Para llegar a ello, debemos aprender a mantener nuestro estado de alerta en el momento presente y, simplemente ser, sin crear ninguna separación entre nuestro ego y el pensamiento. Esta es la manera de cortar a través -o penetrar- un pensamiento. Tratando de analizarlo o aferrarlo, siempre permaneceremos fuera de él. Pero los pensamientos no están fuera de nosotros, en realidad no están en ninguna parte. Son como burbujas surgiendo en el océano. Dentro de ellos hay una claridad ligera y fresca. Es importante contactar la naturaleza interna del pensamiento mismo.

Lo que llamamos lucidez discriminativa es diferente de nuestra discriminación ordinaria. Es una manera intuitiva de cortar a través de nuestra dependencia de palabras y conceptos. Ella nos da otra manera de ver, otro punto de vista desde donde vivenciar la experiencia. La consciencia humana puede ver usualmente una o dos dimensiones al mismo tiempo, pero con esta visión profunda, pasado, presente y futuro se unen en un solo espacio. Todas las dimensiones pueden ser vistas de una sola vez.

Para expandir el pensamiento, primero te das cuenta de que uno de ellos está viniendo. Dejas que tu consciencia entre en él, encuentre su núcleo -el que es una quieta lucidez dentro del pensamiento- eso es ver. El pensamiento mismo está basado en esa lucidez, sin ella no habría pensamientos. Cuando contactes esa lucidez, o energía, expándela tanto como puedas. Haz de esto un ejercicio. 0 si no, míralo de esta manera: un pensamiento está aquí, el próximo todavía no ha llegado; en el mismo momento en que
ese pensamiento se ha ido, quédate en ese espacio antes que el próximo venga. Eso es expandir. Practica de esa forma. Tan pronto como un concepto se vaya, ese es el lugar donde te quedas. Cuida de no apegarte al pensamiento ido porque eso atrae el siguiente. Eso congelaría la meditación, Deja que los pensamientos se vayan, el sostenerlos interrumpe la meditación.

Permanecer en el espacio entre pensamientos es dejar caer cualquier intento forzado de concentración y aprender cómo no hacer esfuerzo. Cuando tú dejas ir cualquier idea de premeditación -aun en un nivel mental muy sutil- entonces tu meditación fluye muy naturalmente sin enfocar ninguna forma particular. De esta manera, tu mente se transforma en espacio; tu consciencia y el espacio llegan a ser uno. La lucidez es luz y la consciencia es espacio. Sin espacio no puede haber luz.