Kabir dice:
Al conocerla, el ignorante se convierte en sabio
y el sabio se queda mudo, en silenciosa adoración.
El adorador se embriaga totalmente.
Su sabiduría y su desprendimiento son perfectos.
Bebe en la copa de las inspiraciones y de las aspiraciones del amor.
Allí todo el cielo se llena de armonías,
y la música suena sin cuerdas y sin pulsaciones.
Allí no cesa nunca el juego de la alegría y del dolor.

Kabir dice:
Si te sumerges en el océano de vida,
vivirás en el país de la suprema felicidad.
¡Qué frenesí de éxtasis contiene cada hora!
El adorador exprime y bebe la esencia de las horas.
Vive con la vida de Brahma…
Digo la verdad, porque acepté la verdad en mi vida.
Estoy consagrado a la verdad,
porque ahuyenté lejos de mí todas las falsas apariencias.

Kabir dice:
Así se libra el adorador de todo miedo,
así lo abandonan todas las ideas erróneas
sobre la vida y la muerte.
Allí el cielo se llena de música.
Allí llueve néctar.
Allí vibran las cuerdas del arpa y suenan los tambores.
¡Qué secreto esplendor irradia ese castillo del cielo!
Ya no hay amaneceres ni puestas de sol.
En el océano de revelaciones que es la luz del amor,
el día y la noche no forman más que uno.
Alegría eterna; ni dolor, ni luchas.
Allí he bebido, llena hasta los bordes,
la copa de la dicha, de la dicha perfecta.
No hay lugar allí para el error.

Kabir dice:
Allí he sido testigo de los juegos de la única felicidad.
He conocido en mí mismo el juego del universo;
he escapado al error de este mundo.
Lo externo y lo interno se han hecho para mí
un solo cielo.
Lo infinito y lo finito se han unido.
Me embriago con la visión del Todo.

La luz invade el universo; es la lámpara del amor,
ardiendo en el candelero del saber.

Kabir dice:
Allí no puede deslizarse error alguno,
y ya no existe el conflicto de la vida con la muerte.

XVIII
La región central del cielo, donde el espíritu reposa,
está radiante de una música de luz.
Allí florece la pura y cándida armonía,
donde mi Señor halla sus delicias.
En el prodigioso esplendor de su cabellera
piérdese el fulgor de millones de soles y de lunas.

Kabir dice:
Ven, ¡oh Dharmadas!
y contempla el triunfo de mi Señor omnipotente.
¿Dónde la acción y el reposo en esa ribera?
No hay agua a la vista, ni barco ni marino.
No hay ni una sola cuerda para empujar el barco,
ni hombre alguno para sirgar.
Ni tierra, ni cielo, ni tiempo;
nada existe ahí: ni río ni ribera.
No hay ahí ni cuerpo ni espíritu.
¿Dónde podrías aplacar la sed de tu alma?
Nada encontrarás en esta nada.
Sé fuerte y vuélvete a ti mismo.
Ahí te hallarás en tierra firme.
Considera esto, ¡oh corazón mío!
No vayas a ninguna otra parte.

XIX
¡Oh corazón mío!
El Espíritu Supremo, el Dueño omnipotente,
está junto a ti.
¡Despierta, despiértate!
Corre a echarte a los pies de tu Bienamado,
pues tu Señor está muy cerca.
Estuviste dormido durante siglos innumerables,
¿y no quieres despertar esta mañana?

XX
¿Qué ribera quieres alcanzar, corazón mío?
Ningún viajero ante ti.
Ningún camino.

Kabir dice:
Rechaza toda imaginación y fortalécete en lo que eres.

XXI
Cada morada enciende sus lámparas.
Como eres ciego, no las ves.
Un día tus ojos se abrirán de pronto y verás,
y las cadenas de la muerte caerán por sí solas.
Nada qué decir, nada qué escuchar, nada qué hacer.
Aquel que vive, aunque muerto, no morirá jamás.
Porque vive en soledad dice el asceta
que su casa está muy lejos.
Tu Señor está junto a ti, y sin embargo
trepas a lo alto de la palmera para buscarlo.
El sacerdote brahmán va de casa en casa
para iniciar al pueblo en la fe.
Pero ¡ay!, la verdadera fuente de vida está a tu lado,
mientras te pones a adorar la piedra
que tú mismo levantaste.

Kabir dice:
No puedo decir cuán adorable es mi Señor.
El ascetismo, el rosario, las virtudes y los vicios,
nada de todo ello existe para Él.

