La concentración meditativa alcanza este más profundo nivel. Cuando vamos más allá de los significados y las expectaciones, encontramos que esa calidad concentrativa ha estado allá todo el tiempo. Solamente dejarse estar es meditación. Nosotros podemos entonces prolongar esta apertura y permisividad, no sólo durante la postura de meditación sino también en la vida diaria.

Mientras estemos conscientes, podemos meditar, no hay un camino especial que seguir. Hay varias técnicas útiles que podemos emplear, pero son sólo sugestiones, símbolos apuntando el camino. Cuando alcanzamos el corazón de la meditación, no hay instrucciones.

La meditación está en todas partes, dentro de la vida diaria, y todo lo que hacemos es enfrentado en la misma manera abierta y relajada.

En la vida diaria como en la meditación, nuestros obstáculos básicos son nuestros conceptos y expectativas. Compartamentalizamos nuestras vidas. Podemos, sin embargo, usar este proceso que interrelaciona sujeto y objeto como nuestra meditación. Cada situación: nuestras relaciones con el mundo, con el ambiente, con nuestros amigos, nuestra familia, nuestro trabajo, puede ser incluido en nuestra meditación. Por ejemplo, en medio del sufrimiento y la confusión podemos quedarnos con el sentimiento y mirarlo por todos lados, después de un rato la mente parece volar por encima de nuestra identificación con el anhelo o el dolor. Estas emociones pierden entonces su inmediatez, su agudeza. La meditación no reprime estas emociones; las transforma, permitiendo que la mente se clarifique. La experiencia meditativa nos provee de una introspección sobre otra manera de considerar la experiencia, permitiéndonos reemplazar nuestras usuales interpretaciones dualistas por una visión panorámica. Nuestra meditación puede entonces ser abierta, una experiencia directa, no bloqueada por conceptos e interpretaciones.

Cuando vamos más allá de nuestras ordinarias maneras de pensar, descubrimos un mundo no conceptual, uno de pura consciencia. Está más allá de lo condicional y lo condicionado, más allá del nivel samsárico ordinario. Esta experiencia no es derivada del ordinario proceso de información recibido de las actividades mentales que constantemente proveen de significado a nuestra experiencia. Es en ella misma experiencia inmediata. En otras palabras, podemos liberar nuestras experiencias de la naturaleza automática, estructurada y limitante de nuestros conceptos, auto-imágenes y apegos. Dentro de cada simple experiencia, de cada percepción, está la semilla de la iluminación, en todo momento accesible para nosotros.