El Tao Te King dice: “Todas las cosas están respaldadas por la sombra Yin y enfrentadas por la luz Yang y armonizadas por el aliento inmaterial, (chi)”. Es la ley inmutable que actúa en toda mutación. Esta ley es el Sentido de Lao Tzé. A fin de convertirse en realidad, requiere una decisión, una postulación fundamental, es el gran comienzo original de todo lo que es: Tái Chi, literalmente la viga principal. La filosofía ulterior se ocupa mucho de ese comienzo original. El Wu Chi, principio anterior aun al comienzo original, se diseñó en forma de círculo; y T ai Chi, el círculo dividido en tinieblas y luz, Yin, Yang. Con esta línea que es en sí misma la unidad, aparece en el mundo la dualidad, pues simultáneamente con ella, se establece el arriba, abajo, etc. Estos contrarios se designan como Yin y Yang. Es el pensamiento fundamental en la composición del Libro de Las Mutaciones.

Rohder, hizo un interesante análisis de este símbolo, diciendo que previa a la división, existe un círculo vacío: lo Absoluto, la Tesis. Dentro de ese círculo se inicia el drama de la evolución, de la Relatividad, y aparece la Antítesis. La integración de la Tesis con la Antítesis, conduce finalmente a la Síntesis Cósmica.

El Yin y el Yang son dos nociones no aditivas, inseparables, en constante alternancia. Una unidad cíclica, en la que cada parte cualquiera sea la proporción en que intervenga es una unidad en sí. Es la quinta esencia del desarrollo dialéctico y el discípulo taoísta aspira a ese estado de reposo expansivo. El Yin y el Yang son dos aspectos del mismo poder, pero en una polaridad distinta de la dualidad absoluta.

La creación, tal como la conocemos, sólo puede tener lugar, en situación de interacción de los opuestos, pero ” todos los contrarios dejan de existir como tales, en el momento en que uno los considera desde un nivel superior a aquel en donde tenía realidad esa oposición.”

La base de la transmutación y transformación es la aceptación de la totalidad, con sus aspectos positivos y negativos. Es el fundamento de la alquimia taoísta, que actúa sobre ambos aspectos y utiliza su diversidad complementaria, en el trabajo de transmutación de las partes individuales, en la totalidad, el Uno.

Wei- wu-wei. Hacer no haciendo.

Es proceder en forma espontánea, como el de un niño, sin intencionalidad. En el taoísmo la referencia al “yo”, estropea la acción, porque la subordina a sus propios fines. El wu- wei es la motivación que permite aclararse y abandonar las futilidades, viéndose a sí mismo y a todo lo demás, como lo que realmente es. Alcanzar la armonía que trasciende la acción y la no acción. Confiere la capacidad de mantener la separación en medio de la actividad, y la disposición a la acción necesaria, en el estado de separación, concede la capacidad de dar sin agotarse.

La aceptación receptiva (y no pasiva) de la voluntad del Cielo es la que está representada mediante el símbolo del “valle”; el “espíritu del valle”, es la ley del sabio. El actuar de acuerdo a esa ley, sin tener en cuenta los deseos particulares, ni la voluntad propia, es el camino trazado por el Cielo, es llegar al Tao, puesto que la ley de la tierra es el Cielo y la ley del Cielo es el Tao.

En la concepción taoísta, el hombre está rodeado de fuerzas que tienden a desvirtuar sus acciones y su conducta. No sólo el contacto con los hombres es contaminante, sino que lo es también, con los objetos, con las cosas que pueden servir de soporte a las “influencias errantes”, fuerzas invisibles que el hombre profano desconoce, pero que pueden determinarlo a asumir como propios, deseos y logros que provienen de estos influjos.

La autosuficiencia es condenada por el taoísmo porque se fundamenta en la ignorancia de sus causas ocultas. Por eso es que el verdadero sabio, se presenta a los hombres como un mendigo. Tiene que “ver sin ojos”, “oír sin oídos”, porque su posición polar está liberada de las limitaciones espaciales, es el “eje del mundo”, niño y viejo a la vez, porque se vuelve una personificación del “espacio sagrado”, como el Tao lo es del “tiempo sagrado”, siempre reversible en su primordialidad.

