Por el empleo de la mente en el mundo de los negocios, en las profesiones, en la ciencia y en el arte, hemos presenciado dos hechos sorprendentes: grandes empresas organizadas, basadas en el interés egoísta y en las ideas materiales, han llegado a una condición en la que han adquirido consciencia grupal; por primera vez se ha considerado la interacción y el interés grupal de la mayoría. Estos resultados son puramente espirituales e indican una creciente consciencia del alma, y son débiles indicios de la fraternidad de las almas. La ciencia aplicada se ha desarrollado en todos los campos de tal manera que ha penetrado en la región de la energía y de la metafísica pura. El estudio de la materia nos ha conducido a la región del misticismo y del transcendentalismo. Ciencia y Religión se están dando la mano en el mundo de lo invisible y de lo intangible.

Los pasos son dados en la dirección debida. Una vez que las facultades mentales se hayan desarrollado racialmente, gracias a nuestra técnica occidental en el mundo comercial (una vasta escuela de concentración), inevitablemente habrá una trasmutación análoga en la naturaleza emocional. Entonces se podrá reorientar la mente hacia valores más reales y elevados y enfocada en una dirección distinta a la de la vida material. Así se formará el Conocedor.

Por lo tanto, todo aquel que no sea puramente emocional, que posea una regular educación y que esté dispuesto a trabajar con perseverancia, puede emprender con buen ánimo el estudio de la meditación. Puede empezar a organizar su vida con el fin de dar los primeros pasos hacia la iluminación, siendo ésta
una de las etapas más difíciles. Téngase presente que todos los pasos iniciales son difíciles porque hay
que contrarrestar hábitos y ritmos habituales para implantar nuevos. Pero una vez que los pasos han sido dados y los hábitos dominados, el trabajo resulta más fácil. Es más difícil aprender a leer que comprender un libro difícil.

La antigua ciencia de la meditación, el camino real hacia la unión como se la ha llamado, puede también denominarse la ciencia de la coordinación. Hemos aprendido, gracias al proceso evolutivo, a coordinar la naturaleza emotivo-sentimental y el cuerpo físico en tal forma que estos estados son automáticos y a veces inevitables. El cuerpo es ahora un simple autómata, el esclavo del deseo superior o inferior, bueno o malo. Hay ya quienes coordinan la mente con estos dos aspectos. Valiéndonos de nuestros sistemas educativos, fusionamos en una unidad coherente la suma total que constituye el ser humano, es decir, los aspectos mental, emocional y físico. Mediante la concentración y los posteriores aspectos de la práctica
de la meditación, se acelera grandemente esta coordinación: sigue más tarde la unificación de esta trinidad con otro factor, el factor alma. El ha estado siempre presente, así como la mente lo está en los seres humanos (salvo en los idiotas), pero se mantiene pasiva hasta el momento oportuno, cuando se haya realizado el trabajo necesario.