Penetra, Señor, a través de todas las habitaciones de esta casa de la memoria. Abre cada puerta cerrada
y mira dentro de cada armario y de cada cajón y ve si queda allí algún objeto sucio y quebrado que ya no es necesario en la vida presente. Si es así, oh Señor, échalo fuera definitivamente. Te doy gracias porque esta es la promesa de las Escrituras: “Tan lejos como el Este está del Oeste, así tan lejos Él ha removido nuestras transgresiones de nosotros” (Salmos, 103, 12). Mira. Señor, cualquier recuerdo que pueda venir desde la mente profunda al meditar estas palabras. y que tu misericordia colme a este, Tu siervo, con el perdón otorgado tanto tiempo atrás sobre el Calvario.

Penetra en la habitación de los niños en esta casa del recuerdo, aún hasta los años de la primera infancia. Aquí también abre las ventanas largo tiempo cerradas y deja entrar el gentil rayo de sol de tu amor. Aquí más que en ninguna parte, Señor, haz que cada cosa sea limpia y hermosa. Toma una escoba de misericordia y barre hacia afuera toda la suciedad que hubiera en el suelo, aun la confusión, el horror y la vergüenza de antiguos recuerdos, tal vez de pecados infantiles, tal vez pecados de los padres, esos padres que deberían haber sido como Dios mismo para el niño y que no lo fueron. Toma un paño limpio, Señor, y sacude todo polvo y quita toda mancha de las paredes y de los muebles. Purifica a este, tu niño, con un hisopo, oh Señor, porque el corazón tiene que ser limpiado. Lávalo para que el alma que fue creada a tu imagen pueda quedar más limpia que la nieve. Mira dentro de los armarios y debajo de los muebles y ve si quedan algunos juguetes rotos y sucios, algunos viejos y manchados harapos de recuerdos que, seguramente, no son necesarios en la vida adulta. Si es así, Señor, tíralos fuera con tu amor redentor para que su peso deje de aplastar el alma.

Sigue a este, tu niño, retrocediendo hasta la hora del nacimiento y sánalo aun de la pena y del temor de nacer en este mundo oscuro. Restaura en el alma aquella brillante remembranza de tu Ser eterno, que no es exactamente un recuerdo, sino un inconsciente anhelo de la radiante eternidad de la cual ha nacido. Y si aun antes del nacimiento el alma fue ensombrecida por los temores o penas de sus padres, entonces yo te ruego que aun esos recuerdos o impresiones puedan ser sanados, de modo que ella sea restaurada según
tu modelo original y quede tan libre y tan limpia como si nada hubiera opacado su brillantez. Así te ruego, Señor, que restablezcas esta alma como Tú la hiciste e incentives y despiertes en ella todos aquellos impulsos e ideas creativas que Tú colocaste en su interior, de modo que cualquiera que haya sido tu propósito para su humano peregrinaje, que ese propósito sea realizado.