2.- El lado cultural: la música juega un rol importante para acceder al éxtasis en el culto de los dioses. Hay en ella una fuerza que sana. Puede ser muy elementaria y ritmada, desembocando en la danza. Permite así una reacción motriz que puede anular las tensiones. Constituye un medio terapéutico porque es colectiva y permite relaciones complejas al interior del grupo. Los antiguos habían comprendido bien que la música toca al hombre a múltiples niveles; por eso produce efectos muy diferentes y, por lo tanto, acciones terapéuticas variadas.

Pitágoras y Aristóteles dan origen a dos corrientes de pensamiento. Para el primero, la música constituye la organización del cosmos pues es el centro y la fuente de la armonía. Ella es el mejor medio para sanar las enfermedades psíquicas. Se encuenta en él la noción de catarsis en tanto que purificación del espectador. Esto trae un mejoramiento del carácter moral y permite el dominio de los movimientos del alma. Para Aristóteles, ella apacigua las tensiones emotivas desagradables. Él sostiene que la música excitante cura la psiquis excitada y la música triste, la psique triste, jugando un rol catártico a nivel emocional; pues tiene el valor de la experiencia vivida que facilita las reacciones emocionales dirigidas.

Todo esto es muy importante porque las diferentes corrientes actuales en musicoterapia se encuentran en estas dos teorías. Cómo explicar entonces que para cada uno de nosotros la musicoterapia permanezca como una técnica nueva? No se debiera ver ahí el rol capital que ha jugado la influencia del psicoanálisis? En efecto, es Freud quien ha puesto en evidencia el mecanismo de la curación psicoanalítica: todo se hace, se rehace y se deshace gracias al verbo.

Sin embargo, el psicoanálisis, como método de investigación del psiquismo, se tropieza con los límites del lenguaje, sobre todo cuando el intelecto está inundado por el afecto. El bloqueo de la comunicación al nivel verbal se traduce por una inhibición del paciente. Es necesario entonces recurrir a un modo de expresión de resonancias más antiguas. Es allí cuando puede intervenir la musicoterapia en la medida en que ella se interese por el aspecto acústico, el sonido puro. El aspecto semántico queda entre paréntesis. Se trataría entonces de – como lo escribió S. Reicher – proponer una regresión a una fase del desarrollo afectivo donde el lenguaje del otro en especial, el de la madre no es comprendido desde el punto de vista semántico sino vivido en su expresión sonora. El infante escucha la música de la voz materna mucho antes de que sea capaz de comprender el significado de lo que le dice. En musicoterapia, el verbo no existe, si llega a existir será en una segunda etapa. El es reemplazado por la música. Todo el mundo está de acuerdo en reconocer a este mediador un poder privilegiado. La tradición quiere que la música sea más propia que las palabras para expresar ciertos sentimientos. Ella permite comprender y traducir lo inefable, lo que hace decir a George Duhamel: la música circula por todas partes, tal como un agua subterránea en el reino de mi vida ella tiene la virtud no de arrancarnos a la vida sino la de traernos de regreso a ella y a nosotros, involucrándonos hasta el vértigo.