1.- Claridad sobre innumerables situaciones de la vida cotidiana. Esto es muy positivo en el plano de las relaciones personales, donde a través de la comprensión de los sueños se puede lograr afirmación de la sexualidad, distinción de la cólera, superación del temor, de la falta de comunicación, etc. Así las relaciones con los otros se volverán más honestas, abiertas e interesantes. Jung señala que sobre los compañeros íntimos se proyecta la sombra, esto es, la parte que es rechazada o no aceptada de uno mismo; de igual manera sucede en las relaciones parentales, Es decir, proyectamos todas aquellas cosas que no hemos podido integrar, pero que persisten en el subconsciente o en el inconsciente. Al trabajar los sueños recuperamos” ese material para nuestro consciente lo que, al igual que otros métodos de crecimiento, va provocando una limpieza de nuestra atmósfera psíquica y un alivio de la tensión innecesaria. Si logramos dialogar con esos padres interiores u otras figuras arquetípicas que deambulan en los escenarios oníricos, podremos encontrar nuestros verdaderos valores potenciales y modos de vivir la vida, más allá de lo aprendido, copiado o introyectado.

2.- Otro logro importante sería la construcción del Ego Creativo. Una parte de nuestra personalidad funciona como ego, toma las decisiones y es portador de nuestra continuidad de consciencia, de la consciencia de lo que somos y de lo que es la vida. Si este ego se aplica a las técnicas de seguimiento del ego del sueño – que es el símbolo más común en los sueños – podremos encontrar conductas creativas, enfrentando directamente al adversario, expresando emociones profundas, explorando territorios, personas y situaciones nuevas. El resultado es que podemos lograr relacionarnos de un modo nuevo, más libres, con mayores recursos. Practicamos primero con el ego del sueño, y una vez incorporado lo probamos en el mundo exterior, recurriendo a nuevas maneras de actuar y de elegir.

3.- En otro aspecto, este trabajo logra cambiar las pautas arquetípicas. Jung nos dice que el concepto arquetipo” se deriva de la observación repetida de ciertos motivos que se encuentran también en los mitos, cuentos y arte de todos los tiempos. Estos motivos se hallan igualmente en las fantasías, sueños, delirios e imaginación de los hombres actuales, como remanentes arcaicos o ideas primordiales de la raza. En sí los arquetipos son vacíos, ya que no tienen una representación específica. Se hereda el concepto subyacente a cualquier manifestación o expresión con la que se los vea en un momento o época dada. El arquetipo es un conjunto fundamental de energía que se vierte a través de una forma en determinada circunstancia. Al trabajar los sueños, se moviliza la energía de los arquetipos presentes en casi todos ellos. Ahí se puede apreciar cómo se bloquea o se expresa la energía de la vida, y cómo su liberación puede provocar auténticas curaciones, con su consecuente bienestar, sensación de realización y vitalidad
desconocidas.