Se desprende que la energía pasiva no es necesariamente religiosa. Puede ser generada en una terapia de meditación que no tenga nada que ver con la fe religiosa. 0 puede encontrarse predominando en ciertas culturas. En Japón, por ejemplo , está presente en la ceremonia del té, en los arreglos florales, la caligrafía, y aun en los juegos tradicionales como el judo y el tiro al arco.

Además se la encuentra en forma prominente en la meditación religiosa desde tiempos muy antiguos. El Bhagavad Gita nos dice que debemos trabajar sin codiciar los frutos de nuestra acción. En otras palabras, deseamos los resultados, pero no nos esforzamos ni luchamos por obtenerlos. En un sentido, no los queremos para nada y estamos completamente desapegados. Este es un ejemplo de voluntad pasiva. También en el Zen nuestra aspiración es el satori. Sin embargo, no hay esfuerzo ni lucha por esta experiencia; y si uno lo hace, no lo obtendrá . El esfuerzo debe ser hecho de una forma pasiva. Esta es nuevamente voluntad pasiva. En la contemplación cristiana, también el amor de Dios conduce a un cese
del pensamiento y, en consecuencia, a una generación de energía pasiva. Claramente, en todos estos casos, la energía pasiva está asociada con – y es quizás la causa de – las ondas de alta amplitud alfa registradas en los EEG de los meditativos contemplativos. Es importante hacer notar que la meditación religiosa difiere de la terapia meditacional en que esta tiene una motivación totalmente diferente y – en la mayoría de las religiones – uno cree en la acción de un poder divino y en su gracia. Esto cambia radicalmente el ejercicio, allí la energía pasiva no es más que una consecuencia psicológica de una profunda aspiración y comunión espiritual que nunca podría ser medida.

Pero en ambos casos el proceso psicológico es similar. Uno va más allá de un razonamiento discursivo y aun permanece alerta y atento. Aquí está el núcleo de la energía pasiva. Se encuentra en un estado de consciencia donde la mente no va hacia un objeto para analizarlo de una manera discursiva. Más bien lo
que hace es tomar el conjunto para contemplarlo – literalmente mirarlo con gran interés – e identificarse con él. La energía pasiva pertenece a la forma intuitiva de pensamiento, tanto como la energía activa pertenece a la discursiva. Ambas son necesarias para el completo desarrollo humano.

Esta energía pasiva, entonces, puede ir en muchas direcciones. Es principalmente en el Yoga en que es dirigida al control del cuerpo. La postura de loto es un magnífico medio para nutrirnos de energía pasiva. Sentándose en la posición del loto y adentrándose profundamente en el Yoga, uno puede llegar a estar atento al cuerpo de una manera nueva. Puede ser consciente de funciones fisiológicas que normalmente pasan desapercibidas . No sólo uno es consciente de la respiración, también puede escuchar los latidos
del corazón, y se sostiene que es posible darse cuenta de los procesos de digestión, del metabolismo y de toda su fisiología interna. Sabiendo cómo tener conocimiento de ellos por medio de la concentración pasiva , el siguiente paso es controlarlos por medio de la voluntad pasiva. Pero, en las tradiciones espirituales de los niveles superiores del Yoga, tal control de las funciones corporales está considerada como de poca importancia comparada con el gran ideal de unión con lo divino.

En los verdaderos ejercicios religiosos la energía pasiva es como un vehículo para la actividad del Espíritu, una actividad que trasciende toda energía que se pueda medir. Algunas veces se encuentra en un grupo de oración: las vibraciones que unen a los participantes son casi palpables. 0 esto puede suceder entre dos personas. En el Oriente, la interesante palabra “darshan” expresa la comunión que puede existir en un profundo contacto espiritual entre dos personas, generalmente maestro y discípulo. 0 el mismo intercambio de energía puede encontrarse entre dos personas que están enamoradas: su comunión es intuitiva, más
allá de todas las palabras y discursos, una especie de fusión de las consciencias. Me arriesgaría a suponer que la energía pasiva juega un papel clave en la clarividencia, lectura del pensamiento, telepatía y otras formas de percepción extrasensorial. Pero, repito, esto no es necesariamente religioso. Probablemente se genera en grandes cantidades en la histeria de las masas (conciertos de rock) y puede ser usada tanto para el mal como para el bien. Lo que la hace religiosa es la superenergía adicional de la gracia y de la profunda motivación.

El descubrimiento científico de la energía pasiva puede perfectamente volverse un acontecimiento muy importante en nuestros días. Por un lado se demuestra a los científicos que el monasterio de Las Carmelitas, la ermita de los Cartujos, el ashrama Hindú y el templo Zen no son refugios para gente que quiera perder el tiempo. Ellos están generando grandes cantidades de una energía superior y preciosa. Qué sucede con esa energía y cómo se usa, es otro asunto. Creo que es el material básico para una inconmensurable energía espiritual destinada a construir la Tierra.

(*) Ver Revistas Alcione N 13 y 14.

William Johnston, S. J.

Traducido y extractado por Tatiana Reyes de
William Johnston,- Silent Music
Harper & Row, Publishers
San Francisco

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