A partir del momento en que se admita la telepatía, aunque sea bajo la forma de los resultados de los tests de Rhine, o que se acepte el menor hecho de clarividencia, toda la imaginación, todo el deseo, todos los valores y todos los poderes que han sido repudiados, anatematizados por la sociedad burguesa y por la corriente mayoritaria, primero del judaísmo, luego del cristianismo, y después del racionalismo, van a hacer su reentrada. Es a Hermes y a Afrodita a quienes los fenómenos parapsicológicos abren la puerta. Los adversarios de la parapsicología tienen, consciente o inconscientemente, un presentimiento de que la parapsicología arriesga hacer saltar el edificio, por mucho que pretenda prestarse a las reglas de la construcción y de la copropiedad para ampliarlo. Dentro de esta ambigüedad, el riesgo para la parapsicología es ganar con su juego la incorporación o, si no juega este juego lo suficientemente bien, guardar su fuerza subversiva para sí sin poderla ejercer.

Si la parapsicología se anuncia muy francamente y declara: Yo soy en el fondo el viejo ocultismo más o menos disfrazado, en la medida en que el ocultismo es asunto de mentalidad y no designa un sistema particular, en la medida en que microcosmos-macrocosmos puede significar ocultismo, se corre el riesgo entonces de chocar con una barrera, o de crearla. Pero si se juega demasiado bien el juego, no favorecerá esto el despojo, la naturalización, como se dice por eufemismo involuntario por los animales disecados? Al fin y al cabo pues, la parapsicología da muerte a todos los fenómenos que considera. Está obligada a hacer esto. El astrónomo está obligado a trabajar con estrellas en el papel (el astrólogo del Astroflash también). La parapsicología debe trabajar con los esqueletos de los fenómenos, a lo más con momias.

Pero los parapsicólogos lúcidos – hay pocos, y ellos deberían renunciar a su título – los parapsicólogos conscientes y concienzudos tienen algo en común con los poetas y los primitivos: contribuyen a su manera a rehabilitar el pensamiento analógico.