Entonces, lo marcado a fuego en la Luna natal es cuánto le afecta, positiva o negativamente, el entorno, o la sensación básica de cómo es el mundo al que llegué, que, desde luego, en ocasiones puede ser bastante más traumático que unas horas con el pañal mojado. Y en gran medida es lo que hay que superar a lo largo de la vida para tener una visión menos parcial, subjetiva y reactiva de la realidad, pues a través de las primeras impresiones lunares se establecen respuestas instantáneas, que se pueden mantener, incluso por toda la vida, frente a situaciones que parezcan semejantes a aquella primera. En verdad, nunca lo serán, pero esto nos impide actuar con flexibilidad, discriminación, adaptación y libre fluidez de acuerdo a cada circunstancia presente. Tanto la psicoterapia habitual como los cursos de crecimiento personal – para que obtengan resultados estables, producto de una verdadera integración de la personalidad – se dirigen en primera instancia, lo sepan o no, a superar las reacciones instintivas lunares: temores, fobias, inseguridades, miedos, irritabilidad, suspicacia, agresividad, etc. Después podrá comenzar un crecimiento real.

La Luna nos habla del sitio donde está instalado nuestro sistema emocional básico, o dicho en otras palabras, de qué modo obtenemos seguridad emocional, de qué forma nos sentimos bien, protegidos, adónde está nuestro lugar de pertenencia interior, nuestro refugio, nuestra intimidad, ese lugar donde puedo ser exactamente yo sin que nadie me pregunte nada porque ahí soy conocido, ahí me entienden, ahí me siento bien conmigo mismo, aunque sea un lugar de lucha (como sería por ejemplo una Luna en Aries), de combate o de defensa, no importa, pero es lo mío, mi lugar. La Luna en estado basal es aquella forma en la que reacciono cuando me siento amenazado o inseguro, y a la que recurro para obtener seguridad. Si no lo logro, seguramente va a haber reacciones viscerales como sudoración, dolor epigástrico, náuseas, temblores, ahogos, etc. pues, orgánicamente considerado, las reacciones lunares, al estar relacionadas con el instinto de sobrevivencia al nacer (y por lo tanto con el miedo de perecer), son respuestas automáticas que dependen en gran medida del sistema nervioso autónomo o involuntario, que controla asimismo las reacciones de supervivencia biológica. Aquí se puede apreciar claramente la polaridad Sol-Luna, y así como el Sol es lo luminoso, lo que veo, mi voluntad, la Luna es la no-voluntad, lo que me arrastra como a las mareas, lo que no está bajo mi control consciente.