La obra de Lao Tsé se expresa en aforismos. Las otras, reconocidas también como representantes de la corriente clásica, son el Chuag Zú y el Lie-Zi, cuyos autores, que tienen el mismo nombre de sus obras, se expresan en relatos alegóricos y apológicos.

El taoísmo tradicional es más cosmológico que teológico, la religión, cosmología y filosofía se encuentran estrechamente relacionadas. Se desprecia la moral cínica, la ética convencional y la sofisticación, se repudia la magia y el ritual carente de sentido. Es la filosofía del ritmo de la vida, la simplicidad de la mente y del espíritu, trata de toda la Naturaleza y del puesto que el Hombre tiene en ella. Es el arte de vivir y de las relaciones.

El taoísmo actual se remonta a unas fuentes muy distintas a las del Tao Te King. No es más que la religión popular animista antigua, algo sistematizada y mezclada con doctrinas hindúes. En oriente, el animismo se considera algo útil para dominar a las masas, en occidente, es una superstición. Hubo taoístas que conjuraron espíritus, realizaron trucos mágicos, se inventó el “elixir” de la vida, también se introdujo la dignidad del papado taoísta con el título de Tien Shi (Maestro Celeste), dignidad que se trasmitía por herencia en la familia Dchang, por metempsicosis, (que se perdió con la llegada de los comunistas). Estos puntos de vista no tienen nada que ver con Lao Tzé su doctrina y sus seguidores.

El lugar de la noción de Ser Supremo de las religiones occidentales, está ocupado en Asia Oriental por la noción de Estado Supremo del Ser. No es más que una ilusión engañosa lo que separa a todos los seres de esta perfección impersonal.

Todos están vinculados a la ley de la impermanencia, dioses, demonios, igual que los hombres. En el concepto taoísta del Último, se mezclan la filosofía profunda, la aspiración espiritual, la poesía de la Naturaleza y la veneración indiferenciada de lo sacro en todos los seres y cosas, sin distinción.

El Tao es eterno e incognoscible. Como vacío indiferenciado, Tai Hsü, como no vacío es el que contiene, el que sustenta y en cierto sentido el mismo ser de las miríadas de objetos, es Ser y no Ser. Como objeto de la existencia es el Camino, la Vida, el Cielo, la Tierra, el Hombre. Aunque no es consciente de actividad, ni tiene proyectos, ni busca premios ni alabanzas, sin embargo, realiza todas las cosas hasta la perfección. Como el agua, conquista su camino con blandura.