Esto sólo se realiza, de manera definitiva, a partir del instante en que comprendemos y sentimos cuál es la naturaleza de las energías responsables de la agitación mental. Cuál es esta naturaleza? La agitación mental es, en gran parte, sólo un reflejo de autodefensa del instinto de conservación del yo. Por qué? Porque la agitación mental asegura la continuidad psicológica del yo, ella es cómplice de su sentimiento de duración y de realidad absoluta. El instinto de conservación psicológico del yo fomenta todo lo que confiere a este yo una impresión de solidez, de autenticidad. Por lo tanto el verdadero silencio mental demostraría con evidencia el carácter artificial e ilusorio de este yo, al cual nos aferramos. Este yo, tal como lo sentimos y lo vivimos la mayoría de nosotros es, en realidad, sólo un impostor que se atribuye ilegítimamente su exclusivo derecho a la existencia.
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No es más que un instrumento y, en su estado actual, una caricatura de nuestro verdadero ser. Si así lo comprendemos y lo sentimos, nos es posible descubrir los primeros impulsos presentes en el origen de nuestros pensamientos. Los sorprendemos en el momento en que emergen de las profundidades de la psiquis y los desenmascaramos como los cómplices de nuestra continuidad egoísta. Al ser conscientes de la inutilidad de tal proceso, estos impulsos caen por sí mismos. Es así como se realiza un silencio mental, que no es el resultado de un acto de disciplina del yo quebrado en dos fragmentos, sino que de un acto de comprensión. Esta evidentemente se lleva a cabo por la intervención de los elementos físicos y psíquicos, pero su origen profundo se sitúa en el nivel de la esencia espiritual que sobrepasa al yo. Es evidente que el yo no puede quebrar al yo
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Esto nos conduce a la percepción unificada. Es imposible afirmar que en esta percepción se realiza solamente la plenitud del Amor. Por cierto que en esta percepción, aunque este sea un análisis somero, se encuentra la cúspide del Amor, pero no es sólo eso. Desde el punto de vista de la Sabiduría es absurdo separar este aspecto Amor de aquel de Inteligencia pura, no mental o de cualquier otra cualidad que nos sea familiar. La percepción unificada es integral, homogénea. Ella sobrepasa todas las experiencias relativas y dualistas que nos son familiares. Ella no puede ser pensada, imaginada, prefigurada. Ella es lo Desconocido en el esplendor de su emanación, de su renovación eterna.