El wu-wei, es una doctrina de la acción. Quien realiza esta acción tiene su fundamento en la ley de “las acciones y reacciones concordantes”. Libre de codicia, emprende cualquier acción que sea necesaria, se detiene en el mismo instante en que consigue su objetivo y, lejos de felicitarse a sí mismo por el éxito, lo quita de su pensamiento tan pronto como lo ha realizado. El wu-wei es la actividad perfecta porque es un acto sin actividad.

El wu-wei es, sin duda, una de las principales causas que explican el éxito de los taoístas en mantener sus facultades mentales incólumes hasta una edad muy avanzada.

Wu Hsing .- Los cinco elementos.

Los sabios antiguos encontraron cinco elementos cuyas acciones recíprocas tienen cierta semejanza con las de la madera, el fuego, la tierra, el metal y el agua. Entendieron que las operaciones de la Naturaleza, depende de un sistema de equilibrios finísimos entre procesos que pueden ayudarse, estorbarse o impedirse entre sí, según la fuerza selectiva de cada uno, en la situación dada. Observando y contemplando a la Naturaleza, aprendieron a predecir la acción de estas fuerzas conflictivas e incluso a manipularlas, dentro de ciertos límites.

El dominio de la ciencia Wu-Hsing, les dio un grado de perspicacia equivalente a la adivinación y al poder de desviar el curso de la Naturaleza, que a menudo parecería espectacular a los no iniciados. Esta ciencia fue muy útil para el desarrollo del taoísmo “popular”, sin embargo, los taoístas, empeñados en el cultivo del espíritu por distintos medios, no tenían el deseo de adivinar ni manipular nada; se manifestaban opuestos a cualquier intervención en la Naturaleza o al hombre. Los hombres de este calibre, se interesaban por esta ciencia, sólo por la luz que arroja sobre el funcionamiento misterioso de la Naturaleza, con lo que aumentaba su respeto por tales maravillas.

Interrelaciones Wu Hsing normales:

Ayuda, da origen, produce:
Metal >madera> tierra> agua> fuego> metal.

Es subyugado por: –
Metal- fuego- agua- tierra- madera- metal.

Los tres tesoros.

Son energías o sustancias de enorme poder para el yoga taoísta. Son el Ching (esencia), el Chi, (vitalidad) y el Shèn (espíritu).

Existen en el contexto de la cosmología taoísta, porque se cree que son activos en todos los niveles del ser, desde el más pequeño microcosmos hasta el macrocosmos. Nutridos y transmutados, ayudan a la consecución de los beneficios físicos y espirituales que los yoguis taoístas persiguen durante toda su vida. Se trata de un proceso secreto, espiritual, que ha sido muy mal interpretado y que tiene por objeto la refinación y transmutación de la esencia, la vitalidad y el espíritu, con la finalidad de aumentar el tiempo de vida y el vigor del adepto, para acrecentar la reserva natural de espíritu. Su objetivo es alcanzar la cumbre espiritual.

Son fuerzas dadoras de viva, con las cuales el Tao sustenta el universo, causando en el vacío ilimitado, la llegada a la existencia, el surgimiento y la caída de las miríadas de entidades que constituyen el reino de las apariencias.

Debido a la equivocada interpretación de los textos, sólo los genuinos adeptos captarán en ellos su sentido espiritual.

La alquimia taoísta tiene dos principios fundamentales:
1) la individualidad e incluso identidad de espíritu y materia, y
2) el funcionamiento de las leyes de la Naturaleza en todo nivel posible y en todo posible modo de ser.

Existe un libro, el Tsan Tung Chi, escrito después del comienzo de la era cristiana, que algunos lectores suponen expone el proceso alquímico para transformar los metales en oro; otros creen encontrar en él la píldora de oro para obtener la eterna juventud y probablemente la inmortalidad de carne y sangre; para otros, es un sistema para crear, por métodos sexuales y no sexuales, un cuerpo capaz de gozar de vida eterna. Para los místicos sería la clave para convertirse en espíritu puro, libre para sumergirse en el océano del Tao. La más popular es la creencia de la alquimia interior, que da energía al cuerpo y purifica la mente, produciendo la transmutación de la sexualidad, lo que mejora la vivencia personal.

