El árbol sorbiendo luz por sus raíces …

Todo depende de cómo percibimos el silencio alrededor y dentro de nosotros, de cómo interpretamos el silencio. Estamos aprendiendo que aquello que se anhela no está separado de aquello que es Dios, esa Presencia Amorosa que energetiza nuestra vida humana colmándola de plenitud en una relación de confianza. Estamos aprendiendo a cerrar la brecha, la separación entre lo natural y lo sobrenatural, entre
lo humano y lo divino.

Al respirar y reflexionar estamos entrando más plenamente en la Fuente de la Vida que arde en cada uno
de nosotros como río de fuego. Estamos aprendiendo a entrar en contacto con ese río de fuego, y la forma más cercana de hacerlo es entrando en nuestra propia realidad. La apertura a la vida, abriendo nuestras manos, aprendiendo a abrir todo nuestro ser, dejando que nuestro pasado quede atrás, reconociendo y aceptando nuestros sentimientos, sabiendo cómo sostener en la luz lo que nos amedrenta, lo que nos bloquea, lo que nos decepciona, lo que nos oprime, lo que nos regocija, lo que nos abre a otra gente, a nuevas amistades; cualquiera que sean estos sentimientos, dejarlos entrar en la Luz. Dentro de esta experiencia duerme el llamado que mañana tras mañana necesitamos oír. La palabra de ayer no es la palabra de hoy y aún no tenemos la del próximo día. Esperamos escuchar la nueva palabra de esta realidad en la que vivimos. Cuanto más estemos en contacto con la Fuente de Energía, más libremente podemos caminar sin miedo, responder al llamado del Exodo, creando y siendo vitalizados en maneras en las que no habíamos pensado, bebiendo más y más de esta agua viva que se nos había prometido y que está aquí para nosotros.

Estamos aprendiendo a escuchar la palabra que también está en las vidas de otros. Aprendemos que compartimos la misma Fuente de Energía que está dentro de cada uno de nosotros. Hay una sola energía, por lo que no necesitamos competir con los demás. No necesitamos objetivizar, ni clasificar a la gente etiquetándola en roles. La misma vida está emergiendo en ellos y mientras más gente con la que vivimos sea energetizada, más lo logramos todos. Producimos corrientes de sustento y de vitalidad, generativas de toda clase de nuevas formas de vida consagrada. Las recientes explosiones creativas que han comenzado a suceder entre mujeres religiosas son simplemente los inicios de este tipo de iniciativas, el energetizamiento creativo. Nada es ajeno a nuestra humanidad, ninguna alegría, ningún sufrimiento deja de tocarnos como si fuera nuestro.