Kabir dice:
Cuando un valeroso caballero entra en lucha,
la multitud de los cobardes se pone en fuga.
Denodado y áspero combate el que libra
aquel que busca la Verdad.
Su voto es más difícil de cumplir que el del guerrero
o el de la viuda que quiere reunirse con su esposo.
Pues el guerrero combate durante unas horas,
y la lucha de la vida con la muerte concluye muy pronto.
Pero la batalla de aquel que busca la Verdad
prosigue día y noche,
y no cesa mientras dura su vida.

XXXVII
La cerradura del error cierra la cancela:
ábrela con la llave del amor.
Al abrir la puerta, despertarás al Bienamado.

Kabir dice:
No pases, ¡oh hermano!,
sin aprovechar tan buena ventura.

XXXVIII
El cuerpo, ¡oh amigo!, es Su lira.
Tiende las cuerdas y hace sonar la melodía de Brahma.
Si las clavijas se aflojan o las cuerdas se rompen,
entonces, instrumento de polvo,
vuelve el cuerpo al polvo.

Kabir dice:
Sólo Brahma y ningún otro
puede crear semejantes melodías.

XXXIX
Amo muy de veras
a quien puede devolver su hogar al viajero extraviado.
En el hogar está la verdadera unión,
en el hogar está la dicha de la vida.
¿Por qué abandonar mi hogar,
para andar errante por el bosque?
Si Brahma me hace alcanzar la verdad,
hallaré en el hogar la servidumbre
y la libertad a un tiempo.
Amo a quien tiene el poder
de hundirse profundamente en el seno de Brahma,
a quien posee la facultad de sumirse en contemplación.
Amo a quien conoce a Brahma
y puede quedarse en meditación
sobre su suprema Verdad.
Amo a quien puede ejecutar la melodía del infinito,
uniendo en su vida el amor y el sacrificio.

Kabir dice:
El hogar es la morada verdadera;
en el hogar está lo real,
el hogar hace que alcancemos a Aquel que es realidad.
Quédate, pues, donde estás,
y todo lo tendrás a su tiempo.

XL
Nada mejor, ¡oh, santo hombre!,
que unirse simplemente a Él.
Desde el día en que hallé a mi Dios,
los juegos de nuestro amor ya no han cesado.
No cierro los ojos, no tapo mis oídos,
miro con los ojos muy abiertos, sonrío,
y por doquiera contemplo Su hermosura.
Murmuro su nombre, y todo cuanto veo me habla de Él.
Todos mis actos constituyen un culto que rindo a mi Dios.
La aurora y el crepúsculo me parecen iguales.
Las contradicciones ya no existen para mí.
Por doquiera que voy, en Él me afano.
Todo cuanto hago, lo hago en Su servicio.
Al acostarme me prosterno a Sus pies.
Sólo Él es adorable a mis ojos; no conozco otro.
De mi boca ya no salen palabras impuras.
Día y noche canto Sus alabanzas.
De pie o sentado, no puedo olvidarlo,
porque el ritmo de Su canción
lo llevo en mis oídos.

Kabir dice:
Un gozo frenético abrasa mi corazón,
y descubre todos los misterios ocultos en mi alma.
Estoy sumergido en una inmensa felicidad,
que supera toda alegría y todo dolor.

XLI
En los baños sagrados no hay más que agua,
y sé de su ineficacia, pues me he bañado en ellos.
Las sagradas imágenes carecen de vida,
no pueden hablar;
lo sé, puesto que las he convocado a gritos.
Los Puranas y el Corán no son más que palabras;
aparté el velo y lo vi.

Kabir deja que hable la experiencia;
todo el resto es mentira,
lo sabe muy bien.

XLII
Me río cuando oigo decir
que el pez tiene sed en el agua.
No alcanzas a ver que lo real está en tu hogar,
y andas errante de bosque en bosque.
¡En ti está la Verdad!
Donde quiera que vayas, a Benarés o a Mathura,
si no encuentras tu alma,
el mundo no tendrá realidad para ti.

XLIII
El pendón oculto se halla izado
en el templo del cielo.
Allí se despliega el baldaquín azul,
adornado de luna y constelado de brillantes.
Allí brillan la luz del sol y de la luna.
Sosiégate, alma,
y contempla ese esplendor en silencio.