XXII
Mi corazón suspira, ¡oh hermano!,
por el verdadero Dueño que llena la copa del amor
para ofrecérmela, tras de haber bebido.
Levanta el velo y Brahma se revela a mis ojos.
Descubre en Él los mundos
y me hace oír la música misteriosa.
Me muestra que las alegrías y las penas
son una misma cosa.
Todas sus palabras están llenas de amor.

Kabir dice:
En verdad, nada ha de temer
quien posea semejante Dueño
para llevarlo a seguro refugio.

XXIII
Las sombras de la noche caen espesas y profundas;
ensombrecen el corazón,
y envuelven al cuerpo y al espíritu.
Abre tu ventana al poniente
y piérdete en el cielo del amor.
Bebe la miel azucarada
que destilan los pétalos del loto del corazón.
Déjate penetrar en las olas del mar.
¡Húndete en su esplendor!
Escucha y oye el rumor
de las caracolas y de las campanas.

Kabir dice:
Contempla, ¡oh hermano!,
al Señor en ese vaso que es mi cuerpo.

XXIV
Llevo en el fondo del corazón aquel amor
que me hace vivir en este mundo una vida sin límites.
Así vive el loto en el agua, y en el agua florece,
aunque el agua no pueda tocar sus pétalos
abiertos por sobre su nivel.
Así vive la esposa que penetra en las llamas de la pira,
al mandato del amor.
Arde y deja gemir a sus compañeras,
pero jamás deshonra al amor.
Difícil es cruzar el océano del mundo;
sus aguas son muy profundas.

Kabir dice:
Óyeme, ¡oh Santo hombre!
Pocos son los que logran llegar a la otra orilla.

XXV
Mi Señor se oculta y, ah maravilla,
mi Señor se revela.
Mi Señor me aherroja duramente,
y mi Señor hace que caigan mis cadenas.
Mi Señor me trae voces de tristeza y voces de alegría,
y es Él mismo quien dosifica los contrastes.
Ofrendaré a mi Señor mi cuerpo y mi espíritu.
Daré mi vida antes que olvidar a mi Señor.

XXVI
Todas las cosas son creadas por Dios.
El Amor es Su cuerpo.
No tiene forma ni cualidad ni decadencia.
Trata de unirte a Él.
Ese Dios indeterminado
toma millares de formas a los ojos de las criaturas:
es puro e indestructible.
Su forma es infinita e insondable.
Danza extasiado,
y Su danza describe mil formas vaporosas.
El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad
cuando los toca Su gozo infinito.
Está inmerso en toda conciencia,
en todo júbilo, en todo dolor.
No tiene principio ni fin.
Contiénese entero en su Beatitud.

XXVII
La misericordia de mi verdadero Maestro
es la que me ha dado a conocer lo desconocido.
Por Él sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas,
beber sin labios, volar sin alas.
En el país donde no hay ni sol, ni luna, ni noche, ni día, he amado y he meditado.
Sin comer, he saboreado la dulzura del néctar;
sin agua, he aplacado mi sed.
El gozo compartido es la plenitud del gozo.
¿Ante quién podría expresarse jamás?

Kabir dice:
Mi Maestro es más grande que los mundos,
e inmensa la buena ventura de su discípulo.

XXVIII
Ante lo incondicionado danza lo condicionado.
“Tú y yo no somos más que uno”,
proclaman las trompetas.
El Maestro avanza y saluda a su discípulo:
tal es la mayor de las maravillas.

XXIX
Gorakhmatte le pregunta a Kabir:
-Dime, ¡oh Kabir!, ¿cuándo comenzó tu vocación?
¿Dónde nació tu amor?

Kabir responde:
-Cuando Aquel, cuyas formas son múltiples,
aún no había empezado su representación;
cuando no había ni maestro ni discípulo;
cuando todavía no existía el mundo;
cuando el Uno supremo estaba solo,
entonces fue cuando me hice asceta;
entonces, ¡oh, Gorakh!
Brahma atrajo mi corazón hacia Él.
Cuando me instruí en la doctrina de los ascetas,
Brahma no estaba coronado, ni Vishnú ungido de rey,
ni había nacido aún la potencia de Shiva.
Fue en Benarés donde tuve una revelación repentina,
y Ramananda me iluminó.
Traía conmigo la sed del infinito,
he acudido a la cita de mi Dios.
Con toda simplicidad me uniré con la simple Unidad.
Y surgirá mi amor.
¡Marcha, oh, Gorakh, al ritmo de esa música!

