La cualidad basal de la Luna establece una identidad inicial instintiva que naturalmente tiende a rechazar todo lo que no esté de acuerdo con esa identidad, ya que, en principio, funciona como un mecanismo de seguridad, y al rechazar lo extraño se fortalece y autoperpetúa, evitando de paso que se expresen otras áreas de la carta. La Luna, por lo tanto, no puede crecer en sí misma, pues como mira hacia el pasado, hacia el resguardar y conservar lo que ya fue, sólo tiende a repetir esas mismas experiencias, que aunque sean dolorosas, son conocidas, y por lo tanto brindan una sensación de seguridad, aunque sea ilusoria. Esto, cuando consideramos a la Luna como mecanismo de sobrevivencia, pero tras él se esconde lo que es la verdadera cualidad de la Luna, su trama energética que, cuando deja de utilizarse como refugio, pasa a constituirse en pertenencia, en capacidad efectiva y de contacto con el entorno, la vida y los demás.

Mientras la Luna no supere el nivel de mecanismo de defensa, no hay siquiera capacidad para comprender mensajes afectivos diferentes de los de su reaccionar, y todo se interpreta en esos términos; cualquier otra energía (cualquier otra parte de su carta) le parecerá extraña, amenazante, sentirá que debe combatirla para seguir aferrado a su energía-madre-conocida que le permitió sobrevivir, y que se mantiene en forma autónoma, en un fragmento casi exclusivamente biológico de la consciencia. Incluso cuando las personas logran superar la respuesta lunar automática, e integrarla, pueden tener recaídas toda vez que las circunstancias exteriores le parezcan insoportables, cuando están bajo presión extrema, en enfermedades, durante crisis o al sentirse de cualquier modo sobrepasados por las circunstancias. Entonces, el instinto lleva a buscar nuevamente la fusión con mamá, con la energía en la que se tiene la ilusión de estar protegido. En el inconsciente persiste siempre la impronta de esa matriz imaginaria de seguridad, a la que se regresa sólo por inercia porque ya no sirve de salvación – el huevo ya se rompió – pero que se volverá a activar frente a las circunstancias extremas.