La diferencia del enfoque existente, en este sentido, entre la psicología transpersonal y la parapsicología refleja la diferencia básica señalada por Allport (1955) entre los abordajes psicológicos humanísticos (es decir, hermenéuticos) y positivistas (es decir, experimentales). Así, el psicólogo transpersonal está interesado en el sentido y en el significado personal, mientras que el parapsicólogo lo está en la información y en el significado estadístico. Otra forma muy útil de entender estas diferencias de enfoque tiene que ver con el modelo de los cuatro cuadrantes de Wilber. Según esta interpretación, la psicología transpersonal (al menos en su sentido más estricto) es, básicamente, una disciplina individual-interior, aunque también pueda extenderse a la dimensión colectiva-interior. Por ejemplo, un psicólogo transpersonal puede estudiar los aspectos fenomenológicos y estructurales de la ECM (individual-interior), pero estar también interesado en el modo como las diferentes culturas viven la ECM (colectivo-interior). La parapsicología, por su parte, es, básicamente, una disciplina positivista individual-exterior, en la que los fenómenos se ven validados con datos públicamente verificables.

Disciplinas transpersonales y parapsicología en el modelo de los cuadrantes:

INTERIOR EXTERIOR
INDIVIDUAL -Psicología transpersonal-Aspectos del la parapsicología (por ejemplo, investigación sobre fantasmas) -Parapsicología (especialmente investigación de laboratorio)
COLECTIVO -Psicología transpersonal-Sociología transpersonal-Antropología transpersonal -Sociología transpersonal-Antropología transpersonal-Aspectos de la parapsicología (investigación sobre apariciones y poltergeists)

Hacia un enfoque integral

Una de las principales implicaciones del modelo de los cuatro cuadrantes de Wilber es la importancia de tener en cuenta los cuatro cuadrantes y buscar, en última instancia, la integración de los diferentes enfoques del conocimiento. Quizás lo más interesante, en lo que respecta a las relaciones existentes entre la psicología transpersonal y la parapsicología, sería que cada disciplina reconociese la validez y la importancia de las contribuciones realizadas por la otra. En mi opinión, la investigación parapsicológica realizada en sus áreas de interés sólo puede beneficiar al psicólogo transpersonal. Aunque rara vez sea concluyente, la evidencia proporcionada por la investigación parapsicológica, por ejemplo, puede abrir la mente de las personas a realidades que no pueden explicarse fácilmente desde una perspectiva estrictamente materialista. En este sentido, la parapsicología podría apoyar la visión transpersonal (Tart, 1997 y 2004). Dicho más concretamente: la evidencia de la investigación parapsicológica puede sugerir el camino que debe seguir la investigación de los aspectos transformadores de las experiencias paranormales. La evidencia, por ejemplo, de los efectos psicoquinéticos inducidos por la participación de muchas personas en el tipo de consciencia compartida que tiene lugar en grandes eventos (Radin, 1977, http://noosphere.princeton.edu/) podría estimular a los psicólogos transpersonales a investigar los efectos transformadores que puede producir la participación en tales eventos.

La parapsicología, por su parte, también podría beneficiarse, del mismo modo, de una comprensión más completa de las facetas fenomenológicas, estructurales y espirituales de las experiencias que suele investigar, puesto que ello no sólo alienta el desarrollo metodológico, sino que también proporciona sugerencias adicionales sobre posibles estudios empíricos. La evidencia proporcionada en este sentido por la psicología transpersonal acerca de los efectos transformadores del yoga, de la meditación, de la plegaria, el ritual o de la visualización guiada puede movilizar, por ejemplo, a los parapsicólogos a investigar si este tipo de actividades favorecen la emergencia de los fenómenos paranormales.

Charles Tart es uno de los pocos investigadores contemporáneos destacados tanto en el campo de la parapsicología como en el de la psicología transpersonal y quizás también sea, por ello mismo, el que más se ha esforzado en establecer un puente entre ambas disciplinas. En su intento por ser aceptados en la comunidad científica, los parapsicólogos han eludido, en su opinión, las implicaciones y dimensiones espirituales de su investigación (y también, en consecuencia, de la psicología transpersonal). Los psicólogos transpersonales, por su parte, se han desinteresado de la parapsicología debido a su énfasis en la metodología a expensas del significado. En opinión de Tart, sin embargo, la psicología transpersonal necesita a la parapsicología para arraigar sus especulaciones en la realidad. De este modo, la parapsicología puede ayudar a refrenar la especulación metafísica en la que suele incurrir la psicología transpersonal, mientras que la parapsicología, por su parte, necesita a la psicología transpersonal para poner de relieve el sentido y el significado de sus datos. “Necesitamos, pues, una parapsicología que sea rigurosa, pero mucho más significativa, y una psicología transpersonal que sea significativa, pero se asiente en una base más rigurosa y en descubrimientos científicos que la hagan más eficaz y discriminativa” (Tart).

Conclusiones

Hemos dicho que lo paranormal es una dimensión de la experiencia humana que tiene la capacidad de alentar el desarrollo transpersonal. Las experiencias paranormales pueden movilizar esa transformación llevando al individuo a considerar el significado de la realidad más amplia o más profunda que trasciende el mundo del yo ordinario y de sus preocupaciones habituales.

Pero hay muchos casos, sin embargo, en los que las experiencias paranormales (por más que puedan tener un efecto trasladador) no tienen ningún efecto transformador sobre el individuo y pueden llegar incluso a provocar regresiones a modalidades más rudimentarias de pensamiento supersticioso y mágico. Por ello no podemos decir si una experiencia paranormal es prepersonal o transpersonal centrándonos tan sólo en su contenido o en su contexto fenomenológico. Tal distinción sólo puede hacerse considerando las consecuencias prepersonales o transpersonales que la experiencia tenga para el experimentador.

Aunque la psicología transpersonal y la parapsicología difieran en la perspectiva filosófica y metodológica con la que contemplan el fenómeno paranormal, cada una de ellas puede enriquecerse del reconocimiento y la comprensión proporcionadas por la otra.

 

Michael Daniels

 

(1) Después de varias semanas, Jung acabó recuperándose y pudo sentarse por vez primera el 4 de Abril de 1944. Aquel mismo día su doctor enfermó, muriendo a los pocos días. Jung se sintió muy culpable por esta situación, porque creía haber engañado a la muerte que, en su lugar, se había llevado al pobre doctor. Para Jung, la simetría numerológica de la fecha (4-4-44) era también una sincronicidad muy significativa. Su trabajo en los últimos años se centró fundamentalmente en explorar el arquetipo de la cuaternidad, al que consideraba una expresión de la totalidad, el equilibrio y la autorrealización

(2) Una de las experiencias paranormales más interesantes y celebradas de Jung fue una acalorada discusión con Freud sobre el tema de la precognición y la parapsicología que tuvo lugar durante la segunda visita a la casa de Freud en Viena. “Mientras Freud exponía sus argumentos, yo tenía una curiosa sensación. Era como si mi diafragma fuese de hierro y estuviera calentándose hasta llegar a incandescencia. En aquel mismo instante se oyó un fuerte crujido procedente de la librería, que estaba junto a nosotros y los dos nos asustamos, creyendo que estaba a punto de desplomarse sobre nosotros. Entonces le dije a Freud:

-Éste es un ejemplo de exteriorización de los llamados fenómenos catalíticos.

-¡Bah! –replicó Freud- ¡Eso es absurdo!

-¡No lo es! Contesté. Se equivoca, Herr Profesor. Y, para demostrar que tengo razón, le predigo ahora que no tardaremos en escuchar otro crujido y, apenas acabé de pronunciar esa frase, volvió a oírse un nuevo ruido… Freud me miró, visiblemente espantado”.

 

 

Ref.: Sombra, Yo y Espíritu, Ed. Kairós, Barcelona, 2008.

 

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