-Éste es un ejemplo de exteriorización de los llamados fenómenos catalíticos.

-¡Bah! –replicó Freud- ¡Eso es absurdo!

-¡No lo es! Contesté. Se equivoca, Herr Profesor. Y, para demostrar que tengo razón, le predigo ahora que no tardaremos en escuchar otro crujido y, apenas acabé de pronunciar esa frase, volvió a oírse un nuevo ruido… Freud me miró, visiblemente espantado”.

 

 

Ref.: Sombra, Yo y Espíritu, Ed. Kairós, Barcelona, 2008.