Los estudios realizados acerca del Zen en Tokio mostraron resultados similares. Se encontró que el Zen es un estado profundamente tranquilo, en el cual la presión sanguínea baja, el corazón late más despacio que lo usual, la ansiedad se reduce, y se registra alta amplitud alfa en el EEG.

Todo esto apunta a una fascinante conclusión: literalmente, la persona que medita llega a ser fisiológicamente diferente a la persona que no lo hace. Ondas cerebrales, latidos cardíacos, presión sanguínea, resistencia de la piel, todo cambia con la meditación. Y los investigadores me han dicho que las personas que van a hacer un “sesshin” (retiro meditativo) de una semana, a menudo regresan fisiológicamente diferentes. Las grandes tradiciones religiosas, por supuesto, han visto esto en forma intuitiva, y esa es la razón por lo que la gente que medita lleva instintivamente una dieta diferente, ropas, hábitos de dormir y un estilo de vida diferente. Han descubierto que ciertas ocupaciones son incompatibles con la fuerza de la meditación que llena sus vidas, y algunas veces han tomado la extraña opción del celibato. La meditación no es sólo una ocupación para hacerla en la noche o en la mañana, por una o varias horas cada día. Es una completa manera de vivir o, más correctamente, una manera de ser. Una vez que
uno se introduce en ella, ella se hace cargo de cambiarnos y transformarnos. Cualquiera que haya comenzado a meditar, haría bien en sentarse a calcular el costo de esta acción, como el hombre sensato que quiere construir una torre. Al observar los beneficios fisiológicos obtenidos de la meditación, es interesante tratar de precisar su exacta dimensión sanadora. Algunos investigadores en Tokio han sostenido que los efectos benéficos emanan de la posición de loto. Ellos atribuyen a la columna recta, la posición balanceada , el ligero contacto de los dedos y la respiración lenta, el producir la más profunda relajación a nivel humano. Además sostienen que, junto a la posición tendida, el loto es la postura en la que se gasta menos energía. Todo esto es muy cierto, y creo que los estudios científicos sobre el flujo de la sangre al cerebro y la relajación de la tensión muscular revelarán más y más sobre los beneficios fisiológicos de la postura de loto. Al mismo tiempo, pienso que sería una exageración poner todo el énfasis aquí y sólo aquí, porque se cosechan beneficios similares en la MT y en otros sistemas que no insisten en el loto. Además, aun en el Zen la postura de loto, aunque muy deseable, no es esencial. El Zen puede ser practicado en un lecho de enfermo. Por lo tanto, debemos buscar en otra parte una explicación de la dimensión terapéutica de la meditación.