Los tres tesoros son:

Ching : Forma burda: no se identifica precisamente con los fluidos sexuales masculino y femenino, pero éstos la transportan y tiene mucho que ver con ellos.

Forma sutil: la que está dentro del cuerpo, y da consistencia y forma tangible a la materia.

Forma cósmica o Yang: la que está en el cosmos y da forma tangible a lo que originariamente era vacío indiferenciado.

Chi: Forma burda: no se identifica precisamente con el aire aspirado por los pulmones, riñones y poros, pero éste lo transporta y tiene mucho que ver con el mismo.

Shén : Forma burda: espíritu que no se ha limpiado todavía de los sentidos y de los pensamientos erróneos.

Forma sutil: espíritu sin tacha, liberado de la contaminación de la presión y de los deseos sensuales.

Forma cósmica o Yang: espíritu cósmico, ser vacío, puro, indiferenciado.

Venas del dragón

Para los taoístas el yang puro pertenece al Cielo y el Yin puro pertenece a la Tierra. Se enseña en China, que en ciertos lugares, hay “venas dragón”, que son líneas invisibles que bajan del cielo a las montañas y a lo largo de la tierra. El papel que desempeñan es parecido al de los meridianos de la acupuntura y el yoga. En esas venas se vierte el Yang Chi (vitalidad cósmica), para mezclarse con el Yin Chi (vitalidad de la tierra). Las venas son visibles sólo para los expertos Yin Yang.

Este concepto se expresa claramente en la pintura paisajista china. En ella, las venas se dibujan como trazos curvos, por ejemplo, en el contorno de las nubes, ondulaciones de montañas, etc. En la pintura china, cada detalle, cada criatura, despierta la intuición de una universalidad sagrada e inmensa de la vitalidad de la Naturaleza. El observador debe acabar la obra que el pintor siempre deja inconclusa.

La ciencia Féng- Shui, nació de la idea de las venas del dragón, es la ciencia del viento y el agua. Existe con el objeto de aprovechar al máximo este flujo de vitalidad cósmica y asegurar el correcto equilibrio entre el Yin y el Yang. La proporción dos a uno es la ideal.

Quietud.

Los taoístas creen que para volver al estado original se debe aprender a ser un maestro de la quietud. Sentado inmóvil, se debe llegar a la quietud de la mente y cerrar la puerta a los sentidos, para contemplar el resplandor interior.

El aspirante debe aprender a vivir frugalmente, sin sentirse perturbado por las ansiedades o anhelos de riqueza o fama. Recomienda abandonar callada y serenamente la pasión y el deseo. No debe lamentarse por lo que ya ha sucedido, ni por lo que se cree va a suceder. La pesadumbre y la decepción vienen de afuera. No se requiere esfuerzo para aquietar la mente que se ha apartado de todas las fuentes de perturbación.

El taoísta trasciende la pasión, no la reprime. El cultivo de la quietud por la mañana y por la noche, ayuda en el camino de apartar las perturbaciones.

Los anhelos insatisfechos, se pueden apartar con la reflexión sobre la transitoriedad de la satisfacción que a veces ofrecen.

El exceso es enemigo de la quietud; ser puritano, no menos que ser licencioso, es descarriarse del Tao.

Los poetas taoístas se han inspirado en la quietud y le han rendido culto, un ejemplo, es ésta, de Li Feng Lao-Jén.

Fresco como el hielo
Su corazón taoísta
Ninguna vana contienda
Hacia la meta,
El Tao surge
De sí mismo
Quieta su mente…
Disco de luna clara
Reluciente, inmaculada.

Elisa Aliaga

Extractado de
John Blofeld.. Taoísmo. La búsqueda de la inmortalidad.
Ediciones Martínez de Roca. S. A.
Samuel Wolpin.- Lao Tsé y “su tratado sobre la virtud del Tao”
Editorial Kier

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