Kabir dice:
Quien bebe de ese néctar cae en el delirio.

XLIV
¿Quién eres? ¿Y de dónde vienes?
¿Dónde reside el Espíritu Supremo,
y cómo puede mezclarse
en todos los juegos de la Creación?
El fuego está en la madera;
pero ¿quién lo despierta de súbito?
La madera conviértese en cenizas,
¿y adónde va la fuerza del fuego?
El verdadero Maestro nos enseña
que el Espíritu no tiene límites ni fin.

Kabir dice:
Brahma adapta su palabra
a la inteligencia de sus oyentes.

XLV
¡Oh, santo!, purifica tu cuerpo
con toda simplicidad.
Como el grano está en el bananero,
como las flores, los frutos
y la sombra de las hojas están en el grano,
así el germen está en el cuerpo,
y en ese germen el cuerpo se encuentra a sí mismo.
El fuego, el aire, el agua, la tierra y el éter
no están fuera de Él.
Considera esto, ¡oh Kazi, oh Pundit!
¿Qué cosa hay que no esté en nuestra alma?
El cántaro lleno de agua flota en el agua,
contiene agua y está rodeado de agua.
No hay que darle a esto nombre alguno,
no vaya a despertarse el error del dualismo.

Kabir dice:
Escucha la palabra, la verdadera, que es tu esencia;
Él se dice la palabra a Sí mismo,
y Él mismo es el Creador.

XLVI
Es un árbol extraño;
crece sin raíces, y lleva frutos sin haber dado flores.
No tiene ramas ni hojas; es un loto puro.
En él cantan dos aves:
una es el Maestro, la otra su discípulo.
El discípulo escoge los abundantes frutos de la vida
y los saborea;
el Maestro lo contempla gozoso.

Lo que Kabir dice es difícil de comprender:
El ave no puede ser alcanzada
aunque resulta claramente visible.
El que no tiene forma está en el seno de todas las formas.

XLVII
He aplacado la angustia de mi alma
y mi corazón se regocija.
En el estado en que estoy, he visto al Supremo Camarada.
Permaneciendo esclavo, me liberé;
me desprendí de las garras de toda mezquindad.

Kabir dice:
Alcancé lo inaccesible,
y en mi corazón tornasolan los colores del amor.

XLVIII
Lo que tú ves no existe,
y para lo que existe no tienes palabras.
A menos de ver, no crees;
lo que te dicen no puedes admitirlo.
Quien tiene discernimiento aprende por las palabras,
y el ignorante se queda con la boca abierta.
Algunos contemplan lo Informe
y otros meditan sobre la forma;
pero el sabio entiende
que Brahma está por encima de ambos.
La hermosura de Brahma no puede verse con los ojos.
La vibración de su palabra no puede llegar hasta el oído.

Kabir dice:
Aquel que ha encontrado a la vez el amor y el sacrificio
no se abisma jamás en la muerte.

XLIX
La flauta del Infinito toca sin jamás interrumpirse,
y canta Su amor.
Cuando el Amor renuncia a todo límite,
alcanza la Verdad.
¡Cuán lejos se esparce su perfume!
No tiene fin; ningún obstáculo se le opone.
La forma de su melodía
brilla como un millón de soles.
La vina hace vibrar incomparablemente
las notas de la verdad.

L
¡Me acucia, caro amigo, encontrar a mi Bienamado!
Mi juventud ha florecido,
y el dolor de verme separada de Él me oprime el seno.
Yerro sin rumbo por los senderos del saber,
aunque he recibido noticias Suyas
a través de esos senderos.
Tengo una carta de mi Bienamado;
en esa carta hay un mensaje inefable,
y ahora ya no le temo a la muerte.
Kabir dice:
¡Oh, mi caro amigo! He recibido como presente
al Único Inmortal.

LI
Cuando estoy separada de mi Bienamado
mi corazón se llena de tristeza.
Ningún reposo durante el día,
ningún sueño durante la noche.
¿A quién confiaré mis penas?
La noche es oscura.
Las horas transcurren sin que Él vuelva.
La ausencia de mi Señor
hace que me estremezca y tiemble de miedo.

Kabir dice:
¡Oyeme, amiga mía!
No hay júbilo como el de encontrar al Bienamado.

