Cuando un pensamiento surge en la mente, nos apegamos a él como a un hijo nuestro. Nos sentimos como si fuéramos la madre de nuestros pensamientos, pero eso es una trampa que nos juega la mente. En efecto, si vigilamos cuidadosamente y tratamos de permanecer desapegados, podemos ver que cada pensamiento surge y se va sin una conexión sustancial con el que le sigue. Los pensamientos tienden a ser erráticos, a saltar de una cosa a otra, como canguros. Cada pensamiento tiene su propio carácter. Algunos son lentos, otros, rápidos; un pensamiento puede ser positivo, el otro, negativo. Pasan unos tras otros, como los automóviles en una carretera. En una muy rápida sucesión, cada uno se adelanta apenas el anterior se desvanece.

Puesto que un pensamiento conduce al próximo, parece como si tuvieran una dirección; pero, a pesar de la sensación de movimiento, no hay una genuina progresión. Son como el cinematógrafo: aunque hay una sensación de continuidad, esta es sólo una ilusión creada por la proyección de una serie de imágenes similares, aunque individuales.

Cuando surge un pensamiento o idea particular, empieza a tomar forma como una criatura en el útero. Se desarrolla por un rato dentro de nosotros, luego nace como una idea plenamente formada. Tan pronto como el pensamiento emerge, da un grito y tenemos que hacernos cargo de él. Los pensamientos son muy difíciles y exigentes. Necesitamos aprender a manejarlos en forma adecuada.

Vigilando cuidadosamente nuestros pensamientos, podemos aprender a experimentarlos directamente apenas surgen. Quedándonos gentil y astutamente junto a cada uno, podemos experimentar los diferentes modelos y matices que adoptan. Esto es lo que significa vivenciar la experiencia interna o, realmente, llegar a ser la experiencia.

Es importante la concentración cuando tratamos de hacer contacto con la energía que hay dentro de cada pensamiento; pero una concentración forzada no es efectiva, Puede funcionar durante muy cortos períodos de tiempo, pero siguen apareciendo nuevos pensamientos y la concentración vacila. Tenemos apenas medio-tratado un pensamiento cuando viene otro, y otro más. Para evitar esto, es importante guiar la mente con gentileza hacia un punto único en que pueda concentrarse plenamente en la experiencia interna de
cada pensamiento. A través de una suave disciplina, podremos desarrollar y expandir gradualmente esta concentración.