En la segunda acepción, Yoga es el conjunto de técnicas precisas y sistemáticas que conducen al desarrollo de determinados niveles de consciencia, no actualizados en la mayor parte de los hombres, y a
la integración de tales niveles en una sola unidad de consciencia total y permanente.

Hemos mencionado las palabras desarrollo y unificación. Tal definición del Yoga implica que el hombre carece de estas cualidades en el grado, por lo menos, que podría tenerlas. En efecto, el Yoga, al igual que otras enseñanzas de diversas tradiciones, nos afirma que el hombre vive de modo muy limitado en múltiples aspectos de su naturaleza.

Estas limitaciones pueden agruparse en tres categorías:

1.- Falta de desarrollo.- La consciencia del hombre vive limitada, circunscrita a la mera superficie de su ser. En su interior yacen enormes energías y maravillosas facultades de las cuales el hombre apenas si se entera en el transcurso de toda su vida. Cualquiera de ellas, actualizada, bastaría para transformar completamente la vida del hombre. Mencionemos tan sólo, a título de ejemplo, las facultades de percepción extrasensorial (telepatía, visión a distancia, telekinesia, etc.) que estudia la moderna ciencia llamada Parapsicología; el perfecto dominio del dolor; la potencia mental capaz de materializar en lo concreto los más audaces proyectos y posibilidades visualizados por una sana imaginacion creadora; la intuición artística, hoy sólo manejada por algunos pocos y aun de manera totalmente incontrolada; la intuición metafísica, tan a menudo confundida y mezclada con las elucubraciones y complejidades de algunos sistemas de lógica, y, en otro orden de hechos, el enorme poder transfigurante del amor espiritual, el acceso al mundo sobrenatural de la Gracia…

En ciertos momentos de calma, de tranquilidad, en los cuales el silencio adquiere una extraña solidez, el hombre se da cuenta de improviso de que algo profundo y grande está presente en su interior. En otras ocasiones es una conmoción, un disgusto, un sobresalto, lo que le hace vislumbrar por un instante la existencia de zonas de una fuerza, y de un poder extraordinarios, zonas donde la inteligencia y el amor, trascendiendo el pensar y el sentir, tienen en sí mismos una realidad majestuosa y soberana.