El psicoterapeuta y algunas de sus actitudes desde el punto de vista de la perspectiva fenomenológica analítica

Los procedimientos de ayuda psicológica apuntan a la comprensión y a la resolución del sufrimiento humano. Dentro de este procedimiento el rol del terapeuta y su nivel de real exposición frente al paciente, es un tema de vital importancia para la Psicología Analítica.

El Mito del Sanador Herido (Sharp, 1994) nos ayuda a comprender la relación que se da entre terapeuta y paciente, en el que los sistemas psíquicos de ambos se ven afectados durante el proceso de psicoterapia, y en el cual el terapeuta, a pesar de que se presume sus heridas están relativamente conscientes después de un largo análisis personal, se reconstelan en situaciones particulares y en el trabajo con pacientes con heridas similares.

Mi planteamiento es que para que dicha exposición a otro se dé conscientemente, debe existir una profunda vocación de terapeuta y una mirada fenomenológica-analítica para con la experiencia humana; utilizando los conceptos emanados del último Seminario (La Práctica de la Psicoterapia), como son la actitud de humildad, la actitud de testigo, la de ignorancia del propio conocimiento, etc.

Estos conceptos se perciben en los relatos de diversos psicoterapeutas junguianos con más de 30 años de experiencia profesional, y corresponden a actitudes que se van desarrollando a lo largo de la carrera del psicoterapeuta.

El terapeuta dentro del proceso de la psicoterapia

Pareciera ser que ha sido una ilusión el creer que el trabajo del psicoterapeuta sólo se hace a través del uso de la mente racional, de las explicaciones causales y de una postura de neutralidad, utilizando una metodología aséptica y propiciando una actitud de experto.

Dentro de la educación formal de los psicoterapeutas, aún hoy son formados con el objetivo de poder distinguir absolutos, de conocer la verdad y funcionar dentro de los parámetros polares de lo que es correcto o incorrecto, normal o anormal. Pero, cuando leemos a autores como Jung y Roberto Assagioli – médico psiquiatra vienés, contemporáneo de Jung, pionero del psicoanálisis en Italia y fundador de la teoría denominada Psicosíntesis (Assagioli, 1996)) – uno comienza a entender el camino transitado por estos hombres (ambos de formación Psicoanalítica) desde visualizar la psicoterapia sólo como una explicación causal del sufrimiento humano, a la apertura de una psicología más humana, vista más como un proceso que como un fin, la que requiere de un trabajo profundo por parte del terapeuta el que es considerado como un partícipe integral de la terapia y que es afectado por ésta.

Pero qué significa realmente el que el terapeuta sea parte del proceso? estamos dispuestos a ser parte del proceso o preferimos seguir con esa actitud de neutralidad que hasta ahora algunas teorías nos señalan que se debe tener?

El Mito del Sanador Herido es explicado por Daryl Sharp en el libro Lexicon Jungiano (Sharp, 1994) como una dinámica arquetípica que se puede constelar en una relación analítica, en que ambos se ven afectados. Según este paradigma, las heridas del analista, (que se presume están relativamente conscientes después de un largo análisis personal) viven una existencia sombría. Siempre pueden ser reconsteladas en situaciones particulares, y especialmente si se trabaja con alguien que tiene heridas similares.

La importancia de la relación inconsciente entre el analista y el paciente como la que se comunica en forma consciente, en términos del proceso curativo, es que derivará en dos implicaciones muy significativas como son:

a) Que la sanación sólo puede ocurrir si el analista tiene una relación progresiva con el inconsciente. De otro modo, quizás él o ella se identifique con el arquetipo del salvador, una forma de inflación.

b) La psicología profunda es una profesión peligrosa, ya que el analista siempre está propenso a ser infectado por las heridas del otro o a percibir las propias. Y esto se produce porque ambos estamos en el proceso, no estamos observando desde fuera como si el otro es el que tiene los problemas.

Estas implicaciones nos llevan a comprender lo que Jung nos quiso decir con que el tratamiento psicológico no funciona independientemente de la relación terapéutica. Es decir que las heridas del paciente activarían las del analista, y éste reaccionaría identificándose con lo que está ocurriendo, y de un modo u otro, consciente o inconscientemente, devolvería esta percepción al paciente.

Como dice el propio Jung en todo tratamiento psicológico efectivo, el médico influenciará al paciente, pero esta influencia sólo tiene lugar si el paciente tiene una influencia recíproca sobre el medico y
es inútil que el médico se escude de la influencia del paciente y busque rodearse de una cortina de humo de autoridad profesional o paternal. Al hacerlo, sólo se niega a sí mismo la posibilidad de usar un importante órgano de información (Jung, 1966)

El llamado de la vocación

Cómo se explica entonces que ciertas personas pongan en juego su tranquilidad o armonía alcanzada, para abrirse al otro, y juntos transitar el camino del proceso de transformación psicológica?

Desde mi punto de vista, aquí radica la importancia del auto conocimiento y madurez del terapeuta. Es aquí donde nos enfrentamos con el tema del servicio, es decir, el buscar ejercer de catalizador de otro en su proceso de desarrollo e individuación.

Curiosamente cuando estas preguntas se hacen conscientes, se producen eventos de sincronía como el abrir hace pocos días un libro de la antropóloga chilena Patricia May y leer: El árbol se da por el simple impulso interior de expresar su tesoro, aquel que lleva grabado en su semilla y continúa el quienes somos detrás de todas las construcciones fundadas en el ego, es lo que nos lleva a vivir en un constante cálculo y nos impide expresar el centro de nuestro ser, nuestra alma (May, 2003).

Es decir, el tema de servir al otro en la búsqueda de su propia alma viene del propio proceso de individuación y es como un algo que te empuja, como dice Patricia May La tradición mesoamericana dice que todo niño nace con una piedra preciosa en el centro de su corazón, y esto me hace recordar el significado de vocación que viene de vocare y que quiere decir voz que habla (May, 2003).

Con relación a este tema Joseph B. Wheelwright, doctor en medicina y analista jungiano por más de 40 años, expresó: Nunca me he alejado de la idea de que ser analista jungiano es una vocación , no una elección profesional. Me asombra encontrar candidatos que apenas tienen un compromiso total en relación a su propio crecimiento psíquico y a la gente con quién trabajan (Spiegelman et al.,
1990) .

Como señalaba anteriormente, pareciera ser que aparte de tener una vocación para recibir al otro en el trabajo de psicoterapia, se irían desplegando o desarrollando en él algunas actitudes que en cierta
forma son características de la Psicología Analítica.

Actitudes desde la perspectiva fenomenológica-analitica

De la lectura del trabajo de varios terapeutas junguianos (Spiegelman et al., 1990), tuve la experiencia de corroborar el cómo éstos van adquiriendo con la práctica algunas de las actitudes que revisamos en
el Seminario La Práctica de la Psicoterapia, desde la perspectiva fenomenológica y en el contexto de la psicoterapia.

La Actitud de Humildad
Cuando uno conversa o lee sobre la experiencia de terapeutas que llevan muchos años haciendo psicoterapia, se puede observar el cómo ellos aseguran que el poder de curación está en el paciente y
no en cuán experto sea el terapeuta. Esto es paradojal con la tendencia de los terapeutas que están comenzando en la práctica de la psicoterapia (donde me incluyo), en que se manifiesta la angustia de querer saber y poder controlar la mayor cantidad de variables posibles con el objeto de dar respuesta a las inquietudes y sufrimientos del paciente.

Cito textual a continuación a uno de ellos, Adolf Guggenbuhl-Craig, doctor en medicina:
Así pues……… en la terapia hago muy poca cosa. Para empezar no prometo curar a nadie. Escucho al paciente e intento formarme una somera idea de quién es, escuchando sus relatos externos e internos…. Me interesa mucho su pasado cultural, social, etnológico y religioso…..interpreto los sueños, las fantasías, los acontecimientos, pero sobre todo con imágenes, no con conceptos. Amplío más que interpreto. Intento no dar consejos, aunque los pacientes los esperan. (Spiegelman et al., 1990).

En esta actitud de humildad se va logrando entender que el paciente mantiene su propio sanador interno en la sombra, pero potencialmente disponible. Esto es muy bello, pues nos habla de una psicología que
al hacer consciente esto, está poniendo en el otro la capacidad de poder seguir viviendo haciéndose cargo de su vida, de una forma autónoma y madura.

Actitud de Ignorancia
Cuando utilizo el concepto de ignorancia me refiero a que el terapeuta no puede creer tener el control de todos los factores que entran en juego en la psicoterapia, no sólo en relación a la teoría propiamente tal, sino también a ser capaz de admitir los errores que se puedan cometer. El analista Mario Jacoby señala:

Yo suelo tratar de escribir algunas notas por la tarde sobre el contenido y el ambiente de cada una de las sesiones. Principalmente intento reconstruir y retener los momentos y las circunstancias en las que me he sentido indiscreto, como un intruso, pasándome de la raya, moralista, falto de ánimo, o simplemente utilizando intervenciones rutinarias vacías, etc. Creo que, como analistas, necesitamos afrontar los patinazos que cometemos, pero con la suficiente tolerancia ante el hecho de que no podemos ser unos analistas ideales. (Spiegelman et al., 1990)

Esta actitud es la que nos hace estar seguros de que ningún análisis es capaz de desterrar para siempre
la inconsciencia. El analista debe seguir aprendiendo perpetuamente y nunca olvidar que cada caso nuevo revela nuevos problemas y así da origen a suposiciones inconscientes que jamás se han constelado.

Actitud fenomenológica o experiencial frente al objeto de estudio
La Psicología Analítica trata de entender el fenómeno de la vida psíquica respetando la integridad de la experiencia, y su sentido. Para esto, a pesar de existir diversos supuestos teóricos en la base, son eliminados tanto como sea posible al estar frente a frente con el paciente en el proceso terapéutico.

La antropóloga Patricia May lo dice de una forma muy hermosa: es como volver a las cosas mismas, implica una actitud hospitalaria que es sensible a lo que habita en lo oculto (May, 2003). En la voz de
J. Wheelwright, analista jungiano: La relación analista – paciente constituye el punto crucial, y lucho duramente para tratar de describir como Dios manda qué es lo que hago. Trato de no ser tan diferente dentro de mi consulta de cómo soy con mi familia o mis amigos. No utilizo ningún tipo de fachada o de técnica. He aprendido a tratar la terapia como una relación, un proceso, y trato firmemente de dejar mis teorías fuera de este proceso porque no quiero que nada interfiera en mi experiencia inmediata. (Spiegelman et al., 1990)

Reflexiones finales

En este artículo he tratado de exponer algunos conceptos e ideas que me parecen cruciales para llegar a ser un terapeuta en la línea de la Psicología Analítica y, porqué no decirlo, en cualquier línea. He tratado de acentuar la similitud encontrada entre los conceptos vistos en el Seminario y algunos relatos directos de psicoterapeutas junguianos que han trabajado durante décadas, y han desarrollado estas formas de concebir la realidad y el concepto de lo que un paciente es y lo que realmente se espera que suceda en la psicoterapia.

Cuando supe que Jung tenía en su puerta una imagen de Filemón como signo de apertura hacia el inconsciente, me maravilló pues esa imagen representa todas las actitudes que hemos desarrollado en este trabajo. También es una apertura hacia el descubrir la vocación y seguir el llamado, y también abrir la propia herida para que otro pueda sanarse, y continuar en este proceso de individuación.

Quisiera recalcar que la imagen del sanador herido me parece que deja fuera el aspecto positivo y que omite las risas y la sensación positiva de ayudar al otro cuando emergen aspectos importantes a la consciencia.

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