El primero es sintiendo el movimiento interior que acompaña a la decisión. Si es un movimiento del tipo flecha recta, un movimiento de fidelidad a sí mismo, a lo mejor de sí, la decisión va en el sentido del crecimiento del ser y es buena. Si es un movimiento de flecha de vuelta, movimiento de búsqueda de sí, de replegarse en sí mismo, la decisión no va en el sentido del crecimiento del ser y es mala.

El segundo medio es anticipar la decisión. Es decir, suponer que se toma la decisión que parece más atractiva y preguntarse: cómo me sentiría luego ? Si se experimenta un sentimiento de paz, de calma, de satisfacción, la decisión es buena. Porque una decisión tomada en la línea del ser hace que uno se sienta apacible, a gusto. En cambio, si se experimenta un sentimiento de insatisfacción, de molestia, la decisión es mala porque no está en armonía con el ser.

Esto no significa que la decisión que nos deja en paz sea siempre la más fácil. Además, debemos hacer las siguientes observaciones:

Si la conciencia duda y nada nos apresura, diferir la decisión y dejarla madurar. Continuar lo que uno está haciendo. No cambiar de orientación hasta que no se tenga la evidencia de que hay que hacerlo.

b) – El aprendizaje es laborioso

El método es simple. La puesta en marcha lo es menos. Al comienzo uno tantea, luego poco a poco se adquiere seguridad y el análisis se vuelve rápido. Poco a poco, igualmente, se extiende el uso de este método a una cantidad de actos cada vez más numerosos.

Y llega el momento donde se vuelve un reflejo para todas las decisiones. La
personalidad gana entonces mucho en seguridad y estabilidad.

André Rochais.

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Apuntes Curso PRH.
86 Poitiers
France.