XXX
Sobre ese árbol hay un ave;
danza en el gozo de la vida.
Nadie sabe dónde está.
¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción?
Entre lo más espeso y sombrío del ramaje,
allí tiene su nido.
Viene de noche y echa a volar por la mañana.
Yo no la comprendo.
Nadie puede decirme qué ave es esa,
la que canta en mi alma.
Sus plumas no tienen color, ni dejan de tenerlo.
No tiene forma ni perfil. Se guarece a la sombra del amor.
Duerme en el seno de lo inaccesible,
de lo infinito y de lo eterno,
y nadie sabe cuándo echa a volar,
nadie sabe cuándo ha de volver.

Kabir dice:
Profundo es el misterio, ¡oh santo hermano!
Deja que los sabios descubran la morada del ave.

XXXI
Día y noche me apesadumbra una cruel angustia
y no puedo dormir.
Suspiro pensando
en la cita que ha de darme mi Bienamado,
y ya no siento el placer de vivir en la casa paterna.
Las puertas del cielo están abiertas;
entro en el templo;
encuentro a mi Esposo,
y deposito a sus pies la ofrenda de mi cuerpo
y de mi espíritu.

XXXII
¡Danza, corazón mío! Danza hoy de gozo.
Los cánticos de amor
llenan de música los días y las noches,
y el mundo vive atento a sus melodías.
Locas de júbilo, la vida y la muerte
danzan al ritmo de esa música.
Los montes, el océano y la tierra danzan.
Entre sollozos y carcajadas, la humanidad danza.
Tu Señor está en ti;
¿a qué abrir los ojos hacia el mundo exterior?

Kabir dice:
Óyeme, hermano mío:
mi Señor me ha arrebatado
y me ha unido a Él.

XXXIII
¿Cómo podría quebrarse el amor que nos une?
Cual hoja de loto reposando sobre el agua,
así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.
Cual el ave nocturna contempla la luna en la noche,
así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.
Desde el comienzo hasta el fin de los tiempos
está el amor entre Tú y yo.
¿Cómo podría extinguirse ese amor?

Kabir dice:
Cual el río penetra en el océano,
así mi corazón penetra en ti.

XXXIV
¡Tristes están mi espíritu y mi cuerpo!
Te necesitan.
Ven a mi casa, ¡oh mi Bienamado!
Cuando me llaman “tu prometida”,
me avergüenzo de que mi corazón
aún no haya poseído tu corazón
¿Qué amor es pues este, amor mío?
No tengo hambre, no tengo sueño;
nunca hallo reposo, ni en Él ni fuera de Él.
Como el agua para el sediento,
así es el Novio para la novia.
¿Quién le llevará el mensaje a mi Bienamado?
Kabir está angustiado.
Agoniza de no haberlo visto.

XXXV
¡Despierta, oh amiga, no duermas más!
Se acabó la noche; ¿quieres perder también la jornada?
Otras que despertaron a tiempo ya recibieron sus joyas.
Todo lo perdiste tú, ¡oh loca!, durante el sueño.
Tu Amado es prudente, y tú insensata, ¡oh mujer!
nunca preparaste el lecho de tu esposo.
Te pasaste los días en inútiles juegos.
Tu juventud se ha marchitado en vano,
puesto que no has conocido a tu Señor.
¡Despierta, despiértate!
Mira: tu lecho está vacío.
Durante la noche Él te ha abandonado.

Kabir dice:
Sólo despierta aquella cuyo corazón
está traspasado por las flechas de su palabra.

XXXVI
Cuando el sol brilla, ¿dónde está la noche?
Y es de noche cuando el sol ha retirado su luz.
Donde hay conocimiento, ¿puede persistir la ignorancia?
Y si hay ignorancia, el conocimiento debe perecer.
Si hay lujuria, ¿cómo puede haber amor?
Donde está el amor no existe la lujuria.
Empuña la espada y corre a la batalla.
Combate, ¡oh hermano!, mientras dure tu vida.
Corta la cabeza de tu enemigo,
para darle así una muerte rápida.
Vuélvete luego,
para inclinar la frente ante el triunfo de tu Rey.
El hombre valiente no abandona jamás el combate;
el que huye no es un verdadero combatiente.
En el coto cerrado de nuestro cuerpo
se libra una gran guerra contra las pasiones,
la cólera, el orgullo, y la envidia.
Donde más arrecia la batalla es en el Reino de la Verdad,
del contentamiento y de la pureza,
y la espada más activa es la tizona que lleva su nombre.

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