Nuestra figura interior de víctima, herida y desamparada, a veces es rescatada por la reflexión interior, cuando se reconoce también al victimizador interior. Podemos ser victimizados por cualquiera de nuestras insensateces, defectos de carácter, errores de previsión o de juicio y traiciones a uno mismo. Podemos ser víctimas de cualquier deidad o poder arquetípico cuyos servicios hayamos descuidado: Eros se mofa de nosotros con insaciables deseos, Saturno retiene como rehenes en la cárcel de la depresión a nuestra alegría y libertad, Hera nos vuelve locos por la monogamia, Afrodita nos tortura con los celos y la inseguridad del amor.

Pero la victima interior no siempre ha de ser rescatada: de hecho, una vez rescatada, ya no es una verdadera víctima. Esa figura interior, sufriente y desamparada, obtiene su sentido precisamente de su sufrimiento y su desamparo: es esta aceptación de la limitación y vulnerabilidad humanas lo que se ofrece como sacrificio a los poderes, deidades, dioses o arquetipos que gobiernan la vida psíquica. Tal vez el arquetipo de la víctima, con la infinita soledad de su dolor, sea la imagen que tiene el mayor conocimiento (gnosis) de lo que significa ser humano. Conocer a la sagrada víctima en uno mismo es experimentar finitud y el carácter destinal de la vida que permiten someternos a la propia humanidad, sacrificando el deseo tan humano de ser dios en todas las cosas.

Lynn Cowan

Traducido y extractado por Farid Azael de
Lynn Cowan.- Masochismo, a Jungian View

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