Este caso, poco verosímil, lo reconozco, lo he contado a muchas personas, pero casi siempre en vano. Casi todos se imaginan, al seguir mi consejo, poder adivinar de buenas a primeras lo que de ellos quería el invisible domador; y como después recibían nuevos golpes de la suerte, volvían a arrastrar su cruz, como antes, rezongando y soportándola. Esto último lo hacían los que se acostumbran a ese engaño de sí mismos, que se llama resignación. Quien ya está tan adelantado que puede adivinar lo que de él pretenden Los de Allá, o mejor, el Gran Interior, puede afirmar que ya ha recorrido una buena mitad de su camino. El querer adivinarlo implica de por sí una total inversión de los conceptos de la vida, y el poder adivinarlo es ya un fruto de esa simiente. Es tan difícil saber siquiera vagamente lo que se debe hacer ! Al principio, al intentar los primeros pasos, se hacen cosas que parecen de locos y sin la más mínima relación con la intención. Sólo grado a grado se forma en ese caos la faz en la que podemos leer la voluntad de la suerte. Y al principio nos hace muecas.

Pero lo mismo sucede con todas las cosas grandes. Toda idea nueva que cae en nuestro pensamiento tiene al principio algo de mueca. Los aeroplanos han hecho durante mucho tiempo muecas de dragón antes de formarse una verdadera faz…

Gustav Meyrink

Extractado por Farid Azael de
Gustav Meyrink.- El Rostro Verde.- Sirio