Hay una respuesta clásica: es porque somos occidentales . 0 porque está escrito en la Biblia que debemos dominar la tierra. Se ha dicho a menudo esto, y hay probablemente una parte de verdad. Es el famoso: Creced, multiplicaos y dominad la Tierra. En el crecimiento estamos de acuerdo; multiplicarse diablos!, hay demasiada multiplicación; y dominad la Tierra es la catástrofe, se la domina en exceso. Así, pues, hemos verdaderamente obedecido a la letra este versículo del Génesis. Si buscáramos en la Biblia todos aquellos versículos que no hemos obedecido , haríamos una colección extraordinaria. Pero, quién se acuerda que el Génesis, capitulo primero, tomando las tradiciones más antiguas, fue escrito en Babilonia por un autor que veía al pueblo judío en un estado de decadencia total? Hace tres mil años que se sigue la historia de Israel, pero su período más sombrío fue el del siglo VI a. C., en Babilonia, cuando estaba aplastado completamente por Nabucodonosor y algunos otros predecesores de Sadam Hussein. Este es entonces un texto que, como todos los textos, es necesario colocar en su contexto y comprender que apuntaba a galvanizar las energías de un pueblo que había perdido su tierra, sus raíces, y su existencia como pueblo. No viene al caso reprocharle que se hubiera trazado un programa tan ambicioso. Los que han perdido todo tratan de recuperarlo todo. En efecto, es fácil descargar en los judíos de hace 2.500 años nuestros errores actuales. Encuentro que es una práctica que tiende a que nos lavemos las manos de nuestras propias faltas. Y si continúo citando textos, encuentro en Exequiel (Ex 18. 2) una frase que todos conocemos: Los padres han comido las uvas verdes, pero son los dientes de los hijos los que sufren de dentera, lo que deja suponer que ellos son portadores legítimos de las culpas de sus padres. Pero Exequiel agrega substancialmente: Ah, no machaquen más ese refrán; sólo los que han pecado son responsables. Se pasa ya en esa época de la responsabilidad colectiva a la individual. Creo que no es razonable cargar a quien sea las faltas que nosotros cometemos hoy día. No tenemos necesidad de mirar hacia atrás lo que han hecho nuestros padres, puesto que nosotros lo hacemos peor. Nosotros destruimos más, y más rápido.

Es absolutamente necesario recordar algunos principios de la Tradición judeocristiana, lo que no está precisamente de moda. Pensemos en el Arca de Noé. Por qué hubo diluvio en el Génesis? Porque toda carne se había vuelto malvada, todo ser viviente estaba pervertido, el hombre inclusive. En consecuencia, se salva todo al mismo tiempo, se mete todo en el Arca: los animales y los hombres. Y a la salida del Arca hay una nueva alianza, muy explícita, Dios hizo alianza con el hombre y con todas las bestias. El texto lo dice : incluso con las bestias salvajes. Porque la creación es efectivamente la unidad eterna, como lo pensaba Paracelso . Pero nuestros conceptos y nuestras prácticas occidentales son dominados por la concepción ultrajante que tenemos de una naturaleza material , sin vida, insensible. El momento ha llegado de recordar lo que nos enseña esta tradición bíblica, porque creo que los pueblos que reniegan de su Tradición son extremadamente vulnerables.

A través de las plantas medicinales , y de otras materias, siempre he podido verificar cuánta verdad hay en las tradiciones. No debemos creer que la tradición occidental no tiene ningún interés, y que no podemos encontrar la verdad sino en Oriente, como en Lao-tse, con su maravilloso Tao Te King. En la tradición judía hubo exactamente la misma idea: que la naturaleza y el hombre están ligados por siempre, aun después de la muerte, pues así como habrá entonces un nuevo Cielo, habrá también una nueva Tierra. Los judíos son incapaces de imaginar un ser sutil que no tenga cuerpo – aunque fuese un cuerpo transformado – y que no esté sobre una Tierra, aunque fuese otra Tierra. Esta idea de la unidad eterna, y aun sempiterna , de la naturaleza y del hombre, es una de las grandes fuerzas del Occidente. Por qué ir a buscarla lejos? Nosotros la hemos tenido siempre, aunque la hemos perdido en el camino. Es el tiempo preciso para recuperarla. Hace falta meditar nuestra propia tradición y tratar de recobrar lo que siempre aprendimos de nuestros antepasados . No habrá desarrollo sustentable si no podemos concertar esta nueva alianza con la naturaleza. Ha sido la alianza de nuestros padres, y de los padres de nuestros padres. Ella ha sido traicionada mil veces y mil veces renovada, y quisiéramos que fuera en adelante definitivamente sellada. El punto de partida es una nueva alianza de los hombres entre ellos, aceptando su diversidad, en algo más que el progreso, tal como se lo define en la mitología actual, y en otra cosa que la economía , tal como se la define en los conceptos actuales. En su concepción actual, ella es mortífera. Esto debiera hacerse tanto a nivel de las personas como a nivel de los pueblos y de las culturas. Hemos visto en la Guerra del Golfo un conflicto regido por el método inmemorial del lenguaje de las armas. Todo sucede como si no hubiéramos aprendido nada, salvo que las armas son más sofisticadas. Cuándo podremos imaginar una alianza que acalle la voz de las armas terminando con ellas? Pero para eso es necesario no fabricarlas más. Es obvio que entonces habría cesantes. Es necesario terminar con estos razonamientos dementes. Vivimos continuamente con razonamientos falsos, justificaciones al nivel de una proclama de candidato político. Hará falta detener la fabricación de armas, dedicar esas sumas fabulosas a otras cosas que estén en pro de la vida. Pienso que esto es lo que está en juego hoy y en el tercer milenio.

Jean-Marie Pelt.

Traducido y extractado por Viola Fishman de
Reveu 3e Millénaire, N 23
París.

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