Es el Maestro de los maestros y de los ángeles y a Él se le ha confiado la guía de los destinos espirituales de los hombres y el desarrollo del crecimiento interno de cada ser humano.

Así como el Manú se ocupa de proveer el tipo y las formas a través de las cuales evoluciona la consciencia y así obtener experiencias en su sentido más profundo, el Instructor del Mundo dirige esta consciencia interna en su aspecto vida o espíritu tratando de vitalizarla dentro de las formas, para que a su debido tiempo la forma pueda ser descartada y el espíritu liberado, volver a su origen.

Desde que dejó la tierra, como dice con relativa exactitud la Biblia (aunque con errores en los detalles) siempre ha permanecido con los hombres. Nunca se ha ido realmente, sino sólo en apariencia. Trabaja en íntima colaboración con sus dos grandes Hermanos: el Manú y el Mahachoan, y es amado por todos aquellos que tienen verdadera y fervorosa aspiración. Conoce a todos los buscadores y, aunque no tengan consciencia de Él, la luz que de Él emana estimula sus anhelos, fomenta la chispa de luz naciente e impulsa al aspirante hasta que amanezca el gran día en el que se encuentre frente a él como el Iniciador de los Sagrados Misterios. Es Cristo quien imparte la 1a y la 2a iniciación.

El Trabajo del Señor de la Civilización, el Mahachoan.
Él encabeza el 3er grupo. Ocupa su cargo durante un período más largo que el de sus dos grandes hermanos y puede permanecer durante varias razas raíces. Es la totalidad del aspecto inteligencia, el 3er aspecto del Logos, y pertenece, junto con sus ayudantes directos, al 3er Rayo.

El actual Mahachoan no es el que originariamente ocupó ese lugar al establecerse la jerarquía en la época lemuriana. Entonces lo ocupaba uno de los Kumaras o Señores de la Llama que llegaron junto con Sanat Kumara. Él empezó en la mitad de la cuarta raza raíz, atlante . Se individualizó en la Luna (como lo hizo el Buda) y al empezar la raza atlante ya tenía un nivel de ser equivalente a un adepto (4a iniciación).