En los verdaderos ejercicios religiosos la energía pasiva es como un vehículo para la actividad del Espíritu, una actividad que trasciende toda energía que se pueda medir. Algunas veces se encuentra en un grupo de oración: las vibraciones que unen a los participantes son casi palpables. 0 esto puede suceder entre dos personas. En el Oriente, la interesante palabra “darshan” expresa la comunión que puede existir en un profundo contacto espiritual entre dos personas, generalmente maestro y discípulo. 0 el mismo intercambio de energía puede encontrarse entre dos personas que están enamoradas: su comunión es intuitiva, más
allá de todas las palabras y discursos, una especie de fusión de las consciencias. Me arriesgaría a suponer que la energía pasiva juega un papel clave en la clarividencia, lectura del pensamiento, telepatía y otras formas de percepción extrasensorial. Pero, repito, esto no es necesariamente religioso. Probablemente se genera en grandes cantidades en la histeria de las masas (conciertos de rock) y puede ser usada tanto para el mal como para el bien. Lo que la hace religiosa es la superenergía adicional de la gracia y de la profunda motivación.

El descubrimiento científico de la energía pasiva puede perfectamente volverse un acontecimiento muy importante en nuestros días. Por un lado se demuestra a los científicos que el monasterio de Las Carmelitas, la ermita de los Cartujos, el ashrama Hindú y el templo Zen no son refugios para gente que quiera perder el tiempo. Ellos están generando grandes cantidades de una energía superior y preciosa. Qué sucede con esa energía y cómo se usa, es otro asunto. Creo que es el material básico para una inconmensurable energía espiritual destinada a construir la Tierra.

(*) Ver Revistas Alcione N 13 y 14.

William Johnston, S. J.

Traducido y extractado por Tatiana Reyes de
William Johnston,- Silent Music
Harper & Row, Publishers
San Francisco