Cómo lograr esto? Poniéndonos a la obra sistemáticamente con un espíritu de curiosidad experimental. Te han contado que te delatas y deseas saber como lo haces. Empieza por observarte a tí mismo especialmente en aquellos momentos en los que estás a punto de dejar caer la guardia. Por ejemplo, te sientes molesto. Entonces miras el espejo y ves como tu cara expresa desagrado. Habla, y escucha el tono de tu voz. Camina, y observa tu aspecto y tu conducta. 0 si te sientes muy orgulloso por algo, observa como, en forma totalmente involuntaria, todas tus expresiones y movimientos se reunen en un solo aplauso. Cada uno de nosotros tiene un limitado repertorio de expresiones para todos los estados que experimentamos. Nuestra primera tarea es familiarizarnos con nuestro repertorio. Sólo cuando nos hayamos observado en todos los estados, seremos cautos con nuestros modos habituales de expresión.

El siguiente paso es practicar expresiones en ausencia de sentimientos a expresar. Esto, por supuesto, es un proceso normal en el entrenamiento de un actor, pero nosotros lo planeamos con un objetivo superior. Frente a un espejo, de preferencia mural, practica con perfecta sangre fría la expresión que imaginas apropiada a esta, esa, u otra emoción o estado de ánimo. Piensa, por ejemplo, que acabas de recibir buenas noticias, y trata de expresar tu estado interior con movimientos adecuados. 0 trata que tu rostro exprese admiración, indignación, desconfianza, afecto o indiferencia. Este recorrido sobre las escalas de nuestros instrumentos de expresión es muy útil en muchos casos. Pero, por sobre todo, nos hace darnos cuenta de la separación práctica que puede existir entre nuestras expresiones y nuestros sentimientos internos. Obviamente, si podemos aprender a expresar sin sentimientos, también podemos sentir sin expresarlo, lo que constituye el elemento más importante en el arte de no delatarnos,

Hay dos pasos ulteriores en el curso completo, y el primero es no expresar la emoción ni el estado de ánimo que estás sintiendo. Sientes pena, preocupación, indignación, celos o desconfianza. Exactamente cuando estés experimentando una de esas emociones y estés involuntariamente a punto de revelarla, resiste el impulso, No dejes que tus músculos adecúen su acción a tu estado de ánimo; permite que, al menos, se queden inmóviles. Si este esfuerzo de no expresión es realizado en el mismo momento en el que nuestro cuerpo está más ansioso de revelar nuestros secretos, los resultados se justificarán por sí mismos. No necesitamos estar comprobando que estamos logrando un cierto dominio sobre nuestro cuerpo cuenta-cuentos, pues lo sentiremos y sabremos. Un hombre que puede decir que no a sus músculos en la exuberante y automática representación de sus humores o emociones, está en vías de obtener grandes poderes.