El Hinduismo.- A pesar de las apariencias, la doctrina védica no es ni politeísta ni panteísta, las diversas potencias no son más que los nombres de las energías divinas. Más allá está el sentido supremo sin definición alguna, el principio situado fuera del tiempo, noción que volvemos a encontrar en las otras tradiciones. Después, hay una ruptura, una división (que podría ser el equivalente de la Caída en las religiones de la Biblia), que hace que más allá del Uno aparezcan la multiplicidad y el devenir.

 

 

Brahman, según la simbología hinduista, es la realidad única y profunda que existe más allá de las apariencias y a la que se accede mediante un acto de auto conocimiento e introspección. Los distintos y sucesivos rostros señalan cómo Brahman somos todos nosotros, en tanto que es permanente nuestra identidad en el Ser.

El Budismo.- Ciertos autores modernos han afirmado que el budismo era un materialismo: el budismo en su pureza primitiva ignoraba la existencia de Dios, negaba la existencia del alma, sería por sobre todo un código moral. “Desgraciadamente, estas tres proposiciones son falsas – dice Coomaraswamy – la elevada ética del budismo no es más que un estado preliminar. Los textos más antiguos muestran que lo esencial se encuentra en la vida contemplativa, las especulaciones materialistas son muy posteriores”.

El Buda lo dice de manera más clara: “Hay un no-nacido, no-llegado a ser, no-creado, no-compuesto, y si él no existiera no podría haber ningún camino de evasión fuera del nacimiento, del llegar a ser, de la creación y de la composición de las cosas”. Afirma así la existencia de estos dos niveles de realidad, el del devenir y el situado fuera del tiempo y del espacio, y el hecho de que la meta de la vida es la de reunirse con este último.

El Taoísmo.- Para el taoísmo también existe una ambigüedad. Basándose sobre el I-Ching, el Libro de los Cambios, se ha podido concebir al pensamiento chino como materialista. Ahora bien, Lao-tsé nos dice: “Lo que se llama Tao es indistinto e inefable, él contiene por lo tanto todas las formas y todos los objetos”. Él explicita esto, diciendo: “El Tao que no puede ser nombrado es el origen del Cielo y de la Tierra (el nivel indecible). El Tao que puede ser nombrado es la madre de todas las cosas (la creación)”. Se trata del nivel del llegar a ser, y es a este nivel y no al otro a que se refiere el libro del I-Ching, que es, bien seguro, un libro del devenir.