Esta clarificación permite conocerse y readecuarse.

b) – Edad psicológica y niveles de conciencia

La evolución psicológica y moral de un ser no sigue necesariamente a la evolución biológica. Incluso se pueden tener comportamientos infantiles o de adolescentes a los 50 años. Se pueden caracterizar las etapas de la evolución psicológica en referencia al funcionamiento de la conciencia predominante:

La infancia se caracteriza por el predominio de la conciencia socializada. La adolescencia comienza por el rechazo de la conciencia socializada y el inicio de la conciencia cerebral. La edad adulta se caracteriza por el predominio de la conciencia cerebral.

Por último el sabio es aquel que ha sabido tomar distancia respecto a los demás y a sí mismo y que habitualmente se refiere a su conciencia profunda para actuar.

Uno puede tener una edad psicológica diferente según las etapas de su vida. Por ejemplo, se puede ser adulto en la vida profesional, infantil en la vida religiosa y adolescente en las relaciones familiares y políticas. Claramente la unidad no se ha realizado, no se ha alcanzado la estabilidad, la madurez.

c) – No podemos ahorrarnos la fase adolescente.

Esta fase se caracteriza por el rechazo de la conciencia socializada y el deseo de gobernarse a sí mismo de acuerdo al ideal de sí que uno se ha forjado entonces. Es una fase de tanteos en la búsqueda de sí y de su idea. Vendrá una estabilización y esta será la fase adulta.

Cuando un adulto infantil toma conciencia de su dependencia de los demás y de su incapacidad para dirigir su propia vida, pasa inevitablemente por una fase adolescente en la que rechaza las restricciones anteriores y a aquellos que se las han impuesto.

Es importante que el entorno esté consciente de lo que sucede a fin de no dramatizar. Es preciso entonces actuar con él como con un adolescente: no obstinarse, dejar pasar las crisis de cólera o de agresividad, respetar la libertad que se afirma, mantenerse firme en lo que uno considera el bien general, y sobre todo alegrarse de este progreso de personalidad, incluso si es difícil de vivir.