Al desarrollar mindfulness, vamos más allá de nuestro habitual modo dualista de pensar. Podemos tener una idea de la no dualidad, pero no es muy útil para llevarnos más allá del dualismo, porque aun el concepto de no dualidad nos separa de la experiencia. Este concepto realmente fortalece nuestro marco de referencia dualista, cualquier cosa que sea lo que habitualmente pensamos o hacemos, estamos dentro de una idea, dentro de un marco de pensamiento, nuestro estado de alerta es limitado. Permanecemos a este nivel de comprensión hasta que llega el momento en que contactamos con un estado más amplio que no se relaciona con sujeto u objeto, que está más allá de nuestro entendimiento cognitivo.

Sin embargo, ir más allá de la idea a la experiencia misma es un salto difícil. El primer obstáculo es la orientación subjetiva de la mente: el observador, el vigilante independiente. Nunca trascendemos esta parte de nuestro ego-mente, porque es el observador quien nos da la sensación de nuestro ser real. Aun en nuestra meditación, somos retenidos por este sentido de identidad, la parte conceptual de nuestras mentes que dice esto soy yo, que hace la meditación, que tiene una experiencia. Cuando buscamos o enfatizamos las experiencias en la meditación, suscitamos una calidad aferrante que trae nuestra mente samsárica dentro de la meditación misma. Agregamos significado a una intuición destruyéndola al volverla un objeto dentro de un marco dualista. Por tratar de conservar la experiencia, la destruimos.

Aun aquellos elevados y místicos sentimientos que tengamos en la meditación, aunque puedan ser positivos y abiertos, fácilmente se transforman en obstáculos cuando empezamos a considerarlos como objetivos de nuestra meditación. Cuando eso ocurre, tenderemos a pasar por alto la totalidad de la experiencia, rompiéndola en detalles que puedan ser familiares a nuestra mente. Nos centramos en la imagen, los colores, la intensidad emocional. Pero esas manifestaciones son sólo una ilusoria espuma, el desvanecerse de la experiencia. Eventualmente nos damos cuenta que, al encajar nuestra visión en las formas familiares de nuestro mundo samsárico, cualquiera que sea aquello que encontramos o alcanzamos sólo podemos repetir nuestras experiencias primitivas. Nos estamos cortocircuitando nosotros mismos de algo más amplio, más profundo, más abierto.