Un mundo del devenir a veces no lineal, a veces buscado a ciegas, a veces contradictorio, a veces incomprensible, pero que permanece no obstante misteriosamente ligado a este primer principio.

3.- Y entre los dos, una ruptura (la Caída de la tradición cristiana), que se encuentra bajo otras formas en otras tradiciones.

Esto no es una prueba, pero una tal estructura aparece demasiado coherente para ser debida únicamente a contingencias socioculturales.

He aquí entonces como podemos efectuar la última parte de nuestro “un paso más”, confrontando la mayor intuición de la humanidad con la estructura deducida por la evolución del conjunto de los grandes campos científicos. Esta no es una demostración en el sentido científico del término, pero es por lo menos un paso más hacia una nueva filosofía de la Naturaleza, un paso fuera del mundo de la filosofía del absurdo, un paso hacia un mundo donde estaríamos en nuestra casa en lugar de ser extraños en él.

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