LII
¿Qué flauta es esa cuya música me llena de alegría?
La llama arde sin lámpara.
El loto florece sin raíces.
Las flores se abren en los claustros.
El ave nocturna vuela hacia la luna.
El ave de lluvia apetece la lluvia.
Pero, ¿a qué amor consagra su vida el eternal Amante?

LIII
¿No has oído los acordes de la misteriosa música?
En medio de la cámara suena,
gentil y dulcemente pulsada,
el arpa de la dicha.
No hay que salir para escucharla.
Si no has saboreado el néctar del Único Amor,
¿de qué servirá purificarte de toda mancha?
El kazi investiga el sentido de los versículos del Corán
e instruye a los hombres;
pero si su corazón no está anegado en el amor divino,
¿de qué le servirá ser maestro?
El yogui tiñe de rojo sus vestiduras;
pero si no conoce los colores del amor,
¿de qué le servirá el color de sus vestidos?

Kabir dice:
Ya esté en el templo o en el balcón de mi morada,
en un campo o en un jardín de flores,
os digo, en verdad,
que en todo momento mi Señor se deleita conmigo.

LIV
¡Sutil es el sendero del amor!
No hay en él preguntas ni silencios;
toda criatura se aniquila a sus pies,
se hunde en el gozo de buscarlo a El,
se sumerge en las profundidades de su amor,
como el pez en el agua.
El enamorado siempre está dispuesto
a ofrecer su vida en servicio de su Señor.
Kabir revela el secreto de ese amor.

LV
Es verdadero Santo
aquel que puede revelar a ojos humanos
la forma de lo informe.
Es verdadero Santo
aquel que enseña el camino simple
que ha de seguirse para alcanzarlo a Él,
sin ocuparse de ritos ni de ceremonias.
Es verdadero Santo
aquel que no te hace cerrar las puertas,
ni retener el aliento,
ni renunciar al mundo;
el que te hace ver al Espíritu Supremo
doquiera haya inteligencia;
el que te enseña a conservar la calma
en medio de la actividad.
Inmerso para siempre en la felicidad,
y sin temor alguno en el corazón,
el Santo mantiene, en medio de los placeres,
la armonía de su vida.
La infinita presencia del Ser infinito está en todas partes:
en la tierra, en el agua, en el cielo, en el aire.
Tan firme como el trueno, la sede del buscador
se halla establecida por sobre el vacío del espacio.
El que está en el interior está en el exterior.
Lo veo a Él, y a ningún otro.

LVI
Recibe la palabra de donde surgió el universo.
Esta palabra es: Maestro.
La he escuchado y me he convertido en discípulo.
¿Cuántos son los que han comprendido esta palabra?
Trata tú de comprenderla, ¡oh, Santo!
Los Vedas y los Puranas la proclaman.
El mundo se asienta en ella.
Los rishis y los devotos la dicen,
pero nadie conoce su misterio.
El padre de familia abandona su hogar cuando la escucha.
Los seis filósofos la comentan.
El espíritu de renunciación emana de ella.
De esa palabra nació el mundo de las formas.
Esa palabra lo revela todo.

Kabir dice:
¡Pero quién sabe de dónde viene esa palabra!

LVII
¡Vacía la copa!
¡Embriágate!
¡Bebe el divino néctar de Su nombre!

Kabir dice:
Óyeme, querido Sadhu:
desde la coronilla a la planta de los pies,
el hombre está envenenado por la inteligencia.

LVIII
Si no conoces a tu propio Señor,
¿de qué te enorgulleces?
Renuncia a toda elocuencia;
jamás te unirán a Él las simples palabras.
No te dejes engañar por el testimonio de las Escrituras.
El amor difiere mucho de la letra,
y el que con toda sinceridad lo busca, lo encuentra.

LIX
La dulzura de vagar
sobre el océano de la vida inmortal,
me ha liberado de todo vano parloteo.
Como el árbol está en el grano,
todos los males están en la charlatanería.

LX
Cuando al fin hayas encontrado
el océano de la felicidad,
no te vayas sediento.
Vuelve en ti y no seas loco;
la muerte te acecha.
Aquí tienes, ante ti, el agua pura.
Bébela hasta saciarte.
No persigas el espejismo;
ten sed de néctar.
Dhruva, Prahlad y Shukadeva bebieron de él.
Raidas lo probó.
Los santos se embriagan de amor, tienen sed de amor.

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