Cómo entonces prepararse para ese instante donde nos juzgaremos a nosotros mismos, en la suprema clarividencia de la Gran Luz que se nos ofrece? Sólo viviendo lo mejor posible nuestra vida, no por frustraciones que nos empequeñecerían, sino en la expansión de todas nuestras potencialidades, pues si el karma negativo nos arrastra hacia abajo, el karma positivo también es peligroso en la medida en que nos atrae hacia otras reencarnaciones, hacia otros estados provisorios, lo que no hace más que retardar el momento de nuestra Liberación.

En último análisis, el Bardo Thödol nos recomienda prepararnos mientras estamos vivos a adquirir desde
ya esta lucidez, esta clarividencia de la que tenemos necesidad para vivir, y de la que tendremos más necesidad aún para morir. Para esto, no existe más que un solo medio: la práctica de la meditación. Ella sola permite franquear los límites del ego, vivir plenamente la condición humana que es a la vez vida-y-muerte, y no vida de un lado y muerte del otro, penetrar vivo en este estado intermedio que es desde ahora, aunque no estemos conscientes de ello, nuestra situación presente. “Meditar – dicen los maestros Zen – es entrar vivo en su ataud”. Parafraseando una cita célebre, se podría decir que meditar, es aprender a morir.

Jacques Brosse

Traducido y extractdo por Carmen Bustos de
Question de, N 36
Editions Retz
París

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