Dentro del campo energético humano yace el nivel del hara, en el que almacenamos nuestras intenciones. Estas tienen una importancia enorme en el proceso creativo. Cuando poseemos intenciones inconscientes, mixtas u opuestas, luchamos contra nosotros mismos e interrumpimos el proceso creativo. Cuando aprendemos a alinear nuestras intenciones no sólo con nosotros, sino también con el grupo próximo de personas con las que trabajamos, alineamos las intenciones de nuestro grupo próximo con las del grupo más amplio al que sirve y así sucesivamente, sacando partido a unas aptitudes creativas enormes.

Detrás del nivel del hara está la dimensión del núcleo central de nuestro ser, o lo que yo llamo el nivel de la estrella del núcleo. Este es el nivel de nuestra fuente interna, o de la divinidad localizada dentro de nosotros. Es de esta fuente interior de donde mana toda la creatividad.

Todo el proceso creativo natural requiere la salida de energías y consciencia de la estrella del núcleo hacia esas cuatro dimensiones. Un cambio permanente en cualquier dimensión exige un cambio en su base, que reside en la dimensión inmediatamente inferior. En consecuencia, desde la perspectiva de la curación, si deseamos pasar nuestro cuerpo o cualquier parte del mismo, como por ejemplo un órgano, desde un estado insano a un estado sano, debemos trabajar con las energías subyacentes que constituyen los cimientos del cuerpo. Debemos explorar y trabajar con cada una de las cuatro dimensiones. Empezaremos por el nivel aural, el campo energético humano.

Este campo de energía vital ha sido explorado, investigado y utilizado con fines diversos a lo largo de la historia. Esta exploración comenzó mucho antes de que aprendiéramos el método científico, y ha continuado desde entonces. Los científicos de hoy en día llaman a los campos de energía medible asociados a sistemas biológicos campos bioenergéticos. Por otro lado, los términos aura y campo energético humano son utilizados por los sanadores. Es importante efectuar aquí una distinción, por cuanto se han medido los campos bioenergéticos en laboratorios, mientras que el aura o campos energéticos humanos se conocen a partir de las observaciones personales y clínicas de personas que recurrieron a la elevada percepción sensorial. En el primer caso, la información medida está limitada por el estado del instrumental, mientras que en el segundo, la información medida está limitada por la claridad y coherencia del observador con la EPS. En mi opinión, las mediciones del campo bioenergético mantienen una intensa correlación con las observaciones de la EPS.