Conclusiones

Hemos dicho que lo paranormal es una dimensión de la experiencia humana que tiene la capacidad de alentar el desarrollo transpersonal. Las experiencias paranormales pueden movilizar esa transformación llevando al individuo a considerar el significado de la realidad más amplia o más profunda que trasciende el mundo del yo ordinario y de sus preocupaciones habituales.

Pero hay muchos casos, sin embargo, en los que las experiencias paranormales (por más que puedan tener un efecto trasladador) no tienen ningún efecto transformador sobre el individuo y pueden llegar incluso a provocar regresiones a modalidades más rudimentarias de pensamiento supersticioso y mágico. Por ello no podemos decir si una experiencia paranormal es prepersonal o transpersonal centrándonos tan sólo en su contenido o en su contexto fenomenológico. Tal distinción sólo puede hacerse considerando las consecuencias prepersonales o transpersonales que la experiencia tenga para el experimentador.

Aunque la psicología transpersonal y la parapsicología difieran en la perspectiva filosófica y metodológica con la que contemplan el fenómeno paranormal, cada una de ellas puede enriquecerse del reconocimiento y la comprensión proporcionadas por la otra.

 

Michael Daniels

 

(1) Después de varias semanas, Jung acabó recuperándose y pudo sentarse por vez primera el 4 de Abril de 1944. Aquel mismo día su doctor enfermó, muriendo a los pocos días. Jung se sintió muy culpable por esta situación, porque creía haber engañado a la muerte que, en su lugar, se había llevado al pobre doctor. Para Jung, la simetría numerológica de la fecha (4-4-44) era también una sincronicidad muy significativa. Su trabajo en los últimos años se centró fundamentalmente en explorar el arquetipo de la cuaternidad, al que consideraba una expresión de la totalidad, el equilibrio y la autorrealización

(2) Una de las experiencias paranormales más interesantes y celebradas de Jung fue una acalorada discusión con Freud sobre el tema de la precognición y la parapsicología que tuvo lugar durante la segunda visita a la casa de Freud en Viena. “Mientras Freud exponía sus argumentos, yo tenía una curiosa sensación. Era como si mi diafragma fuese de hierro y estuviera calentándose hasta llegar a incandescencia. En aquel mismo instante se oyó un fuerte crujido procedente de la librería, que estaba junto a nosotros y los dos nos asustamos, creyendo que estaba a punto de desplomarse sobre nosotros. Entonces le dije a Freud: