El nacimiento de la filosofía y su hija la ciencia, en Grecia, alrededor del siglo VI a. C., se pone de manifiesto por una reflexión del hombre sobre el valor de sus mitos básicos. El pensamiento racional, lineal, discursivo, que divide, clasifica y ordena, va a diferenciarse del pensamiento mítico, globalizante, irracional. Estos dos modos de pensar no son incompatibles. Son opuestos, antagonistas y complementarios. Poco a poco, en nuestro mundo occidental, el estudio del mundo exterior, físico, material, va a separarse del mundo interior, mítico, espiritual. La unidad del mundo se dividirá en sagrado y profano.

En el siglo XVII se establecen las reglas del método científico, presuponiendo la distinción sujeto/objeto con la cual la ciencia va a desarrollarse hasta principios del siglo XX. Los científicos occidentales sólo se interesarán por el mundo material, confundiendo “distinguir” con “separar”. Durante un tiempo la causalidad lineal esconderá la finalidad.

Descartes había propuesto un modelo del universo-máquina constituido de elementos independientes articulados unos con otros. Aunque seguramente él no confundía el universo mismo con su representación de él, no todos sus sucesores tuvieron la misma prudencia, y los científicos comenzaron a descubrir los constituyentes elementales de la materia cuyo conocimiento permitiría explicarlo todo, Aunque este método permitió un formidable avance científico, condujo al hombre occidental a vivir en una completa disociación psíquica. Esta actitud reduccionista Ilevó a una fragmentación de las disciplinas: física, química, biología, bioquímica, neurología, fisiología, psicología, sociología, etc., trabajando cada una de ellas de modo independiente, sin intercambios ni contactos con las otras. Actualmente, las ciencias están redescubriendo que su objetivo común es el estudio del universo, habitado por el hombre, autor de la ciencia.

Entre 1925-26, el biólogo vienés Ludwig von Bertalanffy constató que el enfoque mecanicista prevaleciente parecía descuidar o incluso rechazar cuanto hay de esencial en el fenómeno de la vida. Preconizó una concepción orgánica de la biología, poniendo en evidencia la importancia del organismo considerado como un todo o un sistema, dando por objetivo principal el descubrimiento de los principios de la organización a todos los niveles.

A fines de los años cuarenta, desarrolló su conocida Teoría General de Sistemas, que describe las formas de vida como sistemas complejos organizados que interactúan con sus ambientes. En lugar de analizar rigurosamente algunos fenómenos como moléculas o células separadamente con la consiguiente exclusión de otros, es decir de las sociedades, Von Bertalanffy consideró el carácter interconectado de estos sistemas abiertos naturales. Su estrategia era buscar semejanzas en el modo cómo las partes y el todo funcionan en forma integrada. Definió los sistemas abiertos por su estado constante que se logra gracias a un cambio permanente de materia que se refleja en un continuo e incesante proceso de demolición y reconstrucción de sus componentes. Es decir, son sistemas que se auto-sostienen, se auto-mantienen y se auto-reparan.

A este estado uniforme lo denominó equilibrio fluyente. Numerosas investigaciones contemporáneas a través de sofisticados estudios de medición nos señalan que esta renovación permanente, este flujo y reflujo, se producen en el organismo en un grado y una velocidad que antes apenas se podía sospechar. Un organismo crece en tanto el proceso de construcción predomine, y se estabiliza cuando ambos procesos están en estado de equilibrio fluyente.

Este esquema nos orienta al concepto de morfología dinámica. Las formas orgánicas no son rígidas sino la expresión de una corriente de acontecer. A través de ciertas leyes se puede predecir la curva de crecimiento de un organismo, así como calcular la velocidad de renovación proteica a partir de ella.

Jung apenas conoció la formulación de la Teoría de Sistemas, pero toda su obra es una puesta en práctica anticipada de este pensamiento sistémico, nuevo paradigma para entrar en la Era de Acuario. Debemos deplorar que esto sea tan poco reconocido, salvo por los físicos que – como Pauli – han constatado que la psicología de las profundidades y las investigaciones sobre la micro-materia los conducían a resultados muy parecidos.

Toda actividad podría ser el estudio experimental de la estructura de la consciencia, todo depende desde qué punto de vista nos situemos. Precisamente, los físicos han elegido desde principios del siglo XX un punto de vista que les permite experimentar esa estructura en un cambio completo de actitud, mejor dicho, de nivel de consciencia. Entre las herramientas conceptuales adoptadas para eso figura la Teoría de Sistemas, junto con la aventura de la mecánica cuántica, la teoría de los quanta de Planck y la Teoría de la Relatividad de Einstein.

En su Teoría, Einstein pasó de una representación de tres dimensiones del espacio a una representación de cuatro dimensiones con el espacio-tiempo. Del mismo modo, Jung estructuraba la psique según cuatro funciones, consistiendo el proceso de individuación en diferenciar e integrar las cuatro funciones, en particular la que había permanecido en la sombra.

Podríamos decir entonces que todo sistema abierto puede estudiarse en términos comparados, de modo que sea posible mostrar cómo los diferentes sistemas, en general, reciben, transforman y entregan o intercambian información o energía en un proceso de cambio constante.

Tras las investigaciones clínicas de los aspectos materiales o sistemas biofísicos parte una nueva línea de investigación, ya que el ser humano constituye una totalidad psicofísica, por lo tanto, se hace imprescindible aproximarse a las ciencias que nos hablan de la conducta humana.

Prescindiendo de las necesidades inmediatas, el hombre vive en un Mundo de símbolos. Esto hace muy claro que lo que determina la conducta humana más allá de los impulsos de supervivencia son los bienes simbólicos como posición social, riqueza, satisfacción de intereses personales, producción científica o artística y el cumplimiento de normas éticas.

El campo de los valores humanos es más bien un sistema de normas simbólicas dentro de un marco cultural histórico social y religioso. Este campo es fundamental en el desarrollo de lo inherentemente humano, al punto que tanto el estrés como las enfermedades mentales son producto principalmente de la construcción de sociedades competitivas hasta el grado de una extenuación sin sentido.

Basta sólo una rápida mirada para darnos cuenta de que en lugar de una economía de las necesidades, actualmente tenemos una economía de la opulencia que artificiosamente se sostiene gracias al uso poco ético de técnicas psicológicas de promoción publicitaria, aplicables masivamente a intereses comerciales y políticos. El resultado es sustituir propósitos genuinos, que se plantean en la comunidad o en el hombre individual, por reflejos condicionados propios del hombre masa.

Para esta teoría, los valores también son sistemas independientes de contexto. Esto significa que es probable que cambien con las circunstancias que los rodean a tal punto que, mirado desde esta óptica científica, nuestros sistemas de valores están sometidos al pensamiento fatuo y a las reacciones en cadena de razonamientos que se vuelven super críticos cuando no protegemos los frágiles conceptos éticos y leyes morales. Von Bertalanffy describe a la humanidad como un conjunto de “sistemas dentro de sistemas cuyos diversos niveles de complejidad a menudo confunden a nuestro sistema moral”,

La idea de que somos un mundo de sistemas diversos cuyas operaciones están sujetas a los caprichos del contexto, nos coloca en una situación incómoda. Nuestras acciones y conocimientos están rodeados de una terrible incertidumbre, lo que desemboca en una vida precaria y agotadora. Es especialmente angustioso para quienes creen que sólo las mejores creaciones y las buenas acciones son las más representativas de nuestra naturaleza. En realidad, todos los conceptos y objetos de nuestra creación son claves de nuestra naturaleza, tanto de la destructiva y letal como de la constructiva y bondadosa.

Al comentar las perplejidades en las que nos sumergen los sistemas complejos, podríamos extrapolar que lo que diferencia los misiles teledirigidos de los seres humanos es nuestra capacidad para organizarnos a nosotros mismos, desde el nivel genético hasta el de los pensamientos. Nuestro código genético es lo bastante sensible como para guiarnos en nuestro tumultuoso desarrollo. Esta es la milagrosa diferencia entre el funcionamiento de nuestras creaciones y nuestro funcionamiento como creadores. Sin el código genético que nos da información durante nuestro desarrollo, y sin la intervención de nuestra mente para modificar nuestra voluntad o dar forma a valores, habría poca diferencia entre nuestras acciones y las de un computador programado para el desastre. En concordancia con esto, Hampden-Turner expresa: “Para trascender las disciplinas académicas hostiles y luchar contra los sistemas internacionales, debemos desarrollar sistemas generales auto-organizadores de relaciones simbólicas que concilien el empirismo con la dialéctica, las clases, las razas y especie humana con sus ambientes.”

Quienes concuerdan con las teorías de Von Bertalanffy, ven el mundo como grupos de relaciones armonizadas que se deben entender contextualmente. Según el filósofo Ervin Laszlo. “la teoría contemporánea de los sistemas generales procura encontrar rasgos comunes, en términos de aspectos compartidos de organización, descubriendo las pautas repetitivas de la organización y evaluándolas como otras tantas variaciones de un tema común”. Tenemos que concentrarnos en el modo cómo los sistemas auto-organizados operan en relación con otras organizaciones de sistemas. Este conocimiento ilumina adicionalmente la relación con el ambiente que conforma nuestro mundo interior.

De esta concepción surge la idea de que muchos sistemas individuales se combinan para dar forma a uno o más super-sistemas. A su vez, ellos configuran organizaciones y sistemas más complejos, todos completamente integrados. Este proceso de agregación podría describirse como la formación de una red, que comienza con muchas piezas pero con poca coordinación. Finalmente, esas piezas se combinan armónicamente como partes de un sistema en evolución. Cada parte del sistema – según Laszlo conserva una individualidad propia”, Existe como un sub-ensamblaje dentro de un todo mayor. Los sistemas dentro de otros sistemas pueden tener su propia autonomía y libertad de decisión.

Frente a esa visión tan gris que nos presenta con frecuencia el mundo de los medios de comunicación, donde constantemente se exponen los innumerables procesos auto-destructivos propios de la casi total identificación del hombre masa con los niveles elementales de la personalidad, encontramos que, por el contrario, el vivir todos los hechos, incluso el más cotidiano, de un modo constantemente nuevo, intenso y lleno de sentido, nos acerca a expresar verdades superiores. Así, si un individuo puede lograr vivir sintonizado e integrado con las energías primordiales que animan su personalidad, alejándose de esta manera de los condicionamientos artificiales, puede llegar a constituirse en la personalidad creadora descrita por A, Maslow. Esta creatividad no se aprende, es el resultado de encontrarse a sí mismo, viviendo conscientemente todas las experiencias que la vida nos depara.

Si pensamos que cada individuo es parte de otro super-sistema, podríamos entender lo significativo que podría ser el aumento de nivel de consciencia de un ser humano con respecto a su familia, ciudad, país, etc.

Por cierto que hay que tener en claro que la identidad personal nos lleva a una responsabilidad personal, pero más trascendente nos debe parecer la identidad grupal, porque es allí donde se producen los procesos de interrelación naturales de todo sistema con todas las responsabilidades que esto implica. Tener consciencia de nuestra presencia grupal quizás sea lo más trascendente en la evolución de grandes grupos y, por consiguiente, de la humanidad.

Como otra forma de acercarnos al concepto de sistemas, Humberto Maturana nos entrega el concepto de auto-poyesis como una propiedad básica de los sistemas vivos. El autor, a través del análisis de la comunicación y el lenguaje, logra interpretar la cognición, no como conocimiento de un mundo objetivo externo que existe en forma independiente de nosotros, sino como un acoplamiento estructural adecuado del sistema viviente al nicho ecológico. “Vivir es conocer, lo humano es conversar, lo que nos permite vivir en redes de conversaciones que constituyen culturas. De modo que, en último término, cada vida humana se vive en el espacio psíquico, espiritual o mental que le da el carácter propio de la cultura a la que ese ser humano pertenece, modulando su propio vivir individual. Tal espacio no es un espacio de objetos, es un espacio de relaciones con nosotros mismos, con otros y con el mundo en general. Así, cualquiera sea el espacio psíquico, mental, espiritual que hayamos vivido, siempre tendremos la posibilidad de cambiarlo a través de la reflexión.”

Esta visión teórica nos muestra la posibilidad de cambiar el mundo a partir de nuestro cambio individual, ya que nuestro mundo del lenguaje simbólico siempre está abierto a nuevas aproximaciones. Por eso no debemos olvidar que la totalidad de estas teorías, y cada una en particular, sólo son aproximaciones de la mente humana a una totalidad insondable e indescriptible de la cual somos parte. De todas formas, es fundamental concluir en que el cambio de cualquier partícula de un sistema afecta la conducta de este último, y este a su vez provoca cambios en el sistema mayor que lo incluye, tanto en los aspectos creativos como en los destructivos propios de la vida sistémica. Si consideramos a la humanidad como un sistema en evolución, resulta impactante darse cuenta de la implicancia que tiene el que algunos de sus integrantes – que ya han logrado una personalidad estable – crucen el umbral hacia lo transpersonal. El cambio de nivel de consciencia de estos individuos indudablemente logrará profundos cambios en la sociedad, la cultura, la política, la educación, el arte, la psicología, la salud y, en general, en la totalidad de los planteamientos humanos,

La única manera de que realmente se manifiesten grandes cambios en esta humanidad sufriente, es empezar por el crecimiento individual, siendo siempre el primer paso el conocerse a sí mismo con miras a unirse con otros para, por fin, vivir la trascendencia de sentirse parte de algo más grande…

Patricia Zárraga

Más Información:
Bertalanffy, L. Von.- Concepción Biológica del Cosmos.- Universidad de Chile.
Laszlo, Erwin.- Emergencia de Teorías Unificadas en Ciencias.- Revista Alcione N 10
Maslow, Abraham.- La Personalidad Creadora.- Kairós
Maturana y Varela.- El Árbol del Conocimiento.- Editorial Universitaria

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