Si un hombre piensa que la felicidad se debe a causas externas y a lo que él posee, es responsable que llegue a la conclusión de que su felicidad debería aumentar con el incremento de sus bienes materiales y que debería disminuir a como ellos disminuyan. Por lo tanto, si carece de bienes materiales, su felicidad debería ser igual a cero.

Cuál es la real experiencia del hombre? Concuerda con ese criterio? En el dormir profundo, el hombre carece de bienes materiales, incluido su propio cuerpo. En vez de ser desdichado es enteramente feliz. Todos desean dormir profundamente. La conclusión es que la felicidad del hombre no se debe a causas externas. Uno debería realizar el Yo a fin de abrir el depósito de una felicidad pura.”

El secreto del yo
El yo de la vigilia, mirado retrospectivamente, ahora nos parece un prolongado sueño. La existencia de la experiencia humana, es una trama de pensamientos creados por la mente. Lo seguro que cree tener el hombre – la naturaleza inalterable de su propia identidad: “yo soy” – aparentemente no tiene refutaciones. Sin embargo, un análisis de tipo metafísico no confirma esa aseveración, porque ella se establece desde la experiencia del estado de vigilia solamente. Durante la vida onírica, la personalidad del soñador se vuelve borrosa o puede cambiar totalmente. En el dormir profundo, el hombre no tiene sentido de su identidad personal. La creencia en el ego con su completa coherencia, es refutada por los hechos mirados desde esas perspectivas.

La consciencia del hombre está basada en una serie de sensaciones físicas, estados de ánimo fluctuantes, estados mentales cambiantes que se suceden a lo largo de la vida de vigilia. El hombre no tiene consciencia de un yo aparte de la totalidad de esta serie.

Tomamos consciencia de nuestra auto identidad con el cuerpo, a través de los sentidos, igual que cuando captamos el mundo externo. La base de nuestra actividad sensorial, es nuestra propia consciencia. Cuando percibimos algo con algún órgano de los sentidos, estamos percibiendo algo dentro de los propios órganos sensoriales. Estos órganos pueden transmitir su captación de un objeto, sólo en virtud de la cualidad de la consciencia misma. Por lo tanto, los sentidos mismos constituyen una parte de la mente, exactamente como el yo. Sabemos que los sentidos son elementos del cuerpo físico, por lo tanto, todo el cuerpo físico, como parte del mundo exterior, se asocia con nuestra consciencia como una de sus ideas.

Las sensaciones corporales son actividades de la mente. Los sentidos son las condiciones definidoras y limitadoras bajo las cuales la mente trabaja cuando proyecta nuestra consciencia espacio-temporal. El cuerpo es, entonces, una experiencia de la consciencia, que puede ser externa durante la vigilia e interna durante el sueño. En ambos casos es un pensamiento.

Con el razonamiento, sentimiento y memoria, la mente es otra vez consciente de sí misma como intelecto pensante. El pensamiento del “yo” desaparece durante el dormir profundo junto con los demás pensamientos. El sentido del “yo” no reside en el cuerpo físico. La personalidad está basada en ideas que tiene el hombre sobre sí mismo e incluye las ideas sobre su cuerpo. Los pensamientos que se concentran en un momento, constituyen el yo en ese momento. El primer pensamiento es el “yo”, de allí surgen los demás, espontáneamente.

Como consecuencia, podemos decir que el mundo el cuerpo y el yo son entidades mentales. La noción que el hombre tiene de su yo, no es la esencia última. En “plenitud de consciencia” el hombre puede despertar. Este despertar constituye la primera etapa que puede liberarlo de su ignorancia.

Paul Brunton

Extractado por Elisa Aliaga de:

Brunton Paul.- La sabiduría del Yo Superior.- Editorial